Mejores libros sobre la construcción de relaciones

Entre los testimonios de los protagonistas españoles destacan los de Felipe González (Mi idea de Europa, RBA, 2010), Marcelino Oreja (Memoria y esperanza, La Esfera de los Libros, 2011 ... Se trata de un clásico no solo por la calidad de la construcción de los personajes, sino también por el modo en el que la faceta más turbulenta del amor es retratada. 13. Los puentes de Madison (Robert James Waller) Una de las mejores novels sobre el amor maduro, aquél que se establece entre personas de mediana edad o superior. Las aportaciones de Castañeda han sido altamente cuestionadas pues la veracidad de los datos que sus libros arrojan suelen contradecirse, pero dentro de la contracultura del siglo XX, el libro sirvió de guía a muchas personas que buscaban salir del letargo y monotonía de la realidad moderna. Naked Lunch – William Burroughs (1959) Libros para Matrimonios: Más allá de ser una historia de amor, es una interesante historia sobre cómo seguir enamorados a pesar de las dificultades. ... Una nueva manera de entender las relaciones de pareja. ... la creencia en los sueños, la utopía de amar y ser amado, la construcción el matrimonia, alcanzar la estabilidad en el tiempo ... Hay fechas que la psicología tiene bien marcadas en el calendario. Son aquellas fechas que “obligan” a las personas a salir de sus automatismos diarios y “mirar” sus vidas, sus relaciones, su mundo emocional…. Un ejemplo reciente han sido las navidades y la supuesta “obligación de felicidad” que tan mal hace sentir a mucha gente.. Y claro, hoy, 14 de febrero, hablamos de San ... ducta social de la gente y sus relaciones interpersonales. En consonancia con lo anterior, la psicología social debería ocuparse de temas tan amplios como la construcción del yo, las relaciones interper-sonales, la ideología, la comunicación, las relaciones intergrupales, el com- somos una biblioteca de cordoba, como viene la feria del libro, tenemos socios que quieren libros de filosofia, debo declararme una total analfabeta sobre el tema, y necesitariamos una lista corta por favor de libros de filosofia, nuestro e mail [email protected] o un catalogo de libros en formato excell pero que me dijeran cuales son los importantes, se que en la biblioteca hay una ... La historia está muy lejos de ser esa asignatura aburrida que nos quisieron vender en la escuela. Se trata, nada más y nada menos, que de los acontecimientos más importantes del planeta. Si comprendes esto, no nos extrañaría que estuvieras ansioso de conocerla y, por supuesto, de explorar nuestra colección de los mejores libros de historia de la humanidad. Y para ayudarte a hacerlo, he recopilado 10 de esos libros de autoestima que han tenido un gran impacto a lo largo de mi vida.. Las frases de autoestima y las citas de optimismo también pueden ayudarte a recuperar una visión positiva. Te recomiendo que les eches un vistazo. Pero lo que a mi me ha ayudado en mayor medida son los siguientes libros de autoestima. La ingeniería civil es la disciplina de la ingeniería profesional que emplea conocimientos de cálculo, mecánica hidráulica y física para encargarse del diseño, la construcción y el mantenimiento de las infraestructuras. En resumen, podríamos decir que la ingeniería civil está presente en todos los aspectos de nuestra vida. Esta ingeniería además de las actividades de construcción ...

“Breve Historia del Neoliberalismo” (2007) de David Harvey. Apuntes y brevísima valoración del libro

2020.02.06 00:08 MoteConHuesillo “Breve Historia del Neoliberalismo” (2007) de David Harvey. Apuntes y brevísima valoración del libro

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APUNTES DEL LIBRO
El libro se divide en 7 partes más una introducción donde se declara que el objetivo será articular “un relato político-económico del origen de la neoliberalización y del modo en que ha proliferado de manera tan generalizada a escala mundial.”, además de que se da una pequeña sinopsis del contenido de las 7 partes. A continuación sintetizaré algunas ideas que me parecieron interesantes de cada una de las partes del libro, y citaré latamente en algunos casos.
I.- La libertad no es más que una palabra
La descripción en Google Books nos “spoilea” la tesis central que revela en la mitad del desarrollo de esta primera parte y que intentará demostrar en las partes subsecuentes. De aquella cito:
> Lejos de tratarse de una adaptación natural y de una respuesta técnicamente neutra a las dificultades experimentadas por las economías occidentales y por las estrategias de desarrollo del Sur global tras la crisis de la década de 1970, David Harvey demuestra cómo el neoliberalismo fue una contundente y articulada respuesta política concebida por las clases dominantes globales para disciplinar y restaurar los parámetros de explotación considerados "razonables" tras la onda de luchas que recorrieron el planeta tras la Segunda Guerra Mundial.
El análisis basado en clases es la herramienta omnipresente en el libro de Harvey para decir que el porqué del neoliberalismo como doctrina empujada por ciertas elites es “para lograr la restauración del poder de clase”. Sin embargo, aunque las “clases” en su exposición funcionan dicotómicamente en tensión de opuestos como corresponde a la tradición, ello no significa que utilice la noción marxista anticuada de “burguesía” como “industrialistas” que buscan acumular capital, sino que es cuidado en tratar sobre cómo ha habido desde los 80 una resignificación en el poder de las clases privilegiadas: el accionista pasa de ser primario a ser secundario frente a los especuladores de Wall Street.
Ahora bien, lejos de plantear su tesis de la restauración de clases de modo simplista centrado únicamente por el interés anglosajón Harvey considera que:
> (…) Estados Unidos no obligó a Margaret Thatcher a adentrarse en la inexplorada senda neoliberal en 1979. Como tampoco obligó a China, en 1978, a emprender el camino hacia la liberalización. Los restringidos movimientos hacia la neoliberalización de India en la década de 1980 y de Suecia a principios de la de 1990, no pueden atribuirse fácilmente al alcance imperial del poder estadounidense.
> Evidentemente, el desarrollo geográfico desigual del neoliberalismo a escala mundial, ha sido un proceso de gran complejidad que ha entrañado múltiples determinaciones y no poco caos y confusión.
Esto es importantísimo tenerlo a la vista, ya que en las partes siguientes el relato se centrada en la multiplicidad de causalidades para que un Estado adhiera libre y muchas veces no tan libremente al ideario neoliberal. El caso de Chile por su violencia no es la norma para el autor.
En esta primera parte se define al “neoliberal”:
> Los miembros del grupo se describían como “liberales” (…) debido a su compromiso fundamental con los ideales de la libertad individual. La etiqueta neoliberal señalaba su adherencia a los principios de mercado libre acuñados por la economía neoclásica, que había emergido en la segunda mitad del siglo XIX (gracias al trabajo de Alfred Marshall, William Stanley Jevons, y Leon Walras) para desplazar las teorías clásicas de Adam Smith, David Ricardo y, por supuesto, Karl Marx. No obstante, también se atenían a la conclusión de Adam Smith de que la mano invisible del mercado era el mejor mecanismo para movilizar, incluso, los instintos más profundos del ser humano como la glotonería, la gula y el deseo de riqueza y de poder en pro del bien común. Así pues, la doctrina neoliberal se oponía profundamente a las teorías que defendían el intervencionismo estatal, como las de John Maynard Keynes, que ganaron preeminencia en la década de 1930 en respuesta a la Gran Depresión.
Posguerra, a partir de los 50 hasta los 70-80 el tipo de ideología dominante en los Estados occidentales era el “liberalismo embridado”, el cual constreñía el capital y le daba cierta fuerza al Estado. Lamentablemente desde Hayek comenzó un ataque ideológico férreo contra la regulación y, haciéndose eco de Polanyi, Harvey citará al austrohúngaro:
> La planificación y el dirigismo son acusados de constituir la negación de la libertad. La libre empresa y la propiedad privada son declaradas partes esenciales de la libertad, y se dice que una sociedad no constituida sobre estos pilares no merece el nombre de libre. La libertad creada por la reglamentación es denunciada como una no libertad. La justicia, la libertad y el bienestar que esta reglamentación ofrece, son criticadas como un disfraz de la esclavitud.
> La idea de libertad «degenera, pues, en una mera defensa de la libertad de empresa» que significa «la plena libertad para aquellos cuya renta, ocio y seguridad no necesitan aumentarse y apenas una miseria de libertad para el pueblo, que en vano puede intentar hacer uso de sus derechos democráticos para resguardarse del poder de los dueños de la propiedad». Pero si, tal y como siempre es el caso, «no es posible sociedad alguna en la que el poder y la compulsión estén ausentes, ni un mundo en el que la fuerza no desempeñe ninguna función», entonces, la única forma de que esta visión liberal utópica pueda sostenerse es mediante la fuerza, la violencia y el autoritarismo.
II.- La construcción del consentimiento
> La apelación a las tradiciones y a los valores culturales fue muy importante en este proceso. Un proyecto manifiesto sobre la restauración del poder económico en beneficio de una pequeña elite probablemente no cosecharía un gran apoyo popular. Pero una tentativa programática para hacer avanzar la causa de las libertades individuales podría atraer a una base muy amplia de la población y de este modo encubrir la ofensiva encaminada a restaurar el poder de clase. (…) ¿Cómo, entonces, negoció este giro el neoliberalismo para desplazar de manera tan arrolladora al liberalismo embridado? En algunos casos, la respuesta descansa en buena medida en el uso de la fuerza (ya sea militar, como en Chile, o financiera, como ocurre a través de las operaciones del FMI en Mozambique o en Filipinas). La coerción puede producir una aceptación fatalista, incluso abyecta, de la idea de que no había ni hay “alternativa”, tal y como Margaret Thatcher continúa insistiendo. La construcción activa de consentimiento también ha variado de un lugar a otro.
Para el geógrafo y teórico social inglés la manera en que la neoliberalización penetró en el sentido común popular fue parasitando en todos los movimientos políticos que sostuvieran que las libertades individuales son sacrosantas. En ese sentido, por ejemplo, tuvo en la mira el movimiento del 68 o el de libertad de expresión en Berkeley, y logró mercantilizar los estilos de vida, modos de expresión y una amplia gama de prácticas culturales que buscaban los movimientos estudiantiles manifestar, lo cual lamentablemente “Los movimientos de izquierda no fueron capaces de reconocer o de confrontar, y mucho menos de trascender, la tensión inherente entre la búsqueda de libertades individuales y la justicia social.”
Posteriormente en esta parte describirá más a fondo los casos del giro neoliberal en Estados Unidos (Reagan) y Gran Bretaña (Thatcher) en los 70 a 80. En el primer caso describe como Nueva York fue la “ciudad modelo” que sería punta de lanza neoliberal:
> El sistema del bienestar corporativo sustituyó al sistema del bienestar para la población. Las instituciones de elite neoyorquinas fueron movilizadas para vender la imagen de la ciudad como centro cultural y destino turístico (…). Las elites dominantes cambiaron de opinión, a menudo con reticencias, para apoyar la apertura del campo cultural a todo tipo de corrientes cosmopolitas diversas. La exploración narcisista del yo, la sexualidad y la identidad se convirtieron en el leitmotiv de la cultura urbana burguesa. La libertad y la licencia artísticas promovidas por las poderosas instituciones culturales de la ciudad condujeron, en efecto, a la neoliberalización de la cultura. (…) Las elites de la ciudad accedieron, aunque no sin batallar, a la demanda de diversificación de los estilos de vida (…) y crecieron las opciones de consumo alternativo especializado (en áreas como la producción cultural).
En el caso británico se describe cómo “A través de los medios de comunicación circulaban fuertes corrientes críticas (…), que cada vez estaban más subordinadas a los intereses financieros. El individualismo, la libertad y los derechos se describían como términos opuestos a la asfixiante ineptitud burocrática del aparato estatal y al opresivo poder sindical. Estas críticas se generalizaron por todo el país a lo largo de la década de 1960 y se hicieron todavía más enérgicas durante los días grises del estancamiento económico que marcó la década de 1970. La gente temió entonces que Gran Bretaña se estuviera convirtiendo en un «Estado corporativista, abocado a una gris mediocridad»”.
El consentimiento se torna ideología hegemónica en función que ya para Clinton como Blair siendo de “izquierda” su margen de maniobra es tan limitado que no tuvieron otra que ser continuadores del proceso de restauración del poder de clase.
III.- El Estado neoliberal
Junto con la parte I considero que esta es la parte que se describe todo más desde un punto de vista global teórico y menos se dedica al caso a caso. Si es por leer solamente ciertas partes del libro recomienda ésta tercera y la primera. Sus secciones son muy buenas como para hacer justicia en unos pocos párrafos y se ordenan muy sistemáticamente desde “El Estado neoliberal en teoría”, “Tensiones y contradicciones [del neoliberalismo]”, “El Estado neoliberal en la práctica” y “La respuesta neoconservadora”. Por ejemplo, la última sección es clave para entender cómo José Antonio Kast no es adecuado denominarlo “neoliberal”, sino que “neoconservador”. In nuce, ¿qué dice el neoliberalismo sobre el Estado?
> De acuerdo con la teoría, el Estado neoliberal debería favorecer unos fuertes propiedad privada individual, el imperio de la ley, y las instituciones del libre mercado y derechos de libre comercio. Estos son los puntos de acuerdo considerados esenciales para garantizar las libertades individuales. El marco legal viene definido por obligaciones contractuales libremente negociadas entre sujetos jurídicos en el mercado. La inviolabilidad de los contratos y el derecho individual a la libertad de acción, de expresión y de elección deben ser protegidos. El Estado, pues, utiliza su monopolio de los medios de ejercicio de la violencia, para preservar estas libertades por encima de todo.
> Los teóricos del neoliberalismo albergan, sin embargo, profundas sospechas hacia la democracia. El gobierno de la mayoría se ve como una amenaza potencial a los derechos individuales y a las libertades constitucionales. (…) Los neoliberales tienden, por lo tanto, a favorecer formas de gobierno dirigidas por elites y por expertos. Existe una fuerte preferencia por el ejercicio del gobierno mediante decretos dictados por el poder ejecutivo y mediante decisiones judiciales en lugar de mediante la toma de decisiones de manera democrática y en sede parlamentaria. Los neoliberales prefieren aislar determinadas instituciones clave, como el banco central, de las presiones de la democracia. Dado que la teoría neoliberal se concentra en el imperio de la ley y en la interpretación estricta de la constitucionalidad, se infiere que el conflicto y la oposición deben ser dirimidos a través de la mediación de los tribunales. Los individuos deben buscar las soluciones y los remedios de todos los problemas a través del sistema legal.
Esto explica la preferencia que ha mostrado la derecha chilena por recurrir al Tribunal Constitucional para trabar leyes discutidas y aprobadas democráticamente en el parlamento, además de que se deja todo a judicialización en vez de hacer leyes para controlar excesos, por ejemplo como ocurre que sostenidamente en el tiempo hay casos judiciales contra las Isapres por subidas de precio en planes, en vez de hacer leyes que regulen mejor ese “mercado”.
Sobre tensiones y contradicciones para la teoría neoliberal: Es difícil tratar con el poder monopolista, ya que normalmente la competencia desemboca en oligopolios, dado que “los grandes se comen a los chicos”, a su vez que se ponen barreras sustanciales a la entrada de competidores, lo cual va contra la competencia y que el Estado debe, por consiguiente, regular. Por otra parte es una dificultad el hecho de que el sistema de producción no maneja adecuadamente con las externalidades como la contaminación, por tanto se necesita cierto marco regulatorio de parte del Estado. Otra tensión es que:
> Para protegerse frente a sus grandes miedos -el fascismo, el comunismo, el socialismo, el populismo autoritario e incluso el gobierno de la mayoría-, los neoliberales tienen que poner fuertes límites al gobierno democrático y apoyarse, en cambio, en instituciones no democráticas ni políticamente responsables (como la Reserva Federal o el FMI) para tomar decisiones determinantes. Ésto crea la paradoja de una intensa intervención y gobierno por parte de elites y de “expertos” en un mundo en el que se supone que el Estado no es intervencionista.
Ahora bien, estas tensiones conllevan que la implementación de la teoría a la práctica sea ajustada a las distintas realidades locales e involucra que el Estado, a pesar de publicitarse como mínimo e inútil, tiene su correspondiente tamaño y es esencial para el funcionamiento de la doctrina: “(…) El neoliberalismo no torna irrelevante al Estado ni a instituciones particulares del Estado (como los tribunales y las funciones policiales), tal y como algunos analistas tanto de derechas como de izquierdas han argumentado. Sino que más bien, y con el objeto de hacerlo más funcional a sus propios intereses, producen una reconfiguración radical de las instituciones y de las prácticas estatales (en particular respecto al equilibrio entre la coerción y el consentimiento, entre el poder del capital y de los movimientos populares, y entre el poder ejecutivo y judicial, por un lado, y los poderes de la democracia representativa por otro). El neoconservadurismo es la ideología post-neoliberal que emerge para luchar contra las contradicciones centrales neoliberales.
> Si «no existe eso que llamamos sociedad, sino únicamente individuos», tal y como Thatcher lo formulara en un principio, entonces, el caos de los intereses individuales puede con facilidad acabar prevaleciendo sobre el orden. (…) Incluso, puede conducir a una ruptura de todos los vínculos de solidaridad y a un estado próximo al anarquismo social y el nihilismo. (…) Frente a esta situación, parece necesario implantar cierto grado de coerción social en aras a restaurar el orden. Por lo tanto, los neoconservadores hacen hincapié en la militarización en tanto que antídoto al caos de los intereses individuales. Por esta razón son mucho más propensos a llamar la atención sobre las amenazas, ya sean reales o imaginarias, y tanto domésticas como provenientes del exterior, a la integridad y a la estabilidad de la nación.
IV.- Desarrollos geográficos desiguales / V.- Neoliberalismo con características chinas
Es fácil concluir que estas dos partes responden a una misma intención del autor, a saber, construir un relato del camino hacia la hegemonía neoliberal que no fuera simplista respecto a las causas y la cadena de sucesos que llevaron a su ascenso. La restauración del poder de clases en algunos países involucró la creación de nuevos individuos súper ricos, así como también la mantención de otros en la clase alta. Ideológicamente el neoliberalismo se propagó mediante la competencia entre los diferentes territorios por poseer el mejor modelo de desarrollo económico dado “un sistema más fluido y abierto de relaciones comerciales que se estableció después de 1970. Así pues, el progreso general de la neoliberalización se ha visto crecientemente impelido a través de mecanismos de desarrollo geográfico desigual. Los Estados o las regiones más prósperas presionan al resto para que sigan sus pasos. Las innovaciones más rompedoras colocan a éste o aquél Estado (Japón, Alemania, Taiwán, Estados Unidos o China), región (Silicon Valley, Baviera, la Terza Italia, Bangalore, el delta del río Perla, o Bostwana), o incluso ciudad (Boston, San Francisco, Shanghai, o Munich) en la vanguardia de la acumulación de capital.”
Esta cuarta parte en conjunto con la quinta se dedican a la documentación e interpretación del caso a caso de la propagación neoliberal, documentación necesaria para apoyar la tesis central que aunque es sencilla de enunciar, es ardua de fundar. En particular la conclusión de la cuarta parte del libro es:
> Las evidencias reunidas en las páginas precedentes sugieren que el desarrollo desigual fue tanto un resultado de la diversificación, de la innovación y de la competencia (en ocasiones de tipo monopolista) entre modelos de gobiernos nacionales, regionales y en algunas instancias incluso municipales, como una imposición por parte de alguna potencia hegemónica externa como Estados Unidos. Un análisis más desgranado indica que existe un amplio abanico de factores que afectan al grado de neoliberalización alcanzado en cada caso concreto. Los análisis más convencionales de las fuerzas en juego se concentran en cierta combinación formada por el poder de las ideas neoliberales (se considera particularmente fuerte en los casos de Gran Bretaña y Chile), por la necesidad de responder a crisis financieras de varios tipos (como en México y Corea del Sur) y por un enfoque más pragmático de la reforma del aparato estatal (como en Francia y en China) para mejorar la posición competitiva en el mercado global. Aunque todos estos elementos han sido de cierta relevancia, la ausencia de todo análisis de las fuerzas de clase que podrían estar operando en este proceso, es bastante inquietante. La posibilidad, por ejemplo, de que las ideas dominantes pudieran ser las de cierta clase dominante ni siquiera es considerada, a pesar de que hay evidencias abrumadoras de que se han producido potentes intervenciones por parte de las elites empresariales y de los intereses financieros en la producción de ideas y de ideología a través de la inversión en think-tanks, en la formación de tecnócratas y en el dominio de los medios de comunicación. La posibilidad de que las crisis financieras pudieran estar causadas por una huelga de capital, una fuga de capitales o la especulación financiera, o de que sean urdidas deliberadamente para facilitar la acumulación por desposesión, es descartada como demasiado conspirativa, incluso ante innumerables indicios que hacen sospechar la existencia de ataques especulativos coordinados sobre una moneda u otra.
China tampoco estuvo exenta de la fiebre neoliberal, pero ésta fue llevada a cabo a su modo, ya que no tuvo una “terapia de choque”, lo que significó “(…) construir un modelo de economía de mercado manipulada por el Estado que proporcionó un espectacular crecimiento económico (arrojando una tasa media de crecimiento cercana al 10 % anual) y que ha aumentado de manera progresiva el nivel de vida de una significativa porción de la población durante más de 20 años167. Pero las reformas también conllevaron degradación medioambiental, desigualdad social y eventualmente algo que de manera incómoda se parece a la reconstitución del poder de clase capitalista.”.
VI.- El neoliberalismo a juicio
> Los dos motores económicos que han impulsado al mundo a través de la recesión global que se afianzó después de 2001, han sido Estados Unidos y China. Lo irónico es que ambos países han estado actuando como Estados keynesianos en un mundo supuestamente gobernado por reglas neoliberales. Estados Unidos ha recurrido de manera desmedida a la financiación mediante el déficit presupuestario de su militarismo y de su consumismo, mientras China ha financiado mediante el endeudamiento con créditos bancarios de dudoso cobro enormes inversiones en infraestructuras y en capital fijo.
Esta parte se dedica a mostrar que las supuestas “hazañas” del neoliberalismo no son tales y que cuestiones como disminución de la pobreza lo son por el keynesianismo chino y los esfuerzos estatales de la India. La única gran hazaña que tiene el neoliberalismo a su haber es la redistribución de la riqueza, pero hacia las clases altas; ¿cómo ha sido hecho esto?
> En un trabajo previo, he proporcionado un análisis de los principales mecanismos que han sido utilizados para conseguir ésto, bajo el título de «acumulación por desposesión». Esta expresión alude a la continuación y a la proliferación de prácticas de acumulación que Marx había considerado como «original›› o «primitiva» durante el ascenso del capitalismo. Estas prácticas comprenden la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión forzosa de poblaciones campesinas (...); la conversión de formas diversas de derechos de propiedad (comunal, colectiva, estatal, etc.) en derechos exclusivos de propiedad privada (…); la supresión de los derechos sobre los bienes comunes; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la eliminación de modos de producción y de consumo alternativos (autóctonos); procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de activos (los recursos naturales entre ellos); y, por último, la usura, el endeudamiento de la nación y, lo que es más devastador, el uso del sistema de crédito como un medio drástico de acumulación por desposesión. (…) Actualmente, a este listado de mecanismos podemos añadir una batería de técnicas como la extracción de rentas de las patentes y de los derechos de propiedad intelectual, y la disminución o la anulación de varias formas de derechos de propiedad comunes (como las pensiones del Estado, las vacaciones retribuidas, y el acceso a la educación y a la atención sanitaria) ganados tras generaciones de lucha de clases. Por ejemplo, la propuesta de privatizar integralmente el sistema público de pensiones (experimentada por primera vez en Chile bajo la dictadura) es uno de los preciados objetivos de los republicanos en Estados Unidos.
Dentro de esta parte llama la atención la sección “La mercantilización de todo” la cual bebe completamente del trabajo de Polanyi. Llama la atención, ya que Polanyi no era un teórico marxista, era muy crítico de él y Harvey siendo marxista lo utiliza completamente en esta sección que es básicamente una nota al pie de Polanyi en su idea de que “En el centro de la teoría liberal y neoliberal descansa la necesidad de articular mercados coherentes para la tierra, la fuerza de trabajo y el dinero pero, tal y como Karl Polanyi señaló, todo ello, «obviamente, no son mercancías [...]. La descripción como mercancía del trabajo, de la tierra, y del dinero es enteramente ficticia». Aunque el capitalismo no puede funcionar sin estas ficciones, el daño que causa si deja de reconocer las complejas realidades que le subyacen es incalculable.” La flexibilidad laboral es un corolario de transformar al trabajo en mercancía la cual tiene beneficios para algunos, aquellos que tienen los medios para negociar sus condiciones de trabajo, versus la mayoría a quienes “flexibilidad laboral” es lisa y llanamente “precarización”.
La sección “Degradaciones ambientales” me parece innecesaria apuntarla, ya que hoy – espero – es de sentido común la relación directa entre sobrexplotación, sobreproducción y sobreconsumo con neoliberalismo. Finalmente “Sobre los derechos” es especialmente interesante para quienes observan la hipocresía del discurso en favor de una “libertad” que es llevada a otros países a punta de misiles y drones:
> Esta apelación al universalismo de los derechos es un arma de doble filo. Puede y debe ser utilizada sin olvidar en ningún momento los fines progresistas que la animan. La tradición que encuentra sus mayores exponentes en Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, y otras organizaciones próximas a ellas, no puede ser desechada como un mero accesorio del pensamiento neoliberal. Toda la historia del humanismo (tanto en su versión occidental -clásicamente liberal- como en sus diversas versiones no occidentales) es demasiado compleja como para permitirlo. Pero los objetivos limitados de muchos discursos sobre los derechos (en el caso de Amnistía Internacional hasta hace poco su único objeto de atención eran los derechos civiles y políticos netamente separados de los económicos) hace que sean demasiado fáciles de absorber dentro del marco neoliberal. El universalismo parece funcionar particularmente bien cuando se abordan cuestiones globales como el cambio climático, el agujero de la capa de ozono o la pérdida de la biodiversidad a través de la destrucción del hábitat. Pero sus resultados en la arena de los derechos humanos resultan más dudosos, dada la diversidad de las circunstancias político-económicas y de las prácticas culturales que existen en el mundo. Además, no ha sido nada difícil incorporar las cuestiones relativas a los derechos humanos en calidad de «espadas del Imperio».
VII.- El horizonte de la libertad
La última parte funciona como conclusión, ya que no hay una explícitamente puesta. Desde una perspectiva ideológica dura de izquierda es muy poco satisfactoria, ya que se nota cómo el autor ha cedido a no hablar de un levantamiento de clases por hablar de buscar justicia social dentro del marco de lo posible que deja la lucha de clases. Esto es claro al poner en un mismo párrafo a Smith con Marx:
> Karl Marx, por ejemplo, también sostuvo la opinión escandalosamente radical de que un estómago vacío no era algo apropiado para la libertad. «La esfera de la libertad», escribió, «en realidad comienza únicamente donde acaba el trabajo que viene determinado por la necesidad y por consideraciones mundanas», indicando, por añadidura, que por lo tanto «yace más allá de la esfera de la estricta producción material». Él supo ver que nunca podríamos liberarnos de nuestras relaciones metabólicas con la naturaleza o de nuestras relaciones sociales mutuas, pero que al menos podíamos aspirar a construir un orden social en el que la libre exploración de nuestras potencialidades individuales y como especie se convirtieran en una posibilidad real. Si partimos del concepto de libertad de Marx, y casi con toda seguridad del expuesto por Adam Smith en su Theory of Moral Sentiments, la neoliberalización no podría por menos que considerarse un fracaso monumental. Aquellas personas que son excluidas o expulsadas del sistema de mercado -una enorme reserva de personas aparentemente desechables, privadas de protección social y de estructuras sociales de solidaridad- poco pueden esperar de la neoliberalización excepto pobreza, hambre, enfermedad y desesperación. Su única esperanza es trepar como sea posible a bordo del barco del sistema de mercado bien como productores de pequeñas mercancías, como vendedores en la economía informal (de cosas o de fuerza de trabajo), como pequeños depredadores que piden limosna, roban o, de manera violenta, obtienen algunas migajas de la mesa del rico, o bien como participantes en el enorme mercado ilegal del tráfico de drogas, de armas, de mujeres, o de cualquier otra cosa ilegal de la que haya demanda. (...) En el otro extremo de la escala de la riqueza, aquellos plenamente incorporados dentro de la inexorable lógica del mercado y de sus demandas apenas encuentran tiempo ni espacio para explorar potencialidades emancipadoras fuera de lo que es comercializado como aventura «creativa», ocio y espectáculo. Obligados a vivir como apéndices del mercado y de la acumulación de capital en lugar de como seres expresivos, la esfera de la libertad se encoje ante la terrible lógica y la vacía intensidad de las ligaduras del mercado.
Una democracia dentro del marco de lo posible parece ser la propuesta a la que llega el autor: “Pero es la naturaleza profundamente antidemocrática del neoliberalismo, respaldada por el autoritarismo neoconservador, lo que sin duda debería construir el núcleo de la lucha política. El déficit democrático en algunos países nominalmente «democráticos» como Estados Unidos es actualmente enorme”.
BREVISIMA VALORACIÓN DEL LIBRO
Quizás las obras que se me vienen más rápido a la mente de la misma época (posterior a invasión de Irak, 2003) y del mismo tópico general, sobre el levantamiento del neoliberalismo, son “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre” (2007) de Naomi Klein y “Confesiones de un sicario económico” (2004) de John Perkins. Ambos libros mencionados palidecen respecto al análisis y complejidad, ya que comparativamente el trabajo de David Harvey tiene el tono moderado de la academia y la búsqueda del conocimiento más que el de colección de anécdotas. Recomendado para quienes no quieran leer “Capitalismo y libertad” (1966) de Milton Friedman, pero quieren saber esencialmente sobre los principios ideológicos del neoliberalismo, y además darse una vuelta en el globo sobre cómo la ofensiva de esta doctrina ha tomado diferentes formas desde Suecia hasta China. Además es muy recomendado para entender en qué sentido, por ejemplo, en Chile la Concertación es un proyecto liberal de derecha, en tanto que su marco conceptual se da después de la victoria global del proyecto neoliberal de restauración de clases. Lo dejo a disposición del sub, ya que me parece un material indispensable dada la contingencia social post-estallido para hacer una resignificación del marco en que se está discutiendo de modo de no caer en los términos que se está haciendo en los espacios institucionalizados de discusión.
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2019.06.27 13:45 nco_92UY Interesante...

A raíz de este comentario que hice en el post sobre las teorías conspirativas, se me dio por buscar información, sino no iba a podía dormir anoche, pensando en túneles (muy normal todo), encontré algo muy interesante, escrito por un tal Prof. Marcos Medina (es largo pero vale la pena):

TÚNELES, CRIPTAS, ARROYOS, PERSECUCIONES Y TIROTEOS
HISTORIAS DEL MONTEVIDEO SUBTERRÁNEO
El submundo montevideano no es demasiado diferente de las ficciones terroríficas o las oscuras visiones con las que la literatura y el cine han pintado desde siempre esos reinos plutonianos: mucha piedra, oscuridad, un aspecto laberíntico y, especialmente, un olor infame. Habitado no sólo por bandadas de ratas y por miríadas de cucarachas, sino también por cirujas que "sabían indicar qué caminos seguir y cuántas bocas había que recorrer para llegar a determinado lugar" -como recordó un policía-, y visitado por guerrilleros en la década del 70, y por empleados municipales y algunos pocos curiosos hoy, las cloacas y los subterráneos montevideanos son también una promesa de información aún poco explorada para los historiadores. Esta nota recupera la memoria y el enigma de esos viejos túneles de la ciudad sitiada, los enfrentamientos entre guerrilleros y policías o militares, y los también montevideanos cementerios y arroyos olvidados bajo la faz de la tierra.Como todas las ciudades amuralladas del mundo, Montevideo no fue la excepción en cuanto a la necesidad de vías de escape alternativas, escondites y caminos secretos de abastecimiento. Durante la colonia, Montevideo utilizó varios túneles como una estrategia defensiva ante la eventualidad de un sitio y la necesidad de una rápida huida o un reservado ingreso. Con el tiempo, las nuevas construcciones, las crónicas de época, las sucesivas excavaciones y las esporádicas intervenciones arqueológicas han revelado parte de este pasado.Uno de los túneles de Ciudad Vieja unía el Cabildo y el Fuerte del Gobernador, que estaba erigido en la actual Plaza Zabala. Otro unía el Cabildo con el Cubo del Sur, la última línea de defensa próxima al Parque de Artilleros, ubicado este último debajo de las actuales instalaciones de la sede del sindicato de empleados bancarios (AEBU) en Camacuá y Reconquista. Pudo verse y fotografiarse hasta no hace mucho, parte de su trayecto, hasta que fue tapiado en su parte principal: tiene 15 metros de largo, el alto de una persona y 70 centímetros de ancho. Se dirige desde el subsuelo del Cabildo hacia el mar y corre paralelo a las calles Juncal y Ciudadela. Un sistema de túneles converge en los sótanos del Teatro Solís. Uno de ellos, se dirige hacia la Rambla y tiene una extensión de 200 metros. Los otros, van hacia la Casa de Gobierno, el Cabildo, la vieja muralla y el Cubo del Sur. Hoy son recorridos en trayectos de 15 a 20 metros, luego están tapiados. Escolares y liceales realizan allí frecuentemente visitas guiadas. Un cuarto túnel iba desde la Ciudadela, ubicada en parte de lo que hoy es Plaza Independencia, hacia el Cementerio Central, y tal vez haya sido el más famoso y atrayente de todos; fue allí donde el clérigo y masón Mastai Ferretti enterró un tesoro que creció en joyas, oro y dinero a medida que pasaron los decenios. Fue ese mismo tesoro el buscado por años por las hermanas Massilotti. La leyenda y la avidez popular otorgaron dimensiones y funciones a este corredor hoy perdido bajo tierra. "Siempre se dijo que hay muchos túneles, principalmente en la Ciudad Vieja" explica el arquitectoGustavo Aller, encargado de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia Municipal de Montevideo. Las escasas investigaciones realizadas no han confirmado aún la existencia de una red articulada. "El túnel que nace en el Cabildo llega hasta la peatonal Sarandí. Allí está tapiado. Otra versión que nunca pudo corroborarse indica que el túnel era más extenso pero que fue cerrado durante la dictadura por la psicosis de que los Tupamaros lo pudieran utilizar" indica Aller.

Tres escapes desde la Catedral

Otras vías subterráneas corren a pocos metros de allí. Desde la Catedral Metropolitana, apostada frente al Cabildo, salieron alguna vez tres túneles hacia tres direcciones diferentes. De cualquiera de ellos sólo queda hoy una versión anterior o el resto de una entrada tapiada que pudo ser su ingreso.Gonzalo Estévez, párroco de la Catedral, afirma que uno de ellos debía dirigirse al Cabildo, otro al Fuerte del Gobernador y un tercero hacia el Cubo del Sur. Las galerías debajo de Ciudad Vieja parecen no tener fin. Un verdadero pasaje subterráneo conectó en el siglo pasado el casco de la ciudad colonial con la actual calle Pozos del Rey, a pocas cuadras de la Estación Central de AFE, donde se abastecía de agua a la ciudad. Como otros, fue tapiado o simplemente sucumbió debajo de dos siglos de construcciones y demoliciones. La arqueóloga Nelsis Fusco, integrante de la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico, fundada en 1993, recuerda las intervenciones realizadas en Montevideo. Dichas incursiones no han demostrado la exacta extensión y continuidad de cada túnel. Pero ayudaron a 'leer' la evolución de la ciudad en cada metro de profundidad. Las antiguas casas mantienen cimientos en arco de un metro setenta de diámetro o más."Las nuevas construcciones deben haber borrado y cortado muchos pasajes", revela Fusco. La especialista advierte que algunas de estas bóvedas corresponden a trozos de la vieja red de saneamiento construida en la segunda mitad del siglo XIX por Arteaga, y otras a restos de depósitos de agua.El investigador de la Iglesia Católica, Monseñor Julio César Delpiazzo, recuerda que debajo de la capilla del Santísimo Sacramento, en la Iglesia Matriz, "había un túnel como para que una persona entrara a gatas, pero la boca de entrada se ha tapiado y nunca se han hecho exploraciones". Del Piazzo refiere además a otro túnel cortado por la tumba del cardenal Barbieri "que no se sabe hacia dónde va, pero sale hacia el Cabildo".Para el investigador Roberto Bonada, las construcciones subterráneas "son un tabú". Varias defensas subterráneas y túneles a que hacen referencia diversos cronistas de época fueron olvidados o removidos por el asfalto y el crecimiento de la ciudad. Botana recuerda el análisis histórico de Eduardo Acevedo en el cual se hace mención a una línea fortificada "que corría desde La Aguada hasta el cementerio central, cruzando las actuales calles de Ibicuy, Cuareim, Yí y Yaguarón; tenía dos metros de ancho, dos varas de espesor y la altura de un hombre, siendo construidos en piedra y ladrillo. Más de una vez en demoliciones en el barrio Sur se han encontrado cañones y agujeros pertenecientes a este trazado".Este investigador propone además un posible pasadizo desde el Palacio Santos, actual dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, sobre 18 y Cuareim, hasta el cuartel del general Máximo Santos ubicado donde hoy se encuentra la sede central de la Dirección General de Impositiva, en Rondeau y Valparaíso.Bonada afirma también que a orillas del arroyo Miguelete viejas quintas poseen construcciones subterráneas "para huir en caso de ataques". En cuanto a los túneles de la Ciudad Vieja, Bonada afirma que los mismos existieron como una red articulada "tanto para defensa militar como para el contrabando, el primer deporte de los uruguayos".

Los cementerios bajo el asfalto

Los llamados 'camposantos' pautaban una zona alrededor de las Iglesias dedicada a enterrar a quienes practicaran la fe cristiana. La ciudad de Montevideo no fue ajena a estas prácticas, y en los anales de Nuestra Iglesia consta la existencia de un cementerio donde hoy se erige el Arzobispado, en la calle Treinta y Tres, junto a donde se emplazaba la vieja Catedral."Al construirse la primera Iglesia Matriz en 1740 -añade Monseñor Del Piazzo-, se empieza a enterrar al costado. Aquella Iglesia se derrumbó en 1788 y eso dio origen a la construcción de la Catedral actual, cuya piedra fundamental se puso el 20 de noviembre de 1790 y se inauguró el 21 de octubre de 1804, manteniéndose el cementerio hasta mediados del siglo pasado, cuando se construyó el Cementerio que hoy se conoce como Central, y luego el del Buceo". El surgimiento de estos cementerios fuera del camposanto se une, según el escritor, investigador e historiador Juan Antonio Varese, al problema suscitado entre la Iglesia y la masonería, ya que aquélla se negaba a enterrar a quienes no siguieran la fe cristiana. "La masonería, entendiendo que ello atentaba contra la libertad de conciencia, es quien busca iniciar los cementerios públicos, que luego la ley hizo obligatorios", indica Varese. El investigador relata que el cementerio del Buceo surge dada la inmensa cantidad de tumbas que de hecho surgieron el la zona: "cada uno enterraba donde quería"; pero con el correr de los años, sólo se permitió seguir estas prácticas al sur de la calle Rivera, tal como hoy se lo conoce. Otro cementerio olvidado debajo de la ciudad es el de la Residencia de San Estanislao de Kostka, una construcción de los Padres Jesuitas en la esquina de las calles San Gabriel y San Juan, hoy Rincón e Ituzaingó, asiento actual del Ministerio de Transporte y Obras Públicas. La edificación, que ocupaba el frente y gran parte de la manzana, constaba de habitaciones para los sacerdotes, una escuela, un cementerio y una pequeña capilla que, entre 1788 y 1804 ofició como 'Matriz interna' durante la construcción de la actual Catedral.Por último cabe recordar el viejo cementerio inglés, ubicado exactamente donde hoy se encuentra la Intendencia Municipal de Montevideo, en 18 de Julio y Ejido. El investigador Roberto Bonada cuenta que "este cementerio fue canjeado al Estado por el predio actual sobre la calle Rivera porque trancaba el desarrollo edilicio de la ciudad".

De pescadores, patotas y ratas

Debajo de la rambla Sur, entre el dique Mauá y la escollera Sarandí, donde los pescadores se constituyen en figuras integradas al perfil de la costa montevideana, se encontraban varias bocas de entrada a las galerías subterráneas de la Ciudad Vieja. Varias de ellas quedaron tapiadas un año atrás, cuando se concluyó la ampliación del colector que traslada las aguas servidas hasta el emisor subacuático de Punta Carretas. Cuentan los pescadores que aquellos desagües de la vieja red de saneamiento de la ciudad servían como refugio de una banda de infantojuveniles que asolaba a los incautos turistas que a diario visitaban esa zona característica de Montevideo. Hábiles en romper los vidrios de los coches con una certera pedrada y despojar a los vehículos, en segundos, de radios, ropas y cuanto quedase al alcance, los infantos huían luego por la escalinata de la plataforma que da al caño y guardaban su botín en una galería debajo del nacimiento de la escollera Sarandí. Esa banda, que en el verano rescataba las plomadas de los pescadores, nadando en los días de bajante sobre las rocas de enganche, para luego reciclar el plomo y vendérselo a los propios pescadores, conocía todos los rincones de aquella red de saneamiento en desuso. Por ella, llegaban hasta debajo de la Iglesia de Cerrito y Solís, y hasta la punta de la propia escollera. "Bajo la Iglesia -cuenta uno de aquellos ex infantos- hay como unas celdas con unas camas de piedra donde dicen que hacían retiro los curas. En las esquinas de los caños se ven los nombres antiguos de las calles que había arriba. Pero muy para adentro no te podés meter -advierte-, porque vienen las ratas y te patotean."

Una incursión por el 'Túnel Arteaga'

Las botas de goma cubren las piernas hasta la mitad de los cuádriceps. Luego, la protección está a cargo de un equipo impermeable que incluye gruesos guantes de goma y el casco protector. No hay otra forma de bajar a las cloacas de la ciudad y salir seco en el intento. Esto no evita sentir bajo los pies la blandura del fango y los excrementos disueltos en una corriente brumosa de aguas servidas y otras provenientes de las últimas lluvias. A ambos lados un murallón de piedra describe una curva perfecta. Al fondo, la luz de la linterna se diluye en la oscuridad de este tubo inmenso. Estamos en el 'Túnel Arteaga', uno de los principales vertederos de Montevideo, parte de la red más antigua que tiene la ciudad y una verdadera joya de ingeniería.Nace en la calle Galicia a la altura de Rondeau, y recorre toda esta avenida, atravesando como si fuese manteca la cuchilla de piedra sobre la que corre la Avenida 18 de Julio. El 'Túnel Arteaga' cruza de Norte a Sur la Plaza Cagancha, a 30 metros de profundidad, y continúa su viaje rumbo al mar debajo del pavimento. En su mayor parte tiene un diámetro que supera los 3,5 metros y en total, sobrepasa el kilómetro de largo. Cuando llueve como el lunes pasado (69 mm en dos horas), el torrente supera los tres metros de altura y acapara casi todo el diámetro del túnel.Montevideo fue la primer ciudad sudamericana en contar con una red cloacal. Las obras comenzaron en el año 1856 por sistema de concesión de obra pública, concedido a Juan José Arteaga, un constructor privado de origen inglés -a pesar de su nombre- que se valió para concretar esta maravilla de papel, lápiz, una escuadra y la antigua 'ley empírica'. Esta última la constituye la labor desempeñada en obras similares, y no toma en cuenta cálculos o ecuaciones de difícil precisión. El resultado está a la vista: una amplia red instalada bajo toda la Ciudad Vieja y parte del Centro, de tales proporciones que a siglo y medio de construida es utilizada a plenitud por una ciudad de casi millón y medio de habitantes, muchas veces con descuido y desidia. Los 150 funcionarios afectados directamente a su mantenimiento quitaron alguna vez de estas tuberías elementos insólitos: un motor entero de automóvil, el esqueleto entero de un bovino o una bañera íntegra aunque algo corroída por las insanas aguas.

Arroyos bajo la ciudad

El tango 'Garufa', que pregona "del barrio La Mondiola vos sos el más rana" no hace más que constatar una realidad. "En la desembocadura del arroyo de los Pocitos estaba el llamado puente de las ranas, y el tango hace referencia a una figura que pernoctaría allí. Hoy la parada de taxis frente al Banco República se llama La Rana", afirma el investigador Roberto Bonada, para quien "Montevideo no es ajeno a toda la orografía uruguaya: está lleno de cañaditas". Según el investigador, el arroyo de los Pocitos pasa al lado de la Iglesia Tierra Santa luego de bajar desde el estadio (frente a la cancha de Miramar) por las cercanías de las calles 14 de julio, Lorenzo Pérez, pasando por las manzanas de la intersección de 26 de marzo y Luis Lamas, y saliendo por la calle Pagola.El arroyo Seco, que debe su nombre a su pasaje por la quinta de la familia Seco, pasa según Bonada por Tres Cruces (lugar que debe su nombre a tres tumbas de viajeros asesinados y no a un cruce de caminos que fue posterior en el tiempo), "el llamado camino del recodo que hoy es Hocquart, y cruza el camino de Millán y Burgues antes de desembocar". También tenemos el Quitacalzones "que va paralelo a Larrañaga, atraviesa 19 de abril, y desemboca detrás del cine Alcázar, en el Paso Molino donde se junta con el Miguelete, el bien conocido Pantanoso en el oeste, el arroyo Carrasco y el Malvín al este, y más cerca el arroyo La Estanzuela, que viene desde el Parque Batlle por debajo de Acevedo Díaz, pega la vuelta en Gonzalo Ramírez y llega al Parque Rodó, el arroyo del Cardal que viene desde la Universidad y pasa por Constituyente y Yaro, y otro que baja por la calle Barrios Amorín", relata Bonada. Gustavo Aller, arquitecto encargado de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia capitalina recuerda la gran cantidad de brotes y corrientes de agua subterránea que se le presentan a los arquitectos en su labor; "en todo Montevideo hay sótanos que se inundan y aguas subterráneas que nos complican las construcciones -dice-. En Carrasco, a dos metros de profundidad hay agua, y en el Hipódromo por ejemplo, tan sólo a sesenta centímetros de la superficie". En diversas zonas de la ciudad se pueden aún hoy encontrar aljibes, como por ejemplo en las cercanías de las calles La Paz y Cuareim, o en la Aguada, muchos de ellos en uso, como el del Bar Barbacana ubicado en Joaquín Requena y Canelones, a pesar de la salvedad de su dueño: "el agua no la usamos para beber sino para la limpieza".

Un polvorín del General Oribe

Un pequeña quinta de frutas y hortalizas disimula la entrada hacia una de las incógnitas pendientes del pasado de los montevideanos. Debajo de ese breve jardín cultivado que sirve como antesala de la casa de los Guarino, en las faldas del Cerrito de la Victoria, se encuentra la bóveda de un antiguo polvorín del siglo XIX. Casi intacto, espera paciente la lectura desinteresada de los historiadores. Al excavar para enclavar los primeros cimientos de su nueva casa, el Sr Guarino, un sanitario de profesión, se topó con un antiguo hueco. En vez de eludirlo, resolvió seguir excavando: la sorpresa creció a cada palada. Pocas horas después, una bóveda de cinco metros de alto, cuatro de ancho y ocho de largo se extendía ante sus ojos. Bajó como pudo y se percató del aire seco y fresco que flotaba en su interior. Las paredes eran de ladrillo y el piso de tierra. Acababa de descubrir uno de los polvorines construidos y utilizados por el general Manuel Oribe hacia 1843, durante uno de los sitios a Montevideo. En todos los alrededores de lo que sería luego el Cerrito de la Victoria, entonces Villa Restauración, Oribe instaló varios de sus cuarteles. La bóveda debajo de la casa de Guarino corroboró este vínculo histórico: desperdigados en el suelo apisonado encontró balas de cañón, mangos de espadas y otras armas antiguas, restos que se fueron con los años y las canibalescas incursiones de falsos investigadores.La fama de 'la bóveda en la casa de los Guarino' no se hizo esperar y corrió como reguero de la pólvora que alguna vez atesoró. Una tarde de 1975 la noticia llegó hasta el despacho de Vicente Queirolo, comandante en Jefe del Ejército. Horas después dos camionetas descargaron soldados que rodearon e ingresaron a la casa de los Guarino, comandados por Queirolo en persona. Bajaron a la bóveda y tras un breve test in situ aseguraron a Guarino que la propiedad era "legítimamente del Ejército", lo mismo que una casa ubicada a 30 metros del lugar, tan antigua como el viejo polvorín y orientada en la misma dirección que éste. "Son bienes de la Patria", fue la frase lapidaria del General. Las lágrimas de la señora Guarino y las protestas de varias familias comenzaron a escucharse. Con el correr de los días, la expropiación quedó archivada entre asuntos de mayor importancia que llevó adelante el Ejército en esos primeros y agitados años de dictadura. Además, las líneas de defensa del General Oribe se extendieron hasta la playa y puerto del buceo, donde hoy se conserva el edificio de la Aduana que lleva el nombre de este militar. El investigador Roberto Bonada sostiene que otros túneles y depósitos de armas se ocultan bajo algunos predios de la zona. "He sabido que en la calle Riverós a la altura del 1220 un señor cultivaba tomates valiéndose de bayonetas a modo de cañas tacuaras. Por allí han encontrado muchas cosas, y alguna vez las excavaciones podrán rescatar los túneles que recorren la zona hasta llegar a 8 de Octubre", dijo el investigador.

TUPAMAROS Y MILITARES.Fugas y tiroteos en el submundo montevideano

Durante los primeros años de la década del 70, las cloacas de Montevideo fueron también escenario de los enfrentamientos y los esquives de tupamaros y fuerzas del orden. "El olor que hay allí no es comparable a nada [...] y es un olor que lo persigue a uno por días y días", recordó uno de los protagonistas.A pesar de haber soportado la fuga más grande de la historia el año anterior, la cárcel de Punta Carretas seguía siendo utilizada en 1972 como centro de detención de tupamaros y delincuentes comunes. La operación llamada 'El Abuso' de setiembre de 1971 (bajo este nombre también está registrada en el libro Guiness de los récords) había pasado de la cárcel a la clandestinidad a 111 guerrilleros a través de un túnel de 35 metros hecho desde la propia cárcel. El mismo pasaba por debajo de los paredones y de la calle hasta llegar a una casa de familia. En ese año 1972 se produjo una segunda huida de la cárcel de Punta Carretas, y esa vez se utilizaron directamente las redes cloacales de la zona como vía de escape. Estos ramales de saneamiento recolectan las aguas servidas de un cinturón urbano que desemboca bajo la Rambla de Pocitos.

La fuga

Fingiendo diversos malestares, un grupo de trece tupamaros se hicieron trasladar al Hospital de la cárcel -ubicado en la parte sur del viejo complejo-, donde un comando de operaciones, desde el exterior, abriría un boquete en el piso conectado a las cloacas. "Copamos el viejo Hospital y luego salimos por los caños en unos carritos que habíamos diseñado para trasladarnos -cuenta el dirigente del MLN Jorge Zabalza, hoy edil del MPP-. Era como una chata en la que uno se ponía panza abajo; los caños redondos a esa altura no tenían más de medio metro de ancho, pero más abajo son inmensos, con dos veredas a los lados y una gran canaleta en el medio. Te deslizabas por la pendiente y caías directamente en el viejo caño colector; si algo le faltaba a la chata eran frenos." Dos fuentes de Inteligencia policial recordaron que los carros tenían las "ruedas chuecas, abiertas hacia afuera para adherirse mejor a los conductos redondos". Por su parte, Zabalza recuerda hasta hoy lo extenso que se hicieron esos 800 metros de Rambla subterránea que recorrió, flotando, agarrado de los bordes del caño hasta llegar debajo de Avenida Brasil. En esos momentos, la desesperación jugó en contra de uno de sus compañeros de fuga que no soportó la tensión "y abrió una de las tapas de la calle, apareciendo todo lleno de mierda en una parada de ómnibus ubicada en Chucarro y Avenida Brasil; luego me enteré de que apretó a alguien en un coche para que lo sacara del lugar".Al mismo tiempo la Policía ya había dado el alerta por la fuga y comenzaba los rastreos. Desde abajo y ya a lo lejos, Zabalza y sus compañeros oían los disparos de sus perseguidores, que abrían las tapas de la calle y desplegaban una ráfaga de metralleta, aunque sin bajar a las cloacas. Se trataba de la 'Operación Trueno', según dijeron policías de Inteligencia. Ese método comenzó a ser aplicado cuando aún la Policía no tenía un conocimiento acabado de la red cloacal y por ello "se encontraba en desventaja con los Tupamaros", dijeron las fuentes."Seguimos caminando por los caños y salimos atrás del Zoológico de Villa Dolores -prosiguió Zabalza-; había un camión al que le habían hecho un agujero en la caja, y de la cloaca salimos directamente a él. El comando a cargo del operativo siguió por la red de saneamiento hasta la zona del Palacio Legislativo; ellos sí que conocían muy bien los ramales. Nosotros volvimos a la clandestinidad; yo fui al norte del país, donde también utilizamos mucho las redes cloacales, y allí sí hicimos túneles como refugio. Recuerdo por ejemplo el que se hizo en las barrancas del Río Queguay, o el del Arroyo San Francisco, donde está el Matadero."A esa altura los militares ya habían comprendido la importancia estratégica de las redes cloacales para la guerrilla urbana en Montevideo; sabían que los tupamaros habían robado los planos del saneamiento urbano de la Intendencia capitalina y comenzaron a preparar su ofensiva bajo tierra. Mientras eso no ocurría, los policías solían perderse en la red cloacal y más de una vez tuvieron "encuentros fantasmagóricos" en la oscuridad subterránea. Así lo contó un oficial de Inteligencia quien recordó que "abundaban los cirujas" que recorrían las cloacas buscando monedas, anillos u objetos de metal para vender: "los cirujas sabían indicar qué caminos seguir y cuántas bocas había que recorrer para llegar a determinado lugar; eran los mejores guías de la Policía".

Militares bajo tierra

El 27 de mayo de 1972 cayó a manos militares la llamada 'Cárcel del Pueblo', un 'berretín' subterráneo utilizado por la guerrilla para retener e interrogar a diversas personalidades. Ubicado en la calle Juan Paullier 1192, este reducto fue entregado a las Fuerzas Armadas por Héctor Amodio Pérez, ex tupamaro considerado traidor por sus compañeros, quien luego de colaborar con los militares obtuvo su libertad para escapar del país. "En el procedimiento de la Cárcel del Pueblo, también se había llegado por la red cloacal con un grupo estratégico -afirman fuentes de Inteligencia Militar-. Después supimos que ellos habían empezado un túnel de salida hacia las cloacas, pero les faltaba cerca de un metro, si no hubiera habido tiroteos bajo tierra, que igualmente se dieron en otras oportunidades." A comienzos de los años 70, cuando había algún acto político o reuniones masivas, los militares destacaban un grupo especial para cubrir las cloacas "a fin de que no pusieran alguna bomba, por ejemplo; sabíamos claramente de la utilización de los subterráneos en otras guerrillas, urbanas y no urbanas, como la guerra de Vietnam, en donde caminaban kilómetros, trasladando pertrechos e insumos, y salían donde ellos querían". Sabían además que el MLN tenía varios "expertos" en recorrer cloacas "donde es muy fácil perderse", como el caso de Héctor Amodio Pérez que conocía bien los vericuetos subterráneos.En las cloacas, los militares tomaban sus precauciones. Vestidos como buzos, con máscaras y protección en manos y pies, bajaban y recorrían los amplios ramales, encontrando muchas veces salidas desde los 'berretines'.Según recuerdan las fuentes militares, hay cloacas grandes (un hombre puede caminar erguido), medianas (se puede caminar pero encorvado) y chicas (se transita en cuclillas o de rodillas), siendo algunas ovaladas, redondas o rectangulares. Las grandes tienen un cauce en el medio y en los bordes pequeñas veredas. "El olor que hay ahí es insoportable -dice el militar retirado-. Usted me las menciona y me vuelve el olor a la nariz. No es comparable a nada. Es como el olor a una persona muerta y en descomposición, hay que sentirlo para darse cuenta que no se parece a ninguna otra cosa, y es un olor que lo persigue a uno por días y días." En esas incursiones se encontraban con ratas y especialmente con cucarachas. "Las cloacas chicas eran terribles. Uno entraba arrodillado y pegada contra la pared había siempre una franja negra, de unos 40 centímetros de ancho, hasta 50 metros de largo y de unos 6 centímetros de altura, que eran cucarachas. No sé por qué pero estaban todas juntas y como pegadas. Era asqueroso. Muchos de los tupamaros aparecieron comidos por las ratas, se quedaban en las cloacas y aparecían mordidos. Se contagiaron enfermedades crónicas por estar allí abajo; los hongos de las paredes, por ejemplo, no te los sacas más."El oficial retirado aseguró que en varias ocasiones el MLN procedió a ejecutar a algunos de sus miembros que no se ajustaban a la disciplina revolucionaria. "Recuerdo que un tupamaro de apellido Arteche fue ejecutado por sus compañeros y su cuerpo tirado a una cloaca, donde se lo comieron las ratas" añade.

Fernández Huidobro: Las bondades de las cloacas

¿Es cierto que los Tupamaros obtuvieron los planos de la red cloacal de Montevideo? ¡Uy! sí, en plena... eso fue por el 70 o 71. Sí, los tupamaros teníamos los planos de toda la red cloacal que eran de la Intendencia, los usamos bastante y nos dieron buen resultado. ¿Qué beneficios le dio al MLN el conocimiento y uso de estas redes? Eran vías de escape y de acercamiento, y nunca hubo en ellas acciones bélicas hasta el año 1972, en que hubo tiroteos y todo; había muchos locales clandestinos del MLN que tenían su túnel conectado con la cloaca, de modo que si la Policía o el Ejército llegaba, se huía por el caño a las cloacas y por las cloacas a la mierda, propiamente dicha. Nosotros fabricamos carritos de diferentes tamaños para trasladarnos por abajo. En el museo policial en la Seccional 9º hasta hace poco se veían. Pero las mujeres también se escaparon por las cloacas el 31 de julio del 71, cuando quedó la cárcel vacía. Corrieron cuadras por las cloacas de la calle Cabildo. Esas sí que son enormes... ...pero debe ser bastante inhóspito vivir o permanecer allí abajo por mucho tiempo. No, no vivíamos allí como dicen, es imposible, podés agarrar cualquier tipo de enfermedad crónica, no se puede. Además cuando llueve, por ejemplo, son peligrosísimas, la fuerza del agua te arrastra. A veces había que salir levantando una tapa en cualquier sitio por eso. Las cloacas son peligrosas además por los escapes de la Compañía del Gas y por los vertimientos químicos e industriales de muchas fábricas, a pesar de estar prohibidos.

Fuente: https://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=907230
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2019.05.03 17:10 kytelerbaby En defensa de la ESI

Hace un tiempo vengo viendo cómo surge en este subreddit un grupo reaccionario, al estilo de #conmishijosnotemetas en contra de la Educación Sexual Integral, sin mucho sustento lógico detrás. Leo a muchos que hablan de niños a los que se les enseña a ser trans en vez de explicarles lo que ellos consideran contenidos necesarios.
Es por esto que decidí hacer un post detallando un poco que se enseña en cada nivel de la ESI, con source en los cuadernillos y materiales que el Ministerio de Educación brinda.
NIVEL INICIAL
Este nivel tiene cuatro ejes curriculares:
NIVEL PRIMARIO
Este nivel tiene cinco ejes curriculares
NIVEL SECUNDARIO
El nivel secundario ya es más complicado, ciertas enseñanzas se dan en clases de materias "normales" y otras se brindan más bien a estilo taller.
Como pueden ver, en todos los links se encuentran no solo los cuadernillos del Ministerio de educación para los profesores, si no el material recomendado para el aula, ya sea audiovisual, afiches o juegos. Espero que el post les haya ayudado a pensar sobre lo que leen de forma más crítica y les haya dado herramientas para opinar sobre políticas de salud pública con un mejor conocimiento de lo que estás implican.
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2018.08.19 14:57 Onyocha Race Against the Machine :-)

En agradecimiento https://www.youtube.com/watch?v=RXm2slMYGBA
(El contexto: en el hilo de jmbbao https://www.reddit.com/podemos/comments/987rts/los_whitehelmets_de_la_onu_de_los_coj_nes/ .)
Jmbbao postea sobre los cascos blancos: ... han estado haciendo geopolítica con mis impuestos en algún país con 500 sirios que no conozco seguro ... escribiendo en el libro de historia mientras yo disfruto de mis palomitas ... Pero y sino, ¿qué?
¿Qué tenemos aparte de la ONU para actuar en colectivo respecto a Siria?
Ésta quizá es una pregunta que nos podemos hacer hoy sin tener que depender de los 'medios de comunicación' entre Siria y nosotros para responderla , sin depender de representaciones de los conflictos ...
¿Se puede?
Es bueno traer estas cosas a la experiencia inmediata: ¿cuántos amigos tienes, conocidos? Seguro tienes menos de 500. ¿Acaso crees que podrías - hablando de información - comunicarte con más que esa gente?
¿Acaso crees entonces que toda esta batalla por ser medios de comunicación transparentes te permitirá salvar esas distancias .... las de comunicarte a tí con 500 más en Siria? Porque hasta entonces en el mejor de los casos uno se va a chupar un buen número de escenificaciones , de encuentros en la cumbre, de hitos en el libro de Historia ... ¿la historia de mañana? :-)
Dejemos de asistir al tiempo como si este fuera un mero instrumento, un mero parámetro en manos de algún ... representante.
Esa es una batalla perdida del antemano ... La representación sólo puede decidir conflictos en genérico : hablan con más de 500 ... :-) "...En las Noticias "...España establece relaciones de cooperación económica con Siria, Venezuela y con todas sus ex-colonias"..." :-) , y, en mediar su legitimación, nos ofrece escenificación tras escenificación de una supuesta memoria histórica ... cabalgando contradicciones....
Descabalguemos.
¿... Ciencia social como dinámicas de las instituciones ... ? Y que representa las soluciones, decimos, de nuestros problemas comunes - esos que solemos llamar 'sociales' : ¿creemos que ellas son las que median entre nosotros? Creemos que nuestros hermanos allá son diferentes de nosotros acaso, creemos que podemos conocerlos por referencias e incluirlos en una historia común? ... Sólo delante de una pantalla, y mañana en el libro de la historia ... de las instituciones.
O, ¿ciencia social, ciencia humana como dinámica humana? ... Nada de representaciones, nada de escenificaciones no más fascismos en diferido, no más relecturas de la historia, no más libro de Historia... historias humanas al calor de lo que de alto y de bajo hay en nosotros... En dinámicas colectivas
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Digo que otra manera de mediar esas distancias , respondiendo a la pregunta por mi parte, es mediarlas asumiendo el reto y la oportunidad colectiva que supone comunicarse digamos para empezar ... con 500 personas: son tus conocidos ... conforme a fines , con la idea de que cada uno se comunique con otros quinientos : estructuralmente se comprende que las distancias entre cualesquiera dos se pueden cubrir muy rápido, si la red está conectada .
Básicamente estamos conectados pero no nos comunicamos colectivamente ... es decir digo conforme a fines. Más allá de nuestras representaciones de las Civilizaciones Superiores o de nuestras representaciones de la Historia etc :-) , la mente es un instrumento, en la mente no hay comunicación... no hay el saberte uno con el otro en la mente .
Esas distancias de las que hablo, esos conflictos no se median así, entre nosotros y ellos en Siria ... y desde luego son aquellas que puedes mantener sólo con esos 500 a quien conoces : lo demás son representaciones :-)
Ahora supón que conoces a 500 que conocen cada uno a 500 que tú no conoces .. y que les pides que hagan lo que tú hiciste - contactar a otros 500, y que repitieran la misma dinámica... Si todos pudiéramos hacer eso , habría una cadena de menos de 6 vínculos que nos une a cualesquiera dos en el globo.... Seis grados de separación http://cadenaser.com/se2008/08/05/ciencia/1217903065_850215.html
El tamaño del número no es lo importante: si lo substituyes por 5 por ejemplo - si le pides a 5 amigos que contacten a 5 amigos que pienses que no se vayan a conocer entre ellos y que hagan lo mismo que tú hiciste ... En este caso como mucho necesitas cadenas de sólo unos 16 vínculos para contactarte con cualquiera.... en el globo : si estamos conectados. Se pueden poner pegas pero la cuestión es que ... si localmente y colectivamente nos proponemos transmitir un mensaje ... llegará en 16 vínculos como mucho a cualquiera en el globo.
Esas distancias con los hermanos sirios allá no se median con información: el asunto no es intercambiar noticias , es proceder conforme a fines colectivamente ... en comunicación, antes de que aparezca en tu pantalla :-) - de este modo allí, en esas distancias, esos conflictos en genérico en exclusiva :-) que para el "Libro de historia" dicen que median.
Y en diferido entre uno y Siria dicen etc "Sabes Trini acabo de establecer la Paz con Venezuela, lo acaba de dar la tele :-) "...
...................................................................
Si uno no se ciñe a hablar de 'medios de comunicación' en términos de intercambio de información sobre representaciones de conflictos , los medios de comunicación pueden ser instrumentos de comunicación : para organizarnos como individuos, colectivos, sociedad .... o con los hermanos allá en Siria etc
Comunicarte con 500... y con ¡15! :-) ya es un reto sin duda, pero muchas veces una oportunidad ... ese margen de maniobra es el que es políticamente relevante si nos dotamos de instrumentos de comunicación: instrumentos que dependan de estar muy conectados y de estrategias locales y colectivas.
Si con esos 15 ya puedes trabajar conforme a fines colectivos - y desde luego es muy probable que así lo hagas mejor - y si hay modos de organizarnos colectivamente en grupos locales - es decir compartiendo información para realizar acciones conforme a fines y compartiendo recursos , modularmente - entonces podremos establecer estrategias colectivas ... la cuestión es que se puede .
En los anteriores posts tienes una investigación completa en este sentido sobre el proyecto de construir una casa desde cero en esta modalidad : hay modos de construirte una casa por una décima parte de lo que necesitas en el mercado actual, de construir maquinaria de construcción, tractores con piezas reciclables por una quinta parte ... es un proyecto que ya lleva años de andadura .
En general en el Open Source hay un depósito de técnicas, dinámicas para ingenieros etc gestores ... que quieran probar con estas técnicas: actuar localmente y pensar globalmente.
Y hay filosofía africana , Ubuntu , la madre naturaleza , la Pacha Mama... ciencias humanas
Las estrategias colaborativas son el instrumento a explorar : no violentan lo que podemos esperar saber - esos 500, o esos 15 - , son eficientes ... pero nos necesitan como parte de la ejecución del esfuerzo colectivo : ese que se hace antes de que aperezca en una pantalla :-)
Espero que colectivo no sea sólo... viral
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2018.08.19 14:12 Onyocha el punk del godspell :-)

En agradecimiento https://www.youtube.com/watch?v=v1-zZg3tDXc
(El contexto: en el hilo de jmbbao https://www.reddit.com/podemos/comments/987rts/los_whitehelmets_de_la_onu_de_los_coj_nes/ .)
Jmbbao postea sobre que los chiquitos de los cascos blancos, con sus historias .. han estado haciendo geopolítica con mis impuestos en algún país con 500 que no conozco seguro ... escribiendo el libro de historia mientras yo disfruto de mis palomitas ... Pero y sino, ¿qué?
¿Qué tenemos aparte de la ONU para actuar en colectivo respecto a Siria?
Ésta quizá es una pregunta que nos podemos hacer hoy sin tener que depender de los 'medios de comunicación' entre Siria y nosotros para responderla , sin depender de representaciones de los conflictos ...
¿Se puede?
Es bueno traer estas cosas a la experiencia inmediata: ¿cuántos amigos tienes, conocidos? Seguro tienes menos de 500. ¿Acaso crees que podrías - hablando de información - comunicarte con más que esa gente?
¿Acaso crees entonces que toda esta batalla por ser medios de comunicación transparentes te permitirá salvar esas distancias .... las de comunicarte a tí con 500 más en Siria? Porque hasta entonces en el mejor de los casos uno se va a chupar un buen número de escenificaciones , de encuentros en la cumbre, de hitos en el libro de Historia ... ¿la historia de mañana? :-) Dejemos de asistir ante el tiempo como si este fuera un mero instrumento, un mero parámetro... en las manos de algún ... representante.
Esa es una batalla perdida del antemano ... La representación sólo puede decidir conflictos en genérico : dicen que hablan con más de 500 ... :-) "...En las Noticias "...España establece relaciones con Siria, Venezuela y con todas sus ex-colonias"..." :-) , y que en mediar su legitimación nos ofrece escenificación tras escenificación de una supuesta memoria histórica ... cabalgando contradicciones en tu pantalla - saca las palomitas :-)...
Descabalguemos.
¿... Ciencia social como dinámicas de las instituciones ... ? Y que representa las soluciones, decimos, de nuestros problemas comunes - esos que solemos llamar 'sociales' : ¿creemos que esos con los que median entre nosotros? Creemos que nuestros hermanos allá son diferentes de nosotros acaso, creemos que podemos conocerlos por referencias e incluirlos en una historia ... común? ... Sólo delante de tu pantalla.
O, ¿ciencia social, ciencia humana como dinámica humana? ... Nada de representaciones, nada de escenificaciones no más fascismos en diferido, no más relecturas de la historia, no más libro de Historia... historias humanas al calor de lo que de alto y de bajo hay en nosotros... En dinámicas colectivas
............................
Digo que otra manera de mediar esas distancias , respondiendo a la pregunta por mi parte, es mediarlas asumiendo el reto y la oportunidad colectiva que supone comunicarse digamos para empezar ... con 500 personas: con tus conocidos ... conforme a fines , con la idea de comunicarse con otros quinientos : estructuralmente se comprende que las distancias entre cualesquiera dos se pueden cubrir muy rápido, si la red está conectada .
Básicamente estamos conectados pero no nos comunicamos colectivamente ... es decir digo conforme a fines. Más allá de nuestras representaciones de las Civilizaciones Superiores o de nuestras representaciones de la Historia etc :-) , la mente es un instrumento, en la mente no hay comunicación... no hay el saberte uno con el otro en la mente .
Esas distancias de las que hablo, esos conflictos no se median así, entre yo y ellos en Siria ... y desde luego son aquellas que puedes mantener sólo con esos 500 a quien conoces : lo demás son representaciones :-)
Ahora supón que conoces a 500 que conocen cada uno a 500 que tú no conoces : 'probablemente' entre esos 500 habrá alguno que conozca a alguien que nadie de entre todos ellos conozca... y que repitieran la misma dinámica. Si todos pudiéramos hacer eso , habría una cadena de menos de 6 vínculos que nos une a cualesquiera dos en el globo.... Seis grados de separación http://cadenaser.com/se2008/08/05/ciencia/1217903065_850215.html
El tamaño del número no es lo importante: si lo substituyes por 5 por ejemplo - si le pides a 5 amigos que contacten a 5 amigos que pienses que no se vayan o vayamos a conocer entre nosotros ... En este caso como mucho necesitas cadenas de sólo unos 16 vínculos para contactarte con cualquiera.... en el globo : si estamos conectados. Se pueden poner pegas pero la cuestión es que ... si localmente y colectivamente nos proponemos transmitir un mensaje ... llegará en 16 vínculos como mucho.
Esas distancias con los hermanos sirios allá no se median con información: el asunto no es intercambiar noticias , es proceder conforme a fines colectivamente ... en comunicación, antes de que aparezca en tu pantalla :-) - de este modo esas distancias, esos conflictos en genérico en exclusiva :-) para el "Libro de historia" dicen que se median. Y en diferido entre uno y Siria etc "Sabes Trini acabo de establecer la Paz con Venezuela, lo acaba de dar la tele :-) "...
Si uno no se ciñe a hablar de 'medios de comunicación' en términos de intercambio de información sobre representaciones de conflictos , los medios de comunicación pueden ser instrumentos de comunicación : para organizarnos como individuos, colectivos, sociedad .... o con los hermanos allá en Siria etc
Comunicarte con 500... y con ¡15! :-) ya es un reto sin duda, pero muchas veces una oportunidad ... ese margen de maniobra es el que es políticamente relevante si nos dotamos de instrumentos de comunicación: instrumentos que dependan de estar muy conectados y de estrategias locales y colectivas.
Si con esos 15 ya puedes trabajar conforme a fines colectivos - y desde luego es muy probable que así lo hagas mejor - y si hay modos de organizarnos colectivamente en grupos locales - es decir compartiendo información para realizar acciones conforme a fines y compartiendo recursos , modularmente - entonces podremos establecer estrategias colectivas ... la cuestión es que se puede .
En los anteriores posts tienes una investigación completa en este sentido sobre el proyecto de construir una casa desde cero en esta modalidad : hay modos de construirte una casa por una décima parte de lo que necesitas en el mercado actual, de construir maquinaria de construcción, tractores con piezas reciclables por una quinta parte ... es un proyecto que ya lleva años de andadura .
En general en el Open Source hay un depósito de técnicas, dinámicas para ingenieros etc gestores ...
Y hay filosofía africana , Ubuntu, la madre naturaleza , la Pacha Mama... ciencias humanas
Las estrategias colaborativas son el instrumento a explorar : no violentan lo que podemos esperar saber - esos 500, o esos 15 - , son eficientes ... pero nos necesitan como parte de la ejecución del esfuerzo colectivo : ese que se hace antes de que aperezca en una pantalla :-)
Espero que colectivo no sea sólo... viral
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2018.08.18 13:29 Onyocha conversaciones con el amigo jmbbao

(El contexto: en el hilo de jmbbao https://www.reddit.com/podemos/comments/987rts/los_whitehelmets_de_la_onu_de_los_coj_nes/ .)
Jmbbao escribe sobre que los chiquitos de los cascos blancos, con sus historias .. han estado haciendo geopolítica con mis impuestos en algún país con 500 que no conozco seguro ... escribiendo el libro de historia mientras yo disfruto de mis palomitas ... Pero y sino, ¿qué?
¿Qué tenemos aparte de la ONU para actuar en colectivo en Siria?
Ésta quizá es una pregunta que nos podemos hacer hoy sin tener que depender de los 'medios de comunicación' entre Siria y nosotros para responderla , sin depender de representaciones de los conflictos ...
¿Se puede?
Es bueno traer estas cosas a la experiencia inmediata: ¿cuántos amigos tienes, conocidos? Seguro tienes menos de 500. ¿Acaso crees que podrías - hablando de información - comunicarte con más que esa gente?
¿Acaso crees entonces que toda esta batalla por ser medios de comunicación transparentes te permitirá salvar esas distancias .... las de comunicarte a tí con 500 más en Siria? Porque hasta entonces te vas a chupar un buen número de escenificaciones , de hitos en el libro de Historia ... ¿la historia de mañana? :-) Dejemos de asistir ante el tiempo como si este fuera un mero instrumento, un mero parámetro... en las manos de algún ... representante.
Esa es una batalla perdida del antemano ... La representación sólo puede decidir conflictos en genérico : ellos dicen que hablan con más de 500 ... :-) En las Noticias "España establece relaciones con Siria, Venezuela y con todas sus ex-colonias" :-) , dicen, y que en mediar su legitimación nos ofrece escenificación tras escenificación de una supuesta memoria historia ... cabalgando contradicciones en tu pantalla - saca las palomitas :-)...
Descabalguemos
¿... Ciencia social como dinámicas de las instituciones ... ? Y que enlentece las soluciones decimos de nuestros problemas comunes - esos que solemos llamar 'sociales' : ¿creemos que son diferentes a nosotros acaso? Esta es una pregunta para
o ¿ Ciencia social, ciencia humana como dinámica humana ?
... Nada de representaciones, nada de escenificaciones no más fascismos en diferido, no más libro de Historia... historias humanas al calor de lo que del alto y de bajo hay en nosotros... En dinámicas colectivas
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Digo que otra manera de mediar esas distancias , respondiendo a la pregunta por mi parte, es mediarlas asumiendo el reto y la oportunidad colectiva que supone comunicarse digamos para empezar ... con 500 personas: con tus conocidos ... conforme a fines , con la idea de comunicarse con otros quinientos : estructuralmente se comprende que las distancias entre cualesquiera dos se pueden cubrir muy rápido, si la red está conectada .
Básicamente estamos conectados pero no nos comunicamos colectivamente ... es decir digo conforme a fines. Más allá de nuestras representaciones de las Civilizaciones Superiores o de nuestras representaciones de la Historia etc :-) , la mente es un instrumento, en la mente no hay comunicación... no hay el saberte uno con el otro en la mente .
Esas distancias de las que hablo, esos conflictos no se median así, entre yo y ellos en Siria ... y desde luego son aquellas que puedes mantener sólo con esos 500 a quien conoces : lo demás son representaciones :-)
Ahora supón que conoces a 500 que conocen cada uno a 500 que tú no conoces : 'probablemente' entre esos 500 habrá alguno que conozca a alguien que nadie de entre todos ellos conozca... y que repitieran la misma dinámica. Si todos pudiéramos hacer eso , habría una cadena de menos de 6 vínculos que nos une a cualesquiera dos en el globo.... Seis grados de separación
El tamaño del número no es lo importante: si lo substituyes por 5 por ejemplo - si le pides a 5 amigos que contacten a 5 amigos que pienses que no se vayan o vayamos a conocer entre nosotros ... En este caso como mucho necesitas cadenas de sólo unos 16 vínculos para contactarte con cualquiera.... en el globo : si estamos conectados. Se pueden poner pegas pero la cuestión es que ... si localmente y colectivamente nos proponemos transmitir un mensaje ... llegará en 16 vínculos como mucho.
Esas distancias con los hermanos sirios allá no se median con información: el asunto no es intercambiar noticias , es proceder conforme a fines colectivamente ... en comunicación, antes de que aparezca en tu pantalla :-) - de este modo esas distancias, esos conflictos en genérico en exclusiva :-) para el "Libro de historia" dicen que se median. Y en diferido entre uno y Siria etc "Sabes Trini acabo de establecer la Paz con Venezuela, lo acaba de dar la tele :-) "...
Si uno no se ciñe a hablar de 'medios de comunicación' en términos de intercambio de información sobre representaciones de conflictos , los medios de comunicación pueden ser instrumentos de comunicación : para organizarnos como individuos, colectivos, sociedad .... o con los hermanos allá en Siria etc
Comunicarte con 500... y con ¡15! :-) ya es un reto sin duda, pero muchas veces una oportunidad ... Pero ese margen de maniobra es el que es políticamente relevante si nos dotamos de instrumentos de comunicación: instrumentos que dependan de estar muy conectados y de estrategias locales y colectivas.
Si con esos 15 ya puedes trabajar conforme a fines colectivos - y desde luego es muy probable que así lo hagas mejor - y si hay modos de organizarnos colectivamente en grupos locales - es decir compartiendo información para realizar acciones conforme a fines y compartiendo recursos , modularmente - entonces podremos establecer estrategias colectivas ... la cuestión es que se puede .
En los anteriores posts tienes una investigación completa en este sentido sobre el proyecto de construir una casa desde cero en esta modalidad : hay modos de construirte una casa por una décima parte de lo que necesitas en el mercado actual, de construir maquinaria de construcción, tractores con piezas reciclables por una quinta parte ... es un proyecto que ya lleva años de andadura . En el Open Source hay un depósito ahí de técnicas, dinámicas para ingenieros etc y hay material de filosofía africana , Ubuntu en versiones más bien sajonas...
Las estrategias colaborativas son el instrumento a explorar : no violentan lo que podemos esperar saber - esos 500, o esos 15 - , son eficientes ... pero nos necesitan como parte de la ejecución del esfuerzo colectivo....
Espero que colectivo no sea sólo... viral
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2018.08.06 02:50 WhoIsTomodachi Meritocracia

Advertencia: incoming papiro
Me perdí un hilo que se dio hace unas semanas derivado de una entrevista publicada en CIPER. Sentí que tenía suficientes cosas que decir como para hacer un hilo nuevo y poder argumentar ahí y generar discusión. Aparte, quiero expresar ciertas ideas a las que les he dado vuelta en el último tiempo con respecto a la meritocracia en Chile.
Generalmente se habla de que en Chile la meritocracia no existe. Los ricos están ahí porque poseen ventajas que adquirieron por el mero hecho de nacer en cuna de oro y los pobres no tienen oportunidad alguna de surgir sin cagarse a alguien en el proceso. Las excepciones a esto no son más que simples excepciones y casos de suerte extrema, empaquetados como el mito del “esfuerzo” y el “emprendimiento”.
Quiero argumentar que la correlación entre la clase social en la que uno nace y el estatus económico en la adultez no necesariamente es indicio de una falta de meritocracia, y lo voy a hacer a través de ciertos estudios de sociobiología, principalmente los “twin studies”. Los “twin studies” estudian la correlación de distintas variables entre gemelos y mellizos. Realizando una descomposición entre estas correlaciones, se pueden estimar las influencias del “Heritability”, “Shared Environment” y “Non-shared Environment”.
“Heritability” se refiere a las influencias del genoma. En este plano, es importante notar que la heredabilidad de la inteligencia en la adultez es aproximadamente un 80%, y la de los “cinco grandes” componentes de la personalidad un 50%. Todos estos factores afectan fuertemente el ingreso.
“Shared environment” se refiere a las influencias del ambiente que son comunes en gemelos y mellizos: nivel socioeconómico de los padres, el barrio donde se criaron, los contactos derivados de relaciones familiares, el nivel educativo de los padres, el método de crianza de los padres, el apellido, las influencias culturales del entorno, etc. En mi opinión, son estos los determinantes a los que se refiere la gente cuando se habla de que Chile no es un país meritocrático, y generalmente se habla de que estos determinantes tienen una fuerte influencia en el ingreso.
“Non-shared environment” es un mal nombre, ya que en realidad corresponde a todos los factores que afectan el ingreso (no necesariamente el ambiente), pero sin causar similitud en gemelos ni en mellizos. Podría tratarse casi enteramente de factores relacionados a la voluntad individual de las personas. Aparte de eso, podrían afectar el tener accidentes, los contactos personales, la divergencia entre métodos de crianza y de enseñanza distintos entre los diversos hermanos, etc.
Existen varios twin studies que tratan de analizar la influencia de la genética en el ingreso:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160289699000082
https://www.annualreviews.org/doi/abs/10.1146/annurev-economics-080511-110939
https://helda.helsinki.fi/bitstream/handle/10138/38881/HECER_DP364.pdf
Todos estos estudios muestran que los factores atribuibles al “shared environment” tienen una influencia muy menor en comparación a otros factores. El tercer estudio muestra una síntesis de varios estudios de este tipo en la página 25. Promediando los valores obtenidos en estos estudios, se tiene que la influencia de los tres factores para Suecia, Australia y EEUU es:
Heritability Shared Environment Non-Shared Environment
Suecia 40% 5% 56%
Australia 45% 13% 42%
EEUU 41% 9% 50%
Entendería si tienen problemas con la metodología de los twin studies. Existen otros estudios que realizan el análisis de manera directa, relacionando elementos del genoma a ciertas variables socioeconómicas:
http://www.pnas.org/content/early/2018/07/03/1801238115
https://nicholaswpapageorge.files.wordpress.com/2018/05/genes_wealth.pdf
Estos estudios establecen una relación causal entre los genes y el nivel socioeconómico, lo que valida esta interpretación de los twin studies. Junto a esto se tiene un estudio reciente hecho por Gregory Clark, que estudia la correlación de ingresos entre familiares y la compara con la correlación que tendría teóricamente si toda la correlación fuera dada por la genética.
https://www.liser.lu/seminar_paviewer.cfm?tmp=2721
Los estudios acá mostrados validan la hipótesis de que la correlación familiar en los ingresos es dada principalmente (aunque no enteramente) porque los hijos heredan talentos y cualidades de sus padres. Contra intuitivamente, estas correlaciones indican que las sociedades modernas son, en términos generales, meritocráticas.
Algunas otras ideas que he pensado con respecto a estos estudios:
- Los porcentajes mostrados en los estudios no son fijos en el tiempo. El efecto Flynn nos indica que en una época en la que se hayan tenido más problemas de desnutrición, los porcentajes de shared environment serían mayores, ya que la heredabilidad de la inteligencia se vería afectada. También es importante señalar que el bajo shared environment depende de un marco institucional particular, y que los países en los que se han realizado estos estudios han sido todos democracias liberales.
- De la mano con lo anterior, considero que el estado tiene cierta responsabilidad de asegurar un piso mínimo de ingreso con un impuesto negativo a la renta u otras medidas de manera que no se llegue a los casos extremos de desnutrición severa o de falta de yodo en la dieta que no permitan que el potencial de cada persona se vea expresado en el fenotipo.
- Junto con estos estudios, existen muchos otros que muestran, paradójicamente, la validez de las teorías sobre el “growth mindset” http://mindsetscholarsnetwork.org/growth-mindset-firm-foundation-still-building-house/#, lo que indica que creer en tu propia capacidad para desarrollar tus habilidades para alcanzar el éxito académico y económico se convierte en una profecía auto-cumplida. A lo mejor esta maleabilidad de las capacidades humanas son reflejadas en ese porcentaje denominado como non-shared environment. O a lo mejor es tan simple como que la heredabilidad, que solamente mide un porcentaje de variación de características entre individuos, no dice nada acerca de la maleabilidad de las características al nivel individual.
- La página 25 del tercer estudio muestra en Australia esta influencia es un 4% mayor a los EEUU y la influencia promedio medida en los estudios realizados en Suecia es un 4% menor a los realizados en EEUU, pero esto es considerando que los estudios realizados en EEUU y Australia usan como medida el average wage y annual household income, que corresponden a medidas dependientes del tiempo en el que se miden y que los individuos no buscan optimizar de la misma manera que el lifetime income, por lo que no son tan comparables a los estudios suecos. El hecho de que estas sociedades consideradas como estados de bienestar no disminuyan significativamente la influencia del shared environment me hace pensar que estos estados de bienestar funcionan más “nivelando hacia abajo” que entregando verdaderas oportunidades a los más pobres.
- En Chile no he visto que se hayan hecho estudios de heredabilidad. Lo más cercano es el trabajo hecho por Gregory Clark en su libro The Son Also Rises. No he leído el libro, pero los reviews que he leído dicen que utiliza una metodología completamente distinta y que analiza la movilidad social a lo largo de varios siglos, lo que tampoco dice mucho si uno quiere estudiar la sociedad chilena actual.
- Una cosa que encuentro muy interesante es que todos los estudios que realizan cálculos de heredabilidad separados para hombres y mujeres obtienen resultados menores para la heredabilidad de las mujeres que la de los hombres. Esto junto al hecho de que muchos de los países estudiados presentan brechas de género en los niveles salariales podría ser evidencia de discriminación de género, que al ser transversal a las clases sociales se puede reflejar en el mayor porcentaje de non-shared environment.
- Muchas habilidades tienen un fuerte componente hereditario, pero también otras cualidades como el color de piel. La existencia de una alta heredabilidad también puede hablar de la existencia de racismo en la sociedad estudiada. Al mismo tiempo, la raza es una construcción social que no va en “aumento lineal” junto a la similitud biológica: encuentro muy improbable que un par de gemelos vaya a ser considerado un 50% más “de la misma raza” que un par de mellizos ante los ojos de la sociedad, por lo que se me ocurre que una parte importante del racismo se expresa como shared o non-shared environment, no como heredabilidad.
- Generalmente, la gente que se opone a la ingeniería genética toma la posición de que permitirla podría codificar las desigualdades de nuestra sociedad en nuestro genoma, pero si estas desigualdades son causadas por factores genéticos para empezar, entonces esta misma tecnología tendría el potencial de nivelar la cancha tremendamente. Si el CRISPR lograra solucionar todos sus problemas cancerígenos asociados y masificarse, la capacidad para modificar el genoma sería accesible por toda la población. En un futuro, a pesar de que puedan seguir existiendo diferencias individuales en la capacidad cognitiva, estas diferencias rondarían en torno a un promedio muy alto en el que unos puntos más o menos en el Stanford-Binet importan poquísimo, y la movilidad social sería mucho más alta de lo que es ahora.
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2018.05.28 10:20 turistaunmillon Sexo y empatía. Las bases éticas del follar.

Por Beatriz Gimeno
Domingo, 27/05/2018 03:09 PM
Introducir la empatía en cualquier relación quiere decir preocuparse por el otro o la otra, por su bienestar, y nada de esto está reñido con ningún tipo de sexo (excepto el machista)
📷A raíz de lo ocurrido con la sentencia de La Manada, en los días (ya semanas) siguientes, hemos hablado y escrito de muchas cosas relacionadas con el feminismo y no estrictamente con la sentencia en sí, que también. Digamos que la sentencia, como antes el 8M, está sirviendo para levantar muchas alfombras y levantarlas incluso de sitios donde hacía años que nadie se ocupaba de barrer. Esta sentencia ha provocado indignación porque antes estuvo el movimiento #MeToo y porque una gran parte de la revuelta feminista de los últimos tiempos tiene que ver con la violencia sexual, es una revuelta contra las violaciones y el acoso, contra la sexualidad machista, en definitiva. Así que por fin se nos presenta la oportunidad al feminismo de hablar más de sexo. Porque el sexo es el elefante blanco que está en una habitación y nadie parece ver. Y no se trata sólo de denunciar, castigar o perseguir, no se trata de aumentar las penas, sino de reflexionar acerca de qué es esa "cosa escandalosa" (parafraseando a Donna Haraway y refiriéndola aquí a la sexualidad patriarcal) y qué relación tiene con la desigualdad social, con las relaciones de género, con el poder, con la política. Es hora de volver a pensar la sexualidad como una construcción política que incide en las relaciones sociales de manera fundamental.
¿Entendemos lo mismo por "sexo"?
Al fin y al cabo parece que hay una discordancia muy evidente cuando un juez ve jolgorio donde otros jueces vieron dolor extremo; cuando los violadores y todos sus palmeros están convencidos de que hubo sexo y cuando las mujeres sabemos que allí hubo una violación. Es evidente que la discordancia sobre lo que entendemos por sexo alcanza incluso al interior del feminismo. De hecho, algunos de los asuntos más polémicos dentro de éste, como la prostitución o la pornografía, tienen que ver con el sexo, con lo que entendemos por sexo y también con lo que entendemos, en definitiva, por sexo ético. En realidad, nadie dentro del feminismo niega que el sexo es un lugar en el que se dilucidan relaciones de poder socialmente construidas. Esta consideración no es nueva, el feminismo de la Segunda Ola, al fin y al cabo, nació como una teoría radical de la sexualidad pero hacía mucho que la sexualidad patriarcal no se ponía en el punto de mira de la mayoría del feminismo como ahora ha ocurrido. Y surgen preguntas necesarias: ¿Cómo influye la construcción sexual masculina y patriarcal en la realidad, en las relaciones entre hombres y mujeres? ¿Qué relación guarda dicha sexualidad con la construcción de la subjetividad masculina? ¿Podemos deconstruir la sexualidad masculina hegemónica? ¿Es necesario follar de otra manera para ser más iguales? ¿Hay una manera justa de follar? ¿Hay una manera ética o la ética no tiene nada que ver con follar?
NADIE DENTRO DEL FEMINISMO NIEGA QUE EL SEXO ES UN LUGAR EN EL QUE SE DILUCIDAN RELACIONES DE PODER SOCIALMENTE CONSTRUIDA
Cualquier cosa que tenga que ver con la sexualidad requeriría de un libro extenso, pero de manera concisa pienso que no podemos renunciar a tener criterios éticos con respecto a cualquier acto en el que intervenga la voluntad porque somos seres morales; y quizá en el sexo menos que en muchos otros porque la sexualidad es un pilar de nuestra subjetividad, y también porque implica una relación con otro/a(s) persona(s). Sabemos también (y eso no lo niega casi nadie) que la sexualidad patriarcal está muy relacionada con el dominio (la conquista) y no tanto con la reciprocidad o la igualdad. Digamos que la mayoría de la gente asume que hay una ética de mínimos que aplica en el sexo: el consentimiento. Pero en estos momentos han surgido voces feministas que piden que se vaya más allá y han problematizado la propia noción de consentimiento aplicado al sexo. Sin duda que el consentimiento significó un avance en su día teniendo en cuenta que hasta hace poco este era irrelevante y aún lo es en gran parte del mundo. Puede que a la hora de plasmarlo en los códigos debamos referirnos a él como concepto jurídico, pero sí pienso que, al menos desde el feminismo, podemos problematizarlo. Por una parte porque es evidentemente un factor de desigualdad que nos sitúa a hombres y mujeres en lugares diferentes, con subjetividades diferentes, deseos diferentes, modos de follar también distintos y supuestas diferentes necesidades. Somos las mujeres las únicas que consentimos, mientras que ellos desean y actúan; nos follan. Nosotras, así, nos situamos como objeto deseado y pasivo, mientras que ellos son el sujeto activo que, con suerte, pide el consentimiento para el acceso a nuestro cuerpo. El consentimiento, además, puede comprarse con dinero o con otro tipo de bienes, materiales o inmateriales; puede darse incluso a cambio de amor. Puede conseguirse de múltiples maneras pero siempre desde posiciones de poder diferentes: son ellos los que buscan conseguirlo, comprarlo, forzarlo y nosotras las que lo poseemos como un bien con el que negociar. Y alrededor de esta concepción del consentimiento se levanta una construcción inmensa de desigualdad material y simbólica: ellos desean, necesitan, follar; nosotras consentimos (o no) que nos follen.
SE DEBE EDUCAR A LOS HOMBRES DE MANERA QUE NINGUNO SE MUESTRE INDIFERENTE FRENTE AL MALESTAR SEXUAL DE UNA PAREJA, PARA QUE EL BIENESTAR SEXUAL DE LA OTRA(S) SEA TAN IMPORTANTE COMO EL SUYO PROPIO
Entonces, para que follar sea ético ¿basta con el consentimiento (y qué clase de consentimiento) o tenemos que ir más allá si queremos que la sexualidad y lo que lleva aparejado, promueva, refleje, posibilite, eduque en la igualdad entre hombres y mujeres y procure una distribución igualitaria de placeres y bienes simbólicos? ¿Qué tiene que ver todo eso con la empatía? ¿Es necesario follar con empatía para que sea un follar ético e igualitario o eso entorpece la idea que tenemos del sexo? Cuando una tuitera (@magdalenaProust) mezcló sexo y empatía se armó un lío tremendo. Follar con empatía es quitarle toda la gracia al sexo dijeron muchos y muchas. La pregunta entonces es ¿qué es follar con empatía? ¿Es necesario? ¿Es feminista? Creo que sí, que es necesario y que es necesariamente feminista. Y lo es porque la sexualidad masculina hegemónica, al menos en el plano del deseo, se construye, no sobre la cosificación de los cuerpos (que puede ser un elemento del deseo), sino sobre la deshumanización. Y a la hora de interpretar esta construcción sexual, a la sempiterna deshumanización patriarcal le tenemos que unir la ideología neoliberal que impone una interpretación de la relación sexual como algo absolutamente individual y sin consecuencias más allá de dicha relación; que ha borrado de nuestras cabezas la posibilidad de analizar estructuras materiales e ideológicas que construyen la realidad, también la sexual. Introducir la empatía en el follar (o en cualquier otra relación) quiere decir preocuparse por el otro o la otra, por su bienestar, quiere decir tener la capacidad para ponerse en su lugar, y nada de esto está reñido con ningún tipo de sexo (excepto el sexo machista): el sexo casual, el sexo con muchas o muchos, el sexo con desconocidas/os, el sexo fuerte, el sexo incluso voluntariamente cosificador… el sexo como sea, siempre que se sepa que ahí, al otro lado, hay un ser humano, una mujer, con su propio deseo y con el mismo derecho a que dicho deseo sea atendido y respetado. Creo que siempre es mejor no tratar a las personas como un medio que hacerlo, que las relaciones sexuales tienen siempre que incluir preocupación activa por la(s) otra(s) persona(s), por su bienestar, por su placer; que se debe educar a los hombres de manera que ninguno se muestre indiferente frente al malestar sexual de una pareja, para que aprendan a identificar este, para que el bienestar sexual de la otra(s) sea tan importante como el suyo propio. Las mujeres deben también aprender a expresar su deseo, sus malestares, sus preferencias al follar y los hombres tienen que aprender a escucharlas, respetarlas, percibirlas, tenerlas en cuenta… Por tanto, sí, empatía.
Gayle Rubin, con la que coincido en pocas cosas, define muy bien en qué marco deben moverse los encuentros sexuales para que puedan ser considerados éticos. Dice Rubin que los encuentros sexuales tienen que ser juzgados por la manera en la que las partes se tratan una a otra en el nivel de consideración mutua; por la presencia o ausencia de coerción y por la cantidad y calidad del placer que se dan. Esto es la empatía al follar, nada más y nada menos. No hay ética sin feminismo y el feminismo es también una ética. Así que creo que toca, sí, comenzar a exigir a los hombres comportamientos éticos también en el terreno de la sexualidad, lo que en definitiva no es más que asumir y contemplar la plena humanidad de aquella(s) con quien(es) se folla. Parece fácil, pero hay toda una construcción masculina del deseo, de la sexualidad, del follar, que impone lo contrario. Y eso es justo contra lo que se ha levantado el feminismo.
https://m.aporrea.org/actualidad/a263932.html
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2018.02.08 11:08 Subversivo-Maldito La pesadilla de los negristas. La actualidad de Gramsci y lo nacional-popular...Debate muy interesante entre Emmanuel Rodríguez y Carlo Formenti...

Los amigos Manolo Monereo y Javier Aguilera me solicitan mi respuesta a la recensión crítica de Emmanuel Rodríguez de la edición española de mi último libro, La variante populista. Acepto su invitación tras algunas dudas, porque el texto de Rodríguez no me pareció que pudiera suscitar un debate interesante: tras replicar a los numerosos ataques de los “negristas” italianos, su lectura me provoca, en realidad, una sensación de dejà vu (es curioso que los intelectuales post-obreristas, aunque declarándose refractarios a las jerarquías y a las disciplinas de partido o de movimiento, emplean un lenguaje que nunca se distancia del catálogo de conceptos que el “maestro” Antonio Negri y sus fieles han codificado en un verdadero y propio catecismo). Nada nuevo en el frente hispánico, por tanto, pero vayamos al asunto.
No me detengo sobre la primera parte del artículo, que propone un sintético, y no siempre riguroso y fiel, resumen de las tesis del libro. Respecto a la segunda parte, que por el contrario entra en los asuntos de fondo, contestaré sucintamente sobre las cuestiones más relevantes: Estado y economía; capital y trabajo; tecnología y composición de clase; pueblo y nación y Europa y América Latina. De la crítica que Rodríguez hace a lo que he escrito sobre la relación entre Estado y globalización capitalista, alguien podría pensar que no ha leído el libro, pero visto que lo ha leído, me veo obligado a tomar nota de su mala fe. En parte alguna del libro encontraréis la tesis de que la globalización coincidiría con el triunfo del mercado sobre el Estado. Al contrario: siguiendo el análisis, entre otros, de Dardot y Laval, sostengo que no estamos frente a una “retirada” del Estado de la economía, sino en un proceso de desmantelamiento de la sociedad fordista y de sus instituciones políticas, nacionales y supranacionales, totalmente proyectado, planificado y realizado por los estados conforme a los principios del ordoliberalismo, que se basan en la existencia de un Estado fuerte, al que atribuyen una doble tarea: 1) crear las condiciones jurídicas, políticas y culturales necesarias para el funcionamiento del mercado, del que se reconoce explícitamente la incapacidad de autoregularse (cfr. von Hayek y otros), y 2) construir un sujeto social "hecho a medida" de las necesidades de la fase actual del desarrollo capitalista.
Vayamos ahora a las relaciones entre capital y trabajo y entre tecnología y composición de clase. La concepción post-obrerista de la relación capital-trabajo en la actual fase capitalista propone una mezcla contradictoria de neo-proudhonismo y arqueología marxista. A la arqueología marxista pertenece el entusiasmo por el progreso tecnológico (bien sintetizado por el Manifiesto aceleracionista que relanza el concepto –que suena hoy como un patético residuo del siglo XIX– según el cual el desarrollo de las fuerzas productivas crea por sí mismo –por hegeliana necesidad histórica– las condiciones para la transición al socialismo). Un entusiasmo que elimina el problema de la no neutralidad de la tecnología (en particular de la tecnología digital, que genera un nivel incomparablemente más radical de subordinación/integración de la fuerza de trabajo en el capital respecto al de las tecnologías fordistas), y presume que el proletariado puede heredar el sistema técnico del capital tal y como es para convertirlo en el instrumento de su propia emancipación.
Neo-proudhoniana es, por el contrario, la idea de un capitalismo “parasitario” (impugnada por Marx en su crítica al socialismo utópico) que “roba a la fuerza de trabajo los resultados de una cooperación social que se desarrollaría espontánea y autónomamente del comando capitalista (a quien sostiene idioteces similares habría que sugerirle que se aprenda de memoria el Capítulo VI Inédito del Capital). De aquí se derivaría la tesis de la ruptura de las relaciones de fuerza entre el trabajo vivo y el trabajo muerto, por la que hoy el primero dominaría/usaría al segundo y no a la inversa. Y llegamos aquí al ridículo: los “trabajadores del conocimiento” que los post-obreristas identifican con la nueva vanguardia revolucionaria son, en todo caso, reducidos ellos mismos a trabajo muerto, a capital fijo en su forma digitalizada, compuesta por la integración entre computadora, software e inteligencia humana objetivada, estandarizada y sistematizada, mientras la “creatividad” de este sector laboral se reduce al desarrollo de tecnologías, productos y servicios que sirven para controladisciplinar la amplia masa de trabajadores ejecutivos, precarizados, descentralizados en áreas de bajo costo y sobreexplotados. Estamos, por tanto, ante una versión post-moderna de la aristocracia obrera de leniniana memoria o incluso a la de los empleados en diseño de métodos y sistemas de control de la era taylorista.
En este punto debo añadir tres incisos. Uno: Rodríguez rechaza mis críticas al concepto de trabajo inmaterial sosteniendo que el término no hay que entenderlo en sentido literal, sino como “subsunción general de la subjetividad en los procesos de valorización del capital (la vida puesta a trabajar)”. Pero aquí la abstracción se hace, si ello fuera posible, más “inmaterial”, impalpable, resultando que, en vez de atribuir a las concretas formas de vida un papel antagonista, en cuanto irreduciblemente externas a las relaciones de producción, se impone a la vida reducida a pura abstracción el papel de “capital variable”. Dos: las tesis recien expuestas se basan esencialmente en las páginas del “Fragmento sobre las máquinas” de los “Grundrisse”, donde Marx habla al final de la ley del valor. Teniendo en cuenta que la teoría marxista del valor trabajo, tomada en clave puramente económica (además de ser científicamente contestable: véase Sraffa), pierde todo contenido subversivo (contenido referido a las relaciones de fuerza entre las clases y no a la teoría económica), es evidente que las formas concretas en las que la teoría “se encarna” en las diversas fases del desarrollo capitalista cambian con el tiempo, así como es evidente que se podrá hablar del fin de la ley del valor sólo si y cuando se acabe con el dominio del capital sobre el trabajo. Rodríguez y los negristas sueñan que viven en un mundo donde esto ya ha tenido lugar: benditos sean, pero mientras sigan soñando, el capitalismo “tendrá los siglos contados” (citando las palabras de un conocido economista). Tres: los negristas se obstinan en leer la crisis como fruto exclusivo de las contradicciones inmanentes al modo de producción, siendo incapaces de captar la naturaleza eminentemente política de la crisis actual: una crisis de hegemonía que hace que grandes masas populares dejen de delegar y de confiar en las élites, mientras que solo éste carácter político de la crisis nos permite tener alguna esperanza de relanzar la lucha de clases. Antes de pasar a los temas de lo nacional-popular, haré dos consideraciones.
La primera referida a la crisis de la globalización. De la delirante visión de un mundo unificado que Negri expuso en Imperio (versión post-moderna del super-imperialismo de Kautsky) no queda rastro alguno. Esto no significa que se hayan acabado los flujos globales financieros (los comerciales, por el contrario, efectiva y significativamente se han ralentizado, mientras crecen las pulsiones proteccionistas y mercantilistas), sino que hemos entrado en una fase de caos sistémico (cfr. Wallerstein y Arrighi) en el que renace la lucha inter-imperialista entre las grandes potencias, las mega-empresas multinacionales (que mantienen, se diga lo que se diga, relaciones estratégicas con sus países de origen), y los bloques regionales. El esquema de centro, semiperiferia y periferia sigue siendo válido pero sufre modificaciones con el rápido desarrollo de las relaciones geopolíticas de fuerza, surgiendo imperialismos subregionales (Brasil, por ejemplo) que crean sus propias periferias, pero aparecen a su vez subordinados a bloques regionales más poderosos (Estados Unidos y China, en primer lugar).
La segunda se refiere al progresivo eclipse del concepto de multitud en los discursos post-obreristas (en ausencia de toda consideración autocrítica, algo ya típico: cuando una categoría se queda sin fundamento alguno, los negristas pasan de largo fingiendo como si nada hubiera pasado). El fracaso de tal concepto, incapaz de dar cuenta de las dinámicas reales de los conflictos de clase de los últimos veinte años, ha llevado a la recuperación de la categoría obrerista “clásica” de composición de clase, aunque declinada en formas nuevas. Paradójicamente, el concepto de multitud, a pesar incluso de su abstracción, representaba un avance, mientras que la vuelta a los conceptos obreristas tradicionales es un paso atrás, aunque sólo fuera porque la de multitud era una imagen más cercana a la realidad de una masa fragmentada de piezas de clase heterogéneas, resultado de medio siglo de contrarrevolución neoliberal.
El mérito de haber afrontado esta realidad “hecha pedazos” y de haber descrito las modalidades de una posible recomposición política lo tiene Ernesto Laclau y su concepto de pueblo. En su crítica, los post-obreristas, como de costumbre, juegan sucio. Mantienen que la idea de pueblo en Laclau coincide de hecho con la que fue configurándose históricamente con el nacimiento de los modernos estados-nación y las grandes revoluciones burguesas. Por el contrario, Laclau habla de pueblo en relación a un proceso (específicamente asociado a la crisis de los sistemas políticos post-democráticos, surgidos de la contrarrevolución neoliberal) a través del que: 1) los distintos momentos conflictivos generados por la incapacidad sistémica de responder a determinadas reivindicaciones económicas, sociales, identitarias, etc, pueden –en determinadas circunstancias y condiciones– aglutinarse en torno a una demanda particular que asume un papel hegemónico; 2) inéditos proyectos políticos pueden aprovechar la ocasión de estos “momentos” para construir un pueblo, para dar así unidad simbólica a los distintos impulsos antagonistas y encauzarlos hacia un resultado contra-hegemónico y antisistémico. En mi libro estas tesis son asumidas críticamente (sin esconder los puntos débiles: que se trata de una descripción empírico/fenoménica de algunos procesos reales, el excesivo peso atribuido al aspecto retórico/comunicativo de los fenómenos sociales frente a una escasa atención al papel de las clases sociales, etc), pero sobre todo son releídas a la luz del pensamiento gramsciano y de las categorías de hegemonía, guerra de posiciones, el hacerse Estado de las clases subalternas, el partido como formación de intelectuales orgánicos, etc.
El último punto es dirimente porque, siendo verdad que el que escribe compartió durante mucho tiempo la historia del obrerismo italiano, como recuerda Rodríguez (que como sus amigos italianos me reprocha tácitamente la “traición”), es igualmente cierto que mi biografía política se inicia, entre finales de los 60 e inicios de los 70 del siglo pasado, en una formación política que se denominaba, no casualmente, Grupo Gramsci. Por lo que para mí la recuperación de la teoría gramsciana es, más que un giro, un retorno a los orígenes, impuesto por la extraordinaria actualidad que el pensamiento de Gramsci está hoy revelando (véase su redescubrimiento en América Latina, Asia y África). Que se me vincule al giro trontiano, por tanto, no tiene fundamento alguno, teniendo en cuenta que Tronti siempre fue, y lo sigue siendo, antigramsciano: su fidelidad al PCI y a sus posteriores mutaciones hasta el PD se debe fundamentalmente (véase la larga vídeo-entrevista dirigida por mí y publicada por DeriveApprodi) a su autodefinición como “viejo bolchevique”, es decir, un realista político (su amor por Maquiavelo y Schmitt no es casual) que decide estar allí donde más fuerza hay para defender así mejor los intereses de los más débiles (argumento débil, pero que nada tiene que ver con Gramsci). En mi libro, la capacidad de las tesis de Laclau (y más aún la del Gramsci nacional-popular) para analizar la realidad de los conflictos sociales y políticos contemporáneos se mide sobre todo en relación a las revoluciones bolivarianas (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y a los casos de Podemos en España y de Sanders en los Estados Unidos. En la edición griega del libro, que está a punto de salir, he actualizado y profundizado estas partes y he añadido algunos párrafos dedicados al ascenso de Corbyn en Inglaterra, al movimiento de Mélenchon en Francia, a Syriza y a la evolución de Podemos y del M5S (Movimiento 5 Estrellas) italiano. Aquí me limitaré a algunas notas sobre Europa y América Latina, a las que sin embargo debo adelantar un breve excursus sobre el tema de la relación entre Estado, pueblo y nación.
La formidable aceleración histórica que el mundo ha sufrido a partir de la contraofensiva capitalista tras el ciclo de luchas de los años 60 y 70 del siglo XX y su aparente triunfo definitivo, asociado al derrumbe del bloque soviético y a la revolución tecnológica iniciada en los años 90, han neutralizado la capacidad de análisis e iniciativa política de las izquierdas: las socialdemocracias se han convertido en masa al neoliberalismo, las izquierdas radicales entraron en una depresión, entre remordimientos y nostalgia del compromiso fordista o –en el caso de los post-obreristas– se dejaron llevar por la euforia de un imaginario vuelco en las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo. No sorprende, por tanto, que no sepan captar los elementos, al mismo tiempo, de continuidad y de discontinuidad entre la crisis de la primera y de la segunda globalización. El concepto de globalización viene asumido acríticamente en la versión ideológica que proporciona el pensamiento único dominante, eliminando el hecho de que la internacionalización de los flujos de dinero y de mercancías es un dato permanente de la historia del capitalismo, eliminando la actualidad del análisis leninista del imperialismo (que obviamente hay que actualizar respecto a la caótica evolución de las relaciones de fuerza geopolíticas señaladas con anterioridad) y asumiendo el discurso cosmopolita burgués que anuncia el triunfo definitivo del mercado sobre la política por el que, de vez en cuando, se aceptan “de forma realista” las restricciones de la economía o, peor, se atribuyen al cosmopolitismo burgués las virtudes del internacionalismo proletario. De la cuestión nacional, que ha agitado durante más de un siglo el debate en el marxismo, se han perdido los rastros de los años 70 del siglo pasado, cuando el presunto fin de la época colonial ha marginado los análisis de autores como Franz Fanon, Samir Amin o Gunder Frank (por no hablar de los teóricos del sistema mundo). De ahí que hoy cualquier referencia a la soberanía nacional sea tildada como algo de derechas. Poco importa que ello haya regalado a los populismos de derechas el apoyo de amplias masas proletarias, tanto las pertenecientes a los sectores inferiores “incivilizados, racistas y sexual-fóbicos” (Franco Bifo Berardi ha hablado con desprecio de nacional-obrerismo) que no interesan a una izquierda que apuesta por las vanguardias de los trabajadores del conocimiento.
Admitiendo por un momento que los “verdaderos” proletarios sean hoy estos sectores más aculturados de la clase trabajadora (que yo sigo sobre todo considerando clases medias emergentes), ¿cuándo tales sujetos (o las viejas aristocracias obreras) han hecho una revolución? ¿Es o no un hecho que todas las grandes revoluciones socialistas las hicieron las masas campesinas, dirigidas por minorías obreras e intelectuales pequeño-burgueses? Es o no un hecho que en todos estos procesos revolucionarios la cuestión de la soberanía popular y nacional (inseparables) han desempeñado un papel determinante, porque sólo cuando las situaciones en las que la opresión nacional y la explotación de clase iban juntas se daban las condiciones revolucionarias. Condiciones políticas no económicas (Gramsci dijo que Lenin hizo una revolución contra “el Capital” conquistando el poder en un país económicamente atrasado). ¿Es o no un hecho que también hoy en los países occidentales las masas populares reivindican intereses y necesidades que les niegan los procesos de internacionalización de los flujos de mercancías y de dinero?
Si la soberanía popular y nacional no se funda en reivindicaciones identitarias de tradiciones, tierra y sangre, sino en procesos de construcción hegemónica de una comunidad de lucha, de un pueblo que nace uniendo distintos impulsos antagonistas contra las élites políticas y económicas, si la nación es entendida como la proyección simbólica de un pueblo que comprende a todos aquellos que –prescindiendo de la etnia, la lengua, la religión, el sexo, etc– viven y luchan en un determinado territorio, no existe razón alguna para que ese tipo de ideas sean de “derechas”. Como máximo se podrá decir que es una estrategia política perdedora en base al dogma de la imposibilidad de realizar el socialismo en un sólo país. Pero las revoluciones bolivarianas se han hecho a contrapelo de las izquierdas radicales (troskistas, maoistas, neoestalinistas, post-obreristas, etc) empeñadas en degollarse en estériles luchas ideológicas, fueron el resultado de procesos muy similares a los descritos por Laclau, nacieron de la conjunción de rebeliones de masas contra los gobiernos neoliberales y partidos y líderes populistas que cooptaron/integraron en su seno a sectores de las izquierdas y los movimientos. ¿Estas revoluciones no son socialistas? Quizás. ¿ Que hoy todas están en crisis cercadas por el imperialismo y las nuevas luchas sociales? Es verdad. Pero eso no significa que no tengan nada que enseñarnos (y no sólo en lo negativo). Representan de hecho las únicas experiencias que han sabido interrumpir la hegemonía del consenso de Washington. Su pecado mortal no fue el soberanismo populista , sino el haber apuntado a una integración regional (el ALBA) contra-hegemónica basada casi exclusivamente en la reconversión de la renta petrolera hacia el gasto social, de haber apostado, por tanto, a un neo-extractivismo que no ha permitido desarrollar eficaces estrategias de desenganche (delinking, cfr. Samir Amin) del mercado global. Mientras tanto anotamos que las “izquierdas radicales”, ante las dificultades económicas que estos regímenes están atravesando, se posicionan en la práctica junto a las oposiciones neoliberales de derecha, demostrando otra vez su naturaleza oportunista y su incapacidad de medirse con los tiempos largos de la historia.
¿Que Europa está a distancia estelar de América Latina, de procesos de regreso a burguesías compradoras de sus élite nacionales? ¿Estamos seguros? En la lucha interimperialista que opone a los grandes bloques regionales, Europa es la cazuela entre la gran potencia declinante y la gran potencia emergente, entre EE.UU y China. Europa ha impulsado su proceso de unificación para competir mejor. Pero la condición para hacerlo ha sido un proceso de centralización que ha puesto en manos de Alemania –la única dotada de recursos industriales, financieros, demográficos y técnico-científicos– la hegemonía total sobre los países miembros. Su política neo-mercantilista, basada en el crecimiento de las exportaciones y en los principios ordoliberales que inspiran las políticas económicas (lucha contra la inflación y contención a toda costa del coste de la fuerza de trabajo) han condicionado todo el proceso de unificación, determinando: 1) el desmantelamiento de los sistemas industriales del sur de Europa, reducidos a reservas de mano de obra barata y suministradores de productos semi-elaborados para la industria alemana; 2) la colonización de los países del Este tras la caída de la URSS, la reunificación de las dos Alemanias y la guerra de los Balcanes; y 3) la imposición de políticas feroces de austeridad (administradas conjuntamente con el BCE, el FMI y las instituciones de Bruselas) a los países “indisciplinados” como Grecia (a su vez reducida a casi una colonia). El instrumento que ha permitido realizar esta presión y reducir a la obediencia a los países satélites ha sido la unificación monetaria (sobre el asunto no me extiendo porque existe ya una vasta literatura sobre ello). En otras palabras, en la región europea se ha formado una articulación local del esquema centro, semiperiferia y periferia, que vuelve a plantear, en términos distintos pero no demasiado respecto al contexto latinoamericano, las mismas contradicciones y la misma necesidad de retomar el tema de la soberanía popular y nacional en el análisis teórico y en la gestión práctica de la lucha de clases. Oportunista no es quien invita a tener todo esto en cuenta, sino quien, como Negri, se hace agit prop de un “patriotismo europeo” que corta los amarres con Marx y con Lenin, que describieron siempre el ideal de una federación de países europeos como una pesadilla reaccionaria.
Obviamente, el tema del Estado está estrechamente vinculado al de construcción de un pueblo y al de soberanía popular y nacional. Me limito, por tanto, a concluir afirmando que, frente al anti-estatalismo de las izquierdas radicales y en sintonía con el concepto gramsciano del “hacerse Estado” de las clases subalternas, estoy convencido de que la utopía del “fin del Estado” es un residuo del que hay que desprenderse, al basarse en una idea del “fin de la Historia”, de un Edén en el que todo conflicto inter-humano –y, por tanto, toda exigencia de mediación política– se habrá acabado, una idea que hoy parece no menos improbable que el dogma cristiano de la resurrección y la ascensión final de los justos al Paraíso. En las constituciones bolivarianas se configura un proyecto de Estado que no protege sólo los derechos humanos y civiles, sino también a aquellos sujetos y comunidades colectivas, garantizando su autonomía y el autogobierno democrático, pero sobre todo garantizando la posibilidad de defensa conflictiva de estas prerrogativas también y sobre todo frente al Estado que los reconoce. El hecho de que estas constituciones aún no se hayan utilizado en gran medida no cuestiona la validez del principio. [Fuente: http://ctxt.es/es/20180131/Firmas/17475/carlo-formenti-emmanuel-rodriguez-gramsci-negri-postobrerismo-postmodernismo-europa-estado-izquierda-debate-libro-la-variante-populista.htm]
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2017.11.08 18:52 Espartaco17 Cómo debatir con discursos hechos de mentiras, cómo negociar sobre agravios imaginarios

Desde luego, en Cataluña tenemos un problema político que no se va a resolver con aplicaciones del Código penal, aunque los afectados se las merecieran por haber incurrido en los delitos imputados.Sin embargo, hay que aclarar rápido que el significado de ese problema político no es el que anuncia la propaganda procesista, replicada sin análisis crítico alguno por cierta izquierda desnortada que no sabe ya en lo que cree.
En efecto, no hay aquí dos millones d e personas, buenas, puras , angelicales y racionales, cuyas demandas legítimas han sido despreciadas con contumacia por un Estado corrupto, decrépito, autoritario y neofranquista. El problema es que dos millones de personas se muestran dispuestas a comprometerse enérgicamente con un proyecto absurdo que ha sido alimentado por las mentiras, la propaganda y el adoctrinamiento educativo y mediático, construido pacientemente por el pútrido régimen pujolista, gemelo del monárquico, con el que lleva desde el fin del franquismo,pactando el reparto del botín del Estado, cual dos facciones aliadas-rivales de la misma mafia contraria a los derechos ciudadanos.Una acompleja y omniabarcante estructura de redes clientelares de paniaguados y liberados, militantes y agitadores del nacional-catalanismo, intelectuales , enseñantes y líderes de opinión, ha ido penetrando todos los ámbitos de la sociedad civil y la Administración y sometiéndolos al poder en una rígida y asfixiante jerarquía, asociaciones deportivas, colegios profesionales, sistema educativo en todos los niveles, público y privado, sindicatos, partidos, grupos vecinales y de barrio, etc.Un movimiento de más de cien mil agentes que han hecho del compromiso patriótico su modus vivendi, su negocio, su trabajo y su garantía de protección frente a los embates de la crisis, a diferencia del grueso de la población encerrada en los peores, más duros y mal pagados trabajos en la construcción ,los servicios y la industria Estos últimos, insultados de continuo como "fascistas ajenos a Cataluña" sólo pueden manifestarse en Domingo porque su jornada laboral no les permite más libertades, mientras que Omnium y ANC pueden estar continuamente y a todas horas movilizando liberados que cobran por su patriotismo, aun que eso no implique que además se lo crean, y tengan firmes creencias, pero no estamos mejor por eso, y por que en vez de mangantes cínicos nos las tengamos que haber con fanáticos inasequibles a la argumentación. Desde luego, a las manifestaciones también acuden ciudadanos no directamente enchufados a la industria y el negocio procesista, sino que son pequeños empresarios, propietarios rurales, funcionarios y profesores, que o bien son sus propios jefes y fijan su propio horario, o tienen un horario benigno y regular que les deja siempre las tardes libres. Una historia falsificada ha difundido el mito de la opresión multisecular de la España colonialista contra la Cataluña irredenta, se ha sembrado el odio entre comunidades y trabajadores, fragmentando la sociedad en una frontera ficticia, pero con efectos reales en tanto sea creída por muchos.A las patrañas históricas, se unen las económicas, culturales y políticas.El origen de los problemas económicos catalanes no es su inserción en España, sino los factores estructurales del capitalismo contemporáneo, la globalización de la producción y el comercio, la desregulación del mercado mundial de capitales, los sistemas monetarios de creación privada bancaria del dinero como deuda que devenga intereses, la arquitectura del euro que lo convierte en patrón oro que amordaza las economías del sur, produciendo escasez monetaria y deflación que nos estrangula el crecimiento y el empleo.Al enfrentar a unos pueblos con otros, desviándose bajo falsas banderas, se imposibilita la necesaria coordinación fraternal de luchas contra el verdadero enemigo común,la oligarquía global y sus distintas secciones locales.
Las balanzas fiscales , que se esgrimen como prueba de una extracción ilegítima de renta, sólo reflejan los requisitos de justicia distributiva en las regiones que concentran más renta personal que otras, y han de aportar en función de sus posibilidades.También un rico aporta más de lo que recibe, ya que sus impuestos sirven para financiar servicios públicos que no usa, ya que puede permitirse recurrir al mercado privado y así elegir más estrictamente el perfil de servicios que más le satisfacen , en vez de atenerse al paquete único del sector público.Nadie sensato diría que los pobres colonizan y explotan a los ricos a través del sistema de progresividad fiscal del IRPF, y, sin embargo, esta barbaridad la dicen los nacional-catalanistas, declinándola en términos territoriales.Para que se entienda mejor,el déficit fiscal de Barcelona respecto a Cataluña es mayor que el de Cataluña respecto a España.El Govern obtiene en Barcelona el 81.3% de sus ingresos pero destina esta provincia sólo el 65.6% de lo recaudado, produciendo un déficit del 15.7%, por cada 100€ que pagan los barceloneses al Govern, hay 19€ que no vuelven.La contrapartida del déficit barcelonés es el superavit fiscal de Gerona del 4.75%,de Tarragona del 5.32%, de Lérida del 5.58%.Lo que dicen los catalanistas sobre la fiscalidad interregional entre Cataluña y el resto de España, es equivalente a decir que Gerona, Lérida y Tarragona colonizan,explotan y roban a Barcelona, cuando sólo se trata de la necesaria redistribución que hace el Govern de la riqueza barcelonesa hacia otras provincias para fomentar la cohesión global territorial.El gobierno español hace algo análogo al redistribuir la riqueza catalana hacia otras regiones, buscando la cohesión global del todo productivo español, sin la cual no podrían funcionar ninguna de las partes, dados los lazos materiales de interdependencia común en todos los aspectos de la gestión económica y sus componentes culturales y sociales, ya que la economía no es algo exento que funcione al margen de los lazos múltiples interpersonales.
Las mentiras sobre las balanzas fiscales no sólo afectan a su desequilibrio, que sólo indica su congruencia con la justicia distributiva, también afectan a su magnitud, los nacional-catalanistas se inventan, simplemente la scifras y recurren a trucos grotescos, como abstraer las partidas de pensiones y subsidios de desempleo y políticas activas de empleo, transferencias que recibe el Govern y sin embargo se sacan de los balances. Las cifras reales del déficit se aproximan más a unos 2500 millones que a los entre 11000 y 16000 con los que ellos se relamen.En el capítulo de trolas, mención especial merece Oriol Junqueras, que se inventó literalmente que en Alemania había un límite a la solidaridad entre regiones federadas de un 4% del PIB de cada Länder, según lo cual por encima de tal límite no podrían hacerse más transferencias. No sólo no hay tal límite sino que ni siquiera calculan las balanzas porque la contribución solidaria de todos no admite tales distinciones y cálculos de agravios.Los líderes procesistas mienten todo el tiempo, son refutados siempre por los opositores, peo su cara de cemento no rectifica y siguen con la propaganda y las falsedades como si nada, con una impunidad propia de regímenes totalitarios donde los gobernantes jamás rinden cuentas de nada.
Así que el desequilibrio fiscal no significa injusticia sino todo lo contrario, su magnitud está falsificada, y además d ebe exponerse con datos complementarios para apreciar su verdadero significado, a saber, las balanzas comercial y de inversiones.Cataluña tiene un superavit privilegiado con el resto de España d e17.000 millones €, que compensa con creces incluso el déficit fiscal que ellos calculan, y podría verse el déficit como la financiación que los catalanes ofrecen a las regiones que compran sus bienes y servicios para que puedan seguir comprándolos.Es una relación simbiótica de mutuo beneficio y no una de extorsión ni gorroneo.Ese es justo el discurso alemán contra el Sur europeo.En cuanto a la balanza de inversión, el 70% de las inversiones en Cataluña proviene del ahorro externo capturado en toda España por los bancos catalanes.Así que, en resumen. ni la balanza fiscal indica injusticia, ni su magnitud es la que dicen , ni las balanzas concomitantes de inversión y comercial son perjudiciales sino muy ventajosas para Cataluña, no se pueden acumular más mentiras en el terreno de la posición económica catalana en España.
La idea del coste cero de la independencia,porque podrían conservarse el mercado libre sin aranceles, y el euro, amén de la cascada de inversiones que se abalanzaría sobre la "Finlandia del mediterráneo", se va al traste por los tratados, que expulsarían al país independiente, le impondrían aranceles y así perdería gran parte de su superavit comercial con España, de unos 17.000 millones € y se dispararía su déficit comercial con el exterior, que ya es hoy el doble del estatal.Tendría que subir su endeudamiento, con intereses crecientes(ya hoy la deuda catalana es basura que no puede venderse en los mercados normales, y por eso el Estado les está financiando a coste cero con el Fondo autonómico de liquidez, frente a lo que se dijo una vez ene este foro, que Cataluña ayuda a España a pagar su deuda;además de su parte alícuota en la deuda externa española, de un billón de euros, es decir, un 25% del PIB, unos 200.000 millones, y que paga a través de las transferencias fiscales al Estado, tiene 75.000 millones de deuda particular por los gastos corrientes deficitarios que la puede asumir sólo gracias a la ayuda estatal).
La crisis de exportaciones desplomaría la base imponible fiscal deprimiendo la financiación del Estado,y aunque se conservase el euro como moneda, merced a entregar la integridad del sistema bancario a sucursales extranjeras de matriz en la eurozona, perdiendo toda soberanía financiera, la imposibilidad de financiar el Estado obligaría a emitir una nueva y propia moneda fiat que nacería con una devaluación entre el 30% y el 50%, arrastrando la economía a la hiperinflación y el colapso del dinero como circulante esencial de la economía monetaria de intercambio.
La necesidad desesperada de conseguir inversiones para poner en marcha, desde fuera, una economía productiva internamente paralizada y sin rentabilidad ni incentivos para invertir, obligaría a un régimen austericida de ahorro del gasto público y depauperización salarial aún más brutal contra los trabajadores privados más vulnerables ala economía abierta de la globalización, mientras los sectores subvencionados de PYMES y agricultores, y de funcionariado "procesista", administrativo y educativo, estarían relativamente protegidos, pero al final también quedarían afectados por el colapso financiero del Estado, primero perdiendo la mitad de sus ahorros al convertir los euros en una moneda nueva devaluada, y después , recibiendo sueldos en un amoneda devorada en su poder adquisitivo por la hiperinflación.
La indiferencia brutal actual de los procesistas por la suerte de la clase obrera industrial, el precariado joven y los inmigrantes, tendría su justo castigo.Por eso es que la grotesca Huelga General, proclamada hoy por sindicatos sectarios y minoritarios catalanistas, ha sido un fiasco en empresas y centros comerciales, y sólo ha existido como evento mediático procesista de cortes de carreteras y concentraciones, con la masa de maniobra habitual de Omnium y ANC, amén de los voluntariosos guerreros de la CUP. Se demuestra una vez más cómo el idealismo pequeño-burgués del nacional-catalanismo sobrevuela ignorante los problemas serios y reales de la economía productiva para centrarse en los eslóganes de pueblo abstracto sin relaciones materiales, en pugna contra España por su autodeterminación, igualmente abstracta, sin parámetros ni objetivos concretos que seleccionen los adecuados reclamos de medios materiales de poder.Para qué se van a molestar por minucias los épicos cuadros procesistas, con predominancia de funcionarios vitalicios, acostumbrados a recibir cada mes la nómina en el banco, como si fuera la magia del voluntarismo patriótico omnipotente lo que genera ese dinero, ignorando que el orígen último es siempre la generación real de valor en los procesos de trabajo asalariado productor de bienes y servicios,pinzado por la imposición fiscal que detrae parte del plusvalor impuesto previamente, de modo informal y alegal , al trabajo vivo explotado.Por eso les da igual el desgarro caótico del tejido económico orgánico e interpenetrado de la economía nacional española, donde el boicot a productos catalanes, acaba dañando la economía de todos, porque los insumos de los productos catalanes se originan en todas las regiones del país.Creen que eso no les afectará a los dirigentes del núcleo procesista, porque el mundo es lo que ellos quieren que sea, la voluntad del pueblo es invencible, si quiere las cosas de verdad, con intensidad,este es un discurso propio de los grotescos libros de auoayuda personal, en este nivel estamos.
¿Por qué el procesismo ha tenido que envolverse de este manto de mentiras? Si aquí hubiera un programa, claro, honesto, transparente de emancipación popular,en torno a problemas serios, reales,compartidos por todos, no harían falta mentiras,los intereses básicos populares se defienden por sí mismos en cuanto se muestran , apareciendo razonables y legítimos.Pero aquí se ha tenido que recurrir al enmascaramiento y la falacia, porque los motivos reales subyacentes no pueden presentarse, ya que todo el procesismo es sólo un invento de la oligarquía catalana de siempre para preservar su hegemonía de clase y sus privilegios económicos, echando un pulso al Estado para conseguir control sobre más recursos materiales para sus redes clientelares y sus nuevos negocios postcrisis, en nuevas líneas de acción que suplanten alas cerradas por la burbuja.Recomiendo la lectura, en SINPERMISO, de un artículo sobre los referéndums de Lombardía y Véneto en Italia, un método de la ultraderecha de tales regiones, supremacista y racista, para retener 54.000 millones €(Lombardía) y 18.000 millones (Véneto) de impuestos que no quieren transferir a la Roma Ladrona y corrupta, que los despilfarra en subvenciones improductivas para los vagos y tarados del sur.LO QUE NO DICEN ES QUE LA CORRUPCIÓN LOCAL ES DEL MISMO GRADO Y NATURALEZA QUE LA NACIONAL ESTATAL,En los últimos años, el 37% de las autoridades sanitarias ha incurrido en graves delitos, con 300 millones € en mordidas y sobornos sólo en 2015.Grandes consorcios empresariales,que incluyen fondos institucionales de inversión del capital global , pujan por concesiones públicas de hospitales de gestión privada de los servicios no sanitarios y de laboratorio, con un préstamo bancario, por ejemplo, de 20 millones de euros, avalado por las autoridades públicas, construyen un gran hospital, y después se limitan a recibir un canon anual de 71 millones de euros, durante 24 años, período tras el cual el poder público adquiere la propiedad exclusiva del complejo, cuando ya está por completo envejecido, acumulando disfunciones y requiriendo una nueva inversión remozadora. Resultado, los conglomerados empresariales obtienen beneficios descomunales,mientra que el coste para el Estado se dispara un 30 o 50% más que si hubiera asumido desde el principio la construcción y gestión pública pura , evitando las regalías que debe abonar al monopolio empresarial privado del que se convierte en único y forzado cliente.El lema de que más poder para las regiones evita el despilfarro y la corrupción es mentira.Además los planes de los autonomistas implican un impuesto único del 15%, propio de los paraísos fiscales , que haría que una gran empresa rebajase su impuesto de sociedades del tipo de 43% a otro de 15%.Y esta factura, que rebajaría la recaudación fiscal retenida localmente contra Roma a la mitad, la pagarían todos los trabajadores , en forma de recortes y devaluación de servicios públicos, los cuales, por supuesto,no afectan agrandes accionistas y altos ejecutivos de las empresas globalistas. La regionalización fragmenta y enfrenta a los trabajadores entre sí, obligándolos a competir en aceptar rebajas salariales y de condiciones cada vez mayores, para atraer inversiones de los continuos flujos trasnacionales que recorren el planeta la caza de rentabilidades altas, fáciles, y rápidas, sin compromiso alguno con el bienestar de los empleados o habitantes de los lugares elegidos en cada momento.En el siglo XIX, la función del capital era fragmentar a los trabajadores y enfrentarlos entre sí, y recíprocamente, los sindicatos unían a los trabajadores y explotaban las contradicciones entre fracciones del capital.En el siglo XXI,un acierta izquierda parece asumir la función de dividir a los explotados alineándolos bajo las falsas banderas de proyectos burgueses nacionales, mientras la concentración y centralización capitalista avanza sin resistencia, así como los hospitales de colaboración público-privada regionales, bajo la égida de los corruptos gobernantes locales, primero engordaron a consorcios de empresas medianas italianas y ahora atraen a las firmas de capital riesgo globales, ávidas de participar en el botín.Los paralelismos con la situación catalana son exactos y asombrosos(incluyendo la duplicidad mutuamente alimentada de la corrupción en Madrid y en Barcelona ), el lema catalanista de "España nos roba" está calcado de "Roma ladra", y pedir más autonomía o independencia, para someter más recursos a la prudente y virtuosa administración de los "nuestros, de los de aquí, de los que son de fiar", expeliendo el veneno de la desconfianza que opone los "honestos y buenos "trabajadores locales a los inmigrantes o los vagos y taimados españolistas de Sevilla o Mérida, considerando incluso más peligrosos aún a estos que a los inmigrantes subsaharianos o musulmanes,pero sometiendo a todos al círculo de fuego de la discriminación en aras de la cohesión cultural del pueblo elegido.
La reclamación abstracta del "derecho a decidir" encubre la voluntad concreta egoísta de no compartir, lo que se dicen es, más o menos, que ya que somos más ricos que otros, si nos quedamos con todo largándonos, nos irá mejor. Esto es todo el trasfondo del nacionalismo gran burgués catalán, que ha diseñado el procesismo como enésima argucia histórica para afirmar su poder de clase, travestido de reclamo nacional.Así pues, hay dos catalanismos, el de la oligarquía, que promueven algo en que no creen como anzuelo electoralista y político, y el popular de clase media urbana o rural , más o menos acomodada y acobardada ante la ferocidad prolongada de la crisis, y dispuestos a agarrarse al clavo ardiendo de las propuestas utópicas y sin fundamento, pero coherentes con el odio antiespañol sembrado durante treinta años de propaganda catalanista omnipresente en los grandes aparatos de difusión ideológica.
En los próximos día seguiré refutando mentiras nacional-catalanistas, tales como "España odia nuestra lengua y cultura", "España nos pega", "España quiere quitarnos el autogobierno", sin olvidar la alucinatoria campaña de apropiación de símbolos de la lucha antifranquista, y la calificación abusiva de"presos políticos", que ha indignado a los verdaderos presos supervivientes,tanto a la cárcel como a las torturas franquistas, y a tantos otros exiliados de verdad, que jamás viajaron en business class para ir a alojarse en hoteles de ejecutivos acomodados, a llorar, en eventos mediáticos ,una persecución implacable de puro atrezzo. También reconstruiré la trayectoria procesista y valoraré la legitimidad de postular un pueblo como instancia superior inatacable que permite incumplir cualquier norma de convivencia.Salud.
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2016.11.19 23:15 ShaunaDorothy Pan y Rosas recicla a Selma James - Contra las teorías feministas sobre el trabajo doméstico - Revisionistas de ayer y hoy

https://archive.is/lMvv9
Espartaco No. 46 Octubre de 2016
Mujer y Revolución
La agrupación feminista y supuestamente marxista Pan y Rosas —asociada a la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI) y con filiales en Argentina, México, España y otros países— ha estado desempolvando las viejas teorías antimarxistas de Selma James, una feminista “radical” estadounidense que alcanzó cierta popularidad en los años 70 promoviendo la noción falsa de que el trabajo doméstico es trabajo productivo central al capitalismo. Las teorías de Selma James procuran apuntalar un programa reaccionario. Dado que, según ella, las amas de casa desempeñan el papel central en la producción capitalista al producir al “trabajador mismo” y su fuerza de trabajo, no deberían buscar empleo fuera del hogar. Llevando sus fantasías al extremo, James sostenía (quizá aún sostenga) que los sindicatos deberían ser aplastados, que los izquierdistas eran los agentes conscientes del capitalismo, que el libro seminal de Lenin ¿Qué hacer? era una obra “fascista”, ¡y que todas las mujeres que conseguían empleo fuera del hogar eran esquirolas porque quitaban el trabajo a los hombres! (ver “Selma James vende machismo y anticomunismo”, Women and Revolution No. 7, otoño de 1974).
Aunque Pan y Rosas no hace suyos todos los esperpentos de James —de hecho, no dice una palabra sobre estas grotescas posiciones de su veterana hermana feminista—, sí retoma su tesis central. Hace ya algunos años, como parte de una entrevista a Selma James, Pan y Rosas saludó retrospectivamente el folleto de 1972 El poder de la mujer y la subversión de la comunidad, coescrito por James y la feminista italiana Mariarosa Dalla Costa, en el que éstas presentaron sus teorías sobre el “trabajo doméstico no remunerado” (ver Pan y Rosas No. 2, 22 de mayo de 2008). En Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo (Andrea D’Atri, Buenos Aires: Ediciones IPS, 2013), un libro que ha visto ya varias ediciones en al menos cinco países, la FT-CI retoma el núcleo de las tesis de Dalla Costa y James:
“El capitalismo, con el desarrollo de la tecnología, ha hecho posible la industrialización y, por tanto, la socialización de las tareas domésticas. Sin embargo, si esto no sucede es, precisamente, porque en el trabajo doméstico no remunerado descansa una parte de las ganancias del capitalista que, así, queda eximido de pagarle a los trabajadores y a las trabajadoras por las tareas que corresponden a su propia reproducción como fuerza de trabajo (alimentos, ropa, esparcimiento, etc.)”.
El trabajo doméstico no es fuente de la ganancia capitalista, la cual proviene de la plusvalía: el salario de un obrero corresponde a la parte de la jornada durante la cual éste produce el equivalente a lo que le cuesta mantenerse a sí mismo y a su familia. La otra parte de la jornada, el obrero trabaja sin remuneración, produciendo plusvalía que el capitalista se embolsa en forma de ganancias. Los genuinos comunistas estamos por poner fin a la esclavitud doméstica mediante la creación de instituciones colectivas gratuitas que se ocupen de todas esas tareas, incluyendo prominentemente la crianza misma de los niños. Esta perspectiva, que implica remplazar a la familia nuclear —la principal institución para la opresión de la mujer en el capitalismo—, sólo puede realizarse mediante la revolución socialista (ver también “El comunismo y la familia” en Espartaco No. 45, mayo de 2016).
El artículo que publicamos abajo, traducido de Women and Revolution No. 5 (primavera de 1974, antiguo órgano de la Comisión de la Mujer de la Spartacist League/U.S.), demuele desde los cimientos las teorías de Pan y Rosas, James y Dalla Costa, cuyo objetivo es hacer una mezcolanza antirrevolucionaria entre el feminismo burgués y el marxismo.
El folleto El poder de la mujer y la subversión de la comunidad de Mariarosa Dalla Costa (coeditado por Falling Wall Press y un grupo de individuos del Movimiento por la Liberación de la Mujer de Inglaterra e Italia, 2da. edición, febrero de 1973 [publicado en español por Siglo XXI en 1975]), con una extensa introducción de Selma James, ha provocado gran controversia en muchas organizaciones de mujeres, sobre todo en Europa e Inglaterra (ver, por ejemplo, los números más recientes de la revista Radical America, Vol. 7, Nos. 4 y 5, dedicados enteramente a las cuestiones ahí planteadas).
El poder de la mujer y la subversión de la comunidad es básicamente un intento de llevar más allá la simple redefinición tercermundista del concepto de clase, es decir, la afirmación de que los más oprimidos, los “parias de la tierra”, son las nuevas fuerzas revolucionarias. Abandonando esta línea, que hasta ahora había bastado a los feministas radicales, y citando el análisis de Marx del capitalismo, el folleto intenta probar que el papel de las mujeres en la producción capitalista es central y por lo tanto también debe serlo su papel en la revolución proletaria. Pero su intento fracasa miserablemente o, mejor dicho, sólo triunfa distorsionando totalmente el análisis de Marx de la producción capitalista.
En términos de contribuciones teóricas, el folleto no merece mayor atención por parte de los marxistas, pero, dado que muchas mujeres subjetivamente revolucionarias están buscando modos de integrar su feminismo al marxismo mediante el hallazgo de algún “eslabón perdido” programático, es importante refutar la pretensión fraudulenta de esta obra de ser un análisis marxista, pretensión que, de ser aceptada, sólo llevaría a las mujeres a otro callejón sin salida. ¡Lo cierto es que no existe ningún “eslabón perdido” entre el feminismo y el marxismo, dos perspectivas fundamental e implacablemente contrapuestas!
Además de este folleto, hay otras dos obras importantes donde se exponen las teorías de Dalla Costa y James. “Women, the Unions and Work, or What is Not to be Done” [Las mujeres, los sindicatos y el trabajo, o qué no hacer] de Selma James (publicado originalmente por Crest Press de Londres y luego por Canadian Women’s Educational Press de Toronto) es un ataque explícito contra la izquierda y en particular contra los sindicatos, a los que considera organizaciones estrechas y excluyentes a las que las mujeres deben oponerse. “Wages for Housework” [Salario para el trabajo doméstico] de Giuliana Pompei, con contribuciones de la discusión de una conferencia feminista celebrada en Padua en 1972 (editado por Cambridge Women’s Liberation, traducido por Joan Hall y reimpreso por Canadian Women’s Educational Press de Toronto), retoma el tema central de Dalla Costa de las amas de casa como obreras productivas y enfatiza la exigencia de “salario para el trabajo doméstico” (que la propia Dalla Costa no enfatiza).
Para los marxistas resulta frustrante lidiar con estas obras, por sus muchas contradicciones internas. Pese a ello, a continuación intentamos resumir algunos de los aspectos más importantes de la teoría. (Aunque James le atribuye a Dalla Costa el nuevo descubrimiento, ambas lo desarrollaron, y de hecho James aporta argumentos que no presenta Dalla Costa.)
Las teorías de Dalla Costa y James
  1. Las mujeres son productoras vitales para el capitalismo, aun cuando no trabajen fuera del hogar. “Lo que queremos decir precisamente es que el trabajo doméstico como trabajo es productivo en el sentido marxista, es decir, produce plusvalía”.
  2. Producen una mercancía “privativa del capitalismo: el ser humano, ‘el trabajador mismo’”. Este trabajador, al venderle su fuerza de trabajo al capitalista, le permite a éste usarla para producir un valor mayor al que paga por esa fuerza de trabajo, produciendo así plusvalía. Pero son las mujeres quienes realmente producen esa plusvalía, puesto que producen a los obreros y su fuerza de trabajo.
“La capacidad de trabajar reside sólo en el ser humano cuya vida se consume en el proceso de producción. Primero tiene que estar nueve meses en el útero, hay que alimentarlo, vestirlo y educarlo; después, cuando trabaja, hay que hacerle la cama, limpiarle el suelo, preparar su mochila, no satisfacer pero sí calmar su sexualidad, tenerle la comida preparada cuando llega a casa, aun cuando sean las ocho de la mañana, de regreso del turno de noche. Así es como la fuerza de trabajo se produce y reproduce cuando se consume diariamente en la fábrica o la oficina.
“Describir su producción y reproducción básicas es describir el trabajo de las mujeres”.
Así, al “trabajador mismo” se le identifica con la “fuerza de trabajo” como la mercancía producida.
  1. El descubrimiento de que la familia es uno de los centros de la producción capitalista se había mantenido oculto porque los marxistas tradicionalmente se han enfocado en la clase obrera (que James y Dalla Costa equiparan constantemente con los hombres), pero esta función vital también se mantiene oculta porque a las mujeres no se les paga un salario por su trabajo. “Dentro del hogar hemos descubierto nuestro trabajo invisible...el fundamento invisible —invisible porque no se paga— sobre el que descansa toda la pirámide de la acumulación capitalista” (Pompei, “Wages for Housework”). Eso lleva a la exigencia de “salario para el trabajo doméstico” como un modo de poner al descubierto la función de las mujeres.
  2. Esta división del proletariado entre asalariados (hombres) y no asalariados (mujeres), creada por la transición del feudalismo al capitalismo, fue el quiebre fundamental entre hombres y mujeres y la alienación de los hijos de ambos. Esta distinción entre asalariados y no asalariados debe eliminarse.
  3. “El capital estableció la familia como familia nuclear y subordinó, dentro de ella, la mujer al hombre... [E]l capital ha creado el papel femenino y ha hecho del hombre de la familia el instrumento de esta reducción”. La creación del trabajo asalariado completó la subordinación de la mujer, quien, por no recibir un salario, parece estar excluida de la producción social.
  4. Las mujeres ya no deben seguir aceptando esta función. Según James: “Si la producción de uno es vital para el capitalismo, negarse a producir, negarse a trabajar, es una palanca fundamental de poder social”.
  5. Las mujeres deben oponerse a la afiliación en sindicatos, pues “al igual que la familia, éstos protegen a la clase a expensas de las mujeres”. Al excluir a los no asalariados, los sindicatos dividen a la clase y hacen imposible la lucha común. Además, el capitalismo usa a los sindicatos específicamente para contener la combatividad obrera.
  6. También las organizaciones de izquierda deben ser rechazadas, por estar “dominadas por el hombre”. Además, la izquierda cree que la solución para las mujeres está simplemente en adquirir “conciencia sindical” o en adoptar las “formas de lucha que han utilizado tradicionalmente los hombres”, es decir, las formas del movimiento obrero organizado.
  7. James y Dalla Costa ofrecen “a las amas de casa una vida social que no es la de otro empleo. Les ofrecemos la lucha misma”. Así que las mujeres deben negarse a trabajar fuera del hogar y dentro de él, y en vez de ello participar en “la lucha misma”. “Los que propugnan que la liberación de la mujer de clase obrera depende de que obtenga un trabajo fuera de la casa forman parte del problema, no de la solución”. ¿Y cómo sobrevivirán las mujeres? El crecimiento del movimiento femenino les dará sustento.
Por qué las amas de casa no son trabajadoras productivas
Dos conceptos clave conforman la base de la teoría de Dalla Costa y James de las mujeres como trabajadoras productivas: su producción de trabajadores-fuerza de trabajo (es decir, la crianza de hijos y el cuidado del esposo-obrero) y su papel en el “consumo” (las compras, la cocina, etc.) “como parte de la producción”. El argumento de que estos dos aspectos hacen que el trabajo doméstico produzca plusvalía ignora dos distinciones cruciales que hizo Marx. Éstas son: 1) la diferencia entre el consumo industrial y el consumo privado (es decir, el consumo familiar) y 2) la diferencia entre el trabajo productivo bajo el capitalismo, es decir, el trabajo asalariado que le permite al capitalista obtener plusvalía, y el trabajo simple, que produce sólo valores de uso.
Después de afirmar que “los llamados marxistas habían dicho que la familia capitalista no producía para el capitalismo, no era parte de la producción social”, James admite que “el mismo Marx no parece haber dicho en ninguna parte que lo fuera”. James es una revisionista clásica, es decir, quiere usar la inmensa autoridad de Marx, pero para ello tiene que torcer sus palabras para hacerlas encajar con sus propias teorías. De este modo justifica la peculiar omisión de Marx de no haberse declarado explícitamente en apoyo a su teoría:
“Baste decir que, en primer lugar, Marx es el único que ve el consumo como una fase de la producción: ‘es producción y reproducción de ese medio de producción, tan indispensable para el capitalista: el trabajador mismo’ (El capital, vol. I, p. 481.) Segundo, sólo él nos ha dado las herramientas para hacer nuestro propio análisis. Y finalmente, nunca fue culpable de los disparates que Engels, a pesar de sus numerosas aportaciones, nos ha echado encima...”.
Consumo privado vs. consumo industrial
Hay dos clases de consumo en el capitalismo, el industrial y el privado. Marx escribe:
“El consumo del obrero es de dos clases. En la producción misma, su trabajo consume medios de producción... Y, por otra parte, el obrero invierte en medios de vida el dinero que le paga el comprador de la fuerza de trabajo: es su consumo individual. Consumo productivo y consumo individual del obrero son, por tanto, totalmente distintos entre sí. En el primero el obrero actúa como fuerza motriz del capital y pertenece al capitalista; en el segundo, se pertenece a sí mismo y ejerce sus funciones de vida, al margen del proceso de producción”.
—El capital, Tomo 1, capítulo XXI (énfasis añadido)
Desde luego, los capitalistas toman en cuenta este consumo privado, pues es necesario para mantener y reproducir la fuerza de trabajo, sin la cual el capitalismo no puede existir, y como tal se le considera “un aspecto necesario del proceso de producción”. Pero, señala Marx, “el capitalista puede confiar tranquilamente el cumplimiento de esta condición al instinto de conservación y perpetuación de los propios trabajadores”. El hecho de que comer, vivir y reproducirse sea necesario no hace que la familia sea un “centro de la producción social”. Estas actividades tienen lugar independientemente de la forma de la producción social. El consumo individual en el hogar no es producción capitalista, pues la familia no le pertenece al capitalista. El obrero se pertenece a sí mismo y vende su fuerza de trabajo al capitalista. Éste no tiene que preocuparse de cómo el obrero se reproduce y vive (salvo para asegurarse de que se siga viendo forzado a vender su fuerza de trabajo). Así, si bien en el sentido más amplio, el consumo individual privado es un “aspecto” de la producción, es decir, se le toma en cuenta, sobre todo en el cálculo de los salarios, no es, en ningún sentido, producción capitalista. Es por eso que Marx dice que el consumo privado individual tiene lugar al margen del proceso de producción.
Trabajo productivo
Dalla Costa y James abusan violentamente del concepto marxista de “trabajo productivo”. No es claro para quién se realiza este “trabajo productivo” en el hogar, dado que el capitalista no es dueño de la familia nuclear. Claramente Dalla Costa no quiere hacernos creer que el ama de casa sea una esclavista (pues produce “seres humanos” que son mercancías), ni una minicapitalista (dado que posee sus “medios de producción”, que son sus órganos reproductivos). Dalla Costa dice que las mujeres “producen” gente. En el sentido biológico, eso es cierto. Pero esa “producción” no es “trabajo productivo” en el sentido marxista, como ella afirma.
James dice que la mercancía que ellas producen son los “seres humanos”. En otra parte, se refiere a esta mercancía como la “fuerza de trabajo”. Pero debe hacerse la distinción. Bajo el capitalismo, los seres humanos no son mercancías (como lo son en las sociedades esclavistas). Bajo el capitalismo los obreros son “libres” de vender su fuerza de trabajo. Es precisamente la venta de esa fuerza de trabajo como mercancía y su alienación con respecto a los obreros lo que caracteriza la producción capitalista:
“...la fuerza de trabajo sólo puede aparecer en el mercado como mercancía siempre y cuando sea ofrecida en venta o vendida como una mercancía por su propio poseedor, la persona cuya fuerza de trabajo es. Y, para que su poseedor la venda como mercancía, necesita poder disponer de ella, es decir, ser propietario libre de su capacidad de trabajo, de su persona”.
—Marx, op. cit. Tomo 1, capítulo IV, subtítulo 3
Pero tampoco el otro trabajo que las mujeres realizan en el hogar —el cuidado, alimentación y mantenimiento general de los obreros (maridos)— es trabajo productivo en el sentido marxista. La pregunta clave que hay que hacerse respecto a este trabajo es: ¿produce valor? y, si es así, ¿cómo se determina el valor de esta “fuerza de trabajo”? Porque si el trabajo de las amas de casa produjera valor, éste debería encarnarse en la mercancía —la fuerza de trabajo, según Dalla Costa— que este trabajo mantiene.
La producción de fuerza de trabajo es producción simple de mercancía. La fuerza de trabajo se produce y se vende a cambio de valores de uso con los cuales se satisfacen las necesidades humanas inmediatas. Ira Gerstein, en su artículo “Domestic Work and Capitalism” (Trabajo doméstico y capitalismo, publicado en Radical America Vol. 7, Nos. 4 y 5), contrasta esta producción simple de mercancías con la producción capitalista:
“La producción es limitada, porque la cantidad producida no puede rebasar la capacidad, el deseo y la necesidad de consumo del ser humano, que son finitos. En cambio, el fin del capitalista es aumentar continuamente la plusvalía. Esto no tiene nada que ver con su consumo personal... La fuerza de trabajo no se aumenta sin límite como un modo independiente de apilar riqueza”.
Marx analiza de este modo el valor de la fuerza de trabajo:
“El valor de la fuerza de trabajo, como el de cualquier otra mercancía, se determina por el tiempo de trabajo necesario para producir y también, naturalmente, para reproducir este artículo específico. En cuanto valor, la fuerza de trabajo representa solamente una determinada cantidad del trabajo social medio materializado en ella...
“La cantidad de medios de vida necesarios para producir la fuerza de trabajo incluye, por tanto, los que hacen falta para sostener a los sustitutos, es decir, a los hijos de los trabajadores, asegurando la perpetuación en el mercado de esta raza de poseedores de una mercancía excepcional...
“El valor de la fuerza de trabajo se traduce en el de una determinada cantidad de medios de vida”.
—Ibíd.
La fuerza de trabajo se crea mediante el consumo de bienes materiales (alimento, ropa) y de servicios (atención médica, educación). La suma del valor de estos medios de sustento es el valor de la fuerza de trabajo. El trabajo doméstico que realizan las amas de casa al procesar estas mercancías claramente no se toma en cuenta cuando se calcula el total. El trabajo doméstico no le añade valor a la mercancía fuerza de trabajo. Esto no significa que las mujeres no trabajen dentro del hogar, pero esta esclavitud doméstica no es producción capitalista y por lo tanto no se considera al analizar las relaciones productivas capitalistas.
La producción de fuerza de trabajo
Según Gerstein, “la fuerza de trabajo es la única mercancía de la sociedad capitalista cuya producción general no se realiza de manera capitalista”. Sin embargo, hay otras mercancías que no se producen “de manera capitalista” en el capitalismo; por ejemplo, las materias primas naturales, como los peces que se pescan en el mar. Estos existen y se reproducen a sí mismos, aunque no de manera capitalista. Y la producción de seres humanos, que poseen en sí mismos la capacidad de trabajo, debe verse del mismo modo que la de esos otros productos naturales, puesto que la propagación de la especie humana es un acto natural. La autoproducción de las cosas y los servicios que el obrero y su familia consumen tiene lugar fuera del conjunto de la economía política capitalista. Es, además, una actividad universal de los seres vivos (el “instinto de conservación” que Marx señala). James, al insistir obstinadamente en que “en el capitalismo no hay nada que no sea capitalista”, oscurece la distinción fundamental entre la producción de fuerza de trabajo y la producción capitalista.
Cuando decimos que la propagación es un “acto natural”, debe quedar claro, sin embargo, que la forma de familia en que esta propagación se organiza no está determinada simplemente por la biología, sino por la sociedad.
Orígenes de la familia
¿Cómo fue que las mujeres se vieron esclavizadas en el hogar? No fue el capitalismo quien creó esta esclavitud doméstica, cuyos orígenes, mucho más antiguos, surgieron del desarrollo de la propiedad privada y del excedente social que los hombres acumularon de su trabajo. Según Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, en la Edad de Piedra la tierra pertenecía en común a todos los miembros de la tribu. Si bien había una división del trabajo entre los sexos, también había igualdad, pues todos participaban en el trabajo productivo y contribuían a la economía. Cuando con el tiempo aumentó la capacidad productiva de los seres humanos, se hizo redituable el utilizar esclavos —la primera forma de propiedad privada—. El ganado, la tierra y otras formas de propiedad también se privatizaron por primera vez, provocando una revolución al interior de la familia. Los hombres siempre habían sido responsables de procurar las necesidades de la vida, pero ahora, a pesar de que la división del trabajo al interior de la familia se mantuvo esencialmente inalterada, el trabajo doméstico que realizaban las mujeres dejó de contar en comparación con el poder económico de los hombres. Engels concluyó que las mujeres podrían conquistar la igualdad con los hombres sólo cuando volvieran a participar en igual medida que ellos en la producción económica general.
James dice que Marx “nunca fue culpable” de estos “disparates” de Engels. Pero, si esto es cierto, es sólo porque Marx murió (en 1883) un año antes de que Engels completara esta obra que ambos habían concebido como un libro conjunto. De hecho, en el prefacio a la primera edición, Engels afirma: “Los capítulos siguientes vienen a ser, en cierto sentido, la ejecución de un testamento. Carlos Marx se disponía a exponer personalmente los resultados de las investigaciones de Morgan...tengo a la vista, junto con extractos detallados que hizo de la obra de Morgan, glosas críticas que reproduzco aquí, siempre que cabe”.
Dalla Costa y James sostienen opiniones divergentes en cuanto a la cuestión de los orígenes de la opresión de la mujer, y ambas se equivocan. James afirma que el sexismo primordial es la raíz de la opresión de la mujer. Dalla Costa, por su parte, afirma que es resultado de las relaciones económicas capitalistas, tesis que la lleva a afirmar que la posición de la mujer en la sociedad feudal era en cierto modo más progresista:
“En la medida en que los hombres han sido las cabezas despóticas de la familia patriarcal...la experiencia de las mujeres, los niños y los hombres fue una experiencia contradictoria... Pero, en la sociedad precapitalista, el trabajo de cada uno de los miembros de la comunidad de siervos se consideraba dirigido a un objetivo: o bien la prosperidad del señor feudal o nuestra supervivencia... El paso de la esclavitud a la fuerza de trabajo libre separó al hombre proletario de la mujer proletaria...”.
La insistencia de Dalla Costa y James en la importancia del trabajo productivo de las amas de casa como central en su potencial revolucionario contradice las afirmaciones de que: 1) con la transición desde el feudalismo, la mujer fue excluida del trabajo productivo por la fuerza, y 2) el feudalismo era menos opresivo para las mujeres que el capitalismo, puesto que en aquél las mujeres eran reconocidas como trabajadoras productivas.
El capitalismo en realidad sentó las bases para la liberación de la mujer, porque: 1) una vez más, abrió el camino a la participación de las mujeres en la producción social, creando oportunidades para el desarrollo de su conciencia social y para la lucha organizada contra la opresión fuera de la estructura unifamiliar aislada; y 2) el ascenso del concepto burgués del individuo libre —contrapuesto a las nociones medievales del linaje, el privilegio aristocrático y la dominación religiosa, que codificaban la creencia de que la mujer era inferior— sentó las bases intelectuales para el reconocimiento de las mujeres como humanos plenos con derechos iguales a los del hombre, un concepto totalmente ajeno a la mentalidad medieval (y aparentemente irrelevante para Dalla Costa).
El capitalismo creó las bases de la emancipación de la mujer mediante el desarrollo de las fuerzas productivas, pero ya hace mucho que ha sobrevivido a su papel histórico progresista y ahora constituye una barrera tanto al mayor desarrollo de las fuerzas productivas como a la emancipación de la mujer. Las mujeres no podrán ser libres mientras no se elimine la escasez, no se abolan las clases y no se remplace la familia. En otras palabras, no podrán ser libres mientras no se establezca la sociedad socialista.
La familia bajo el capitalismo
La perpetuación de la unidad familiar monógama en las sociedades capitalistas avanzadas no se debe a un diabólico complot de los capitalistas para extraer cada vez más ganancias de la clase obrera. Incluso en su forma actual, la familia le cuesta a los capitalistas, en pesos y centavos, más que si sus funciones fueran socializadas. El valor que la familia tiene para la burguesía no radica en la eficiencia con que produce fuerza de trabajo, sino en su utilidad como reserva de pequeña propiedad privada y pequeña producción, que hacen de ella un freno ideológico a la conciencia social. Es por eso —así como para liberar a las mujeres de la esclavitud del trabajo doméstico repetitivo, vacuo y enervante— que una de las tareas de la revolución socialista será remplazar a la familia.
La función económica originaria de la familia monógama fue la transmisión de la propiedad privada por medio de la herencia. Esta función sólo es económicamente útil para las clases propietarias, no para el proletariado, que posee pocas cosas de valor que heredar. Así, está en el interés material de la clase obrera el cumplir con el papel históricamente progresista de socializar las funciones de la familia después de la revolución.
Pero, además de ello, la ideología reaccionaria de la familia nuclear también hace posible organizar a las amas de casa de la clase obrera para fines reaccionarios, puesto que su conciencia tiende a centrarse en la defensa y extensión de cualquier pequeña propiedad que su familia pueda poseer. Así, en Chile, en 1971, la oposición de los demócratas cristianos y del Partido Nacional pudo organizar con éxito grandes manifestaciones de amas de casa (como amas de casa) contra el régimen de Allende. No hay nada en la estructura de la familia que pueda llevarnos a suponer respecto de las amas de casa, como hacen James y Dalla Costa, que “cuando llega la hora de manifestarse, nada las detiene y hacen lo que saben que hay que hacer”, ni tampoco que consideren que lo “que hay que hacer” es contribuir a derrocar al capitalismo, y no a mantenerlo.
La respuesta de Dalla Costa y James a la opresión de las mujeres es que las mujeres deben retirarse completamente de la sociedad capitalista, llevándola así a colapsar. Si trabajan en una fábrica, deben renunciar, pues reclutar mujeres a la fuerza de trabajo es un complot capitalista para impedir la revolución. “El gobierno, actuando en el interés de la clase capitalista...ha creado el desempleo” para que “...nos conformemos con las migajas que el amo deja caer de su mesa”. Esta teoría de la historia como una conspiración diabólica supone que los capitalistas son totalmente libres de hacer lo que les plazca independientemente de las leyes del movimiento de la economía capitalista. Lo cierto, sin embargo, es que en las condiciones de la sociedad imperialista decadente a los capitalistas les es imposible ofrecer pleno empleo, ¡quiéranlo o no!
Y los obreros, lejos de ser simples crédulos, ¡se ven bajo la obligación económica de trabajar! Pero James y Dalla Costa pasan esto por alto. Su concepción de por qué la gente hace las cosas se basa no en el mundo material sino en una concepción idealista de la realidad.
Los sindicatos y la izquierda
Dalla Costa y James también argumentan que, dado que al trabajar se sufre explotación y por lo tanto debe evitarse, las organizaciones que se centran en el lugar de trabajo, es decir, los sindicatos, también son malos. Los sindicatos “dividen” porque toman en cuenta sólo a los asalariados e ignoran al resto del “proletariado” (es decir, a los ancianos, los enfermos, los bebés y las amas de casa). Esto no es más que la vieja práctica de la Nueva Izquierda de identificar al más oprimido con el más revolucionario.
Sin embargo, no fueron los sindicatos quienes crearon las hostilidades entre los distintos sectores sociales —sexuales, raciales, entre empleados y desempleados— que debilitan a la clase obrera. Estas hostilidades son parte integral de la sociedad de clases, son manifestaciones de la ideología burguesa que los sindicatos no crean pero que sí reflejan (en la medida en que siguen sometidos a direcciones conservadoras). Los sindicatos son básicamente organizaciones defensivas de la clase obrera destinados a proteger cualquier conquista económica que hayan podido arrebatar a la clase capitalista. Por lo tanto, los marxistas deben defender a los sindicatos y tratar de extenderle su protección a todos los obreros. Existe una brecha crucial, que James ignora, entre los apetitos de la burocracia sindical actual, que sirve como agente del capital al interior de la clase obrera para mantenerse en el poder, y las bases sindicales, que no tienen trabajos fáciles ni ostentosos planes de pensiones que los protejan, ni la oportunidad de participar en la colaboración de clases con los capitalistas.
Los marxistas nunca hemos dicho que la organización sindical o la “conciencia sindical” sea suficiente por sí misma para hacer una revolución. Si así fuera no haría falta un partido revolucionario de vanguardia. James da una idea falsa a su audiencia cuando escribe:
“Se nos dice que debemos llevar a la mujer lo que llaman ‘conciencia sindical’. Esta frase es de Lenin y procede de un folleto titulado ¿Qué hacer?”.
Esto claramente implica que para Lenin la “conciencia sindical” era “la respuesta”. ¡Pero todo el punto del ¿Qué hacer? es precisamente la necesidad de trascender la mera conciencia sindical! Lenin escribe:
“El movimiento obrero espontáneo sólo puede crear por sí mismo el tradeunionismo (y lo crea de manera inevitable), y la política tradeunionista de la clase obrera no es otra cosa que la política burguesa de la clase obrera”.
—V.I. Lenin, ¿Qué hacer?
Es verdad que algunas organizaciones de izquierda, e incluso supuestos trotskistas, van a la cola de manera oportunista y acrítica de todo burócrata “de izquierda” y se adaptan a los aspectos más atrasados de la conciencia obrera, pero esto es una traición al marxismo, que la Spartacist League ha denunciado consistentemente. La acusación generalizadora de Dalla Costa de que “la izquierda” está “dominada por hombres” es particularmente insultante para las revolucionarias mujeres, pues supone que los hombres dominarán automáticamente cualquier organización, y que, sin importar su nivel de conciencia, las mujeres nunca podrán hablar por sí mismas. Esta acusación también es insultante para los revolucionarios hombres, pues se basa en la incapacidad de trascender una visión machista del mundo y de hacer causa común con las mujeres. Todo se reduce, una vez más, a la sentencia de la Nueva Izquierda de que “sólo los oprimidos pueden entender realmente su propia opresión”.
Conclusiones
Hay mucha confusión en las organizaciones de mujeres respecto a qué conclusiones sacar de las obras de Dalla Costa y James. Esto se debe a que su retórica de “lucha de clases” oscurece en parte el odio real que le tienen a esa lucha y la hostilidad que sienten por el proletariado. En realidad, Dalla Costa y James no tienen programa alguno para la liberación de la mujer. Su “programa” no es más que el rechazo: las mujeres deben rechazar el trabajo, deben rechazar a la izquierda, deben rechazar el hogar, deben rechazar a sus maridos, etc. ¿Y cuál es el sustituto que proponen? Sólo la deliberadamente vaga “lucha misma”. ¿Luchar por qué? Pompei responde: “Lo que queremos no es ser más productivas, no es ir a que nos exploten mejor en otro lado, sino trabajar menos y tener más oportunidades de experiencias sociales y políticas”. Ciertamente es un deseo legítimo, y uno que comparten todos los oprimidos y explotados. Pero soñar que esto se puede conseguir sin aplastar la sociedad de clases capitalista es puro utopismo. Sin entender cómo opera el capitalismo y cómo puede ser derrocado, todas las demandas programáticas concretas se vuelven meras reformas cosméticas, cuyo efecto es reforzar al sistema, en vez de derrocarlo.
En el corazón de las tesis de Dalla Costa y James yace la creencia de que las mujeres pueden retirarse de la sociedad capitalista y encontrar un camino propio y exclusivo a la salvación fuera de las relaciones capitalistas. ¿Y por qué hacer encajar a las amas de casa en el sistema económico capitalista si su fuerza yace al margen de éste? Ésa es la más flagrante de todas sus contradicciones.
La razón por la que Dalla Costa y James intentan hacer encajar a las amas de casa en el molde de los “trabajadores productivos” de Marx es simplemente que no pueden enfrentar de ningún otro modo el desafío que el marxismo representa para su visión feminista del mundo. Esta delgada capa de “marxismo” no es más que una cubierta para la vieja ideología de la Nueva Izquierda de que todo el que trabaja ya se vendió, ignorando totalmente la férrea necesidad, que enfrenta la mayor parte del mundo, de trabajar o morirse de hambre. Es un reflejo de la visión del mundo de los pocos privilegiados, los “radicales” pequeñoburgueses que han glorificado el primitivismo al grado de saludar a los hambrientos y enfermos campesinos de subsistencia del “Tercer Mundo” como la nueva fuerza revolucionaria. Y mientras estos radicales de sofá refinan sus teorías en la comodidad del aire acondicionado, los campesinos a los que idealizan son masacrados debido al primitivismo de sus recursos. Aunque está bien que James trate de “superar esta culpa de vivir en un departamento alfombrado”, no es un problema que tenga la mayoría de las mujeres (ni de los hombres), que tienen que luchar para comer, para ganarse la vida de algún modo, y para hallar la manera de superar la muy real opresión material que sufren, una opresión creada por una sociedad de la que no pueden escapar. James les dice a estas mujeres que dejen de trabajar, que rechacen los salarios de sus esposos y que vivan de...¿de qué? ¿Del aire? ¿O las va a invitar a todas a dormir en su departamento alfombrado? ¿A eso se refiere cuando dice que “el movimiento les dará sustento”? Para lo único que sirven las teorías de Dalla Costa y James es para jugar a la revolución sin ninguna intención real de buscar activamente aplastar al capitalismo. Como dijo Marx, “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. De lo que se trata no es de darle la espalda al capitalismo ni de crear en su interior una alternativa para los bohemios pequeñoburgueses, sino de aplastarlo para siempre y comenzar la construcción de una sociedad socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/46/james.html
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2016.11.15 13:57 EDUARDOMOLINA ENTREVISTA Joseph Stiglitz: "El euro debe salvarse, pero no a cualquier precio". "En lugar de lograr más solidaridad, lo que ha traído la moneda única es más división". "La primera obligación de un Gobierno es lograr el pleno empleo". Los bancos deben corregir los daños que han causado.."

Andreu Missé
http://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/euro-Stiglitz-entrevista_6_580301974.html
"Desde Europa siempre se han visto con reticencia las críticas de los economistas estadounidenses a la construcción de la moneda única. Muchos intelectuales y políticos europeístas opinan que los académicos de la otra orilla del Atlántico no comprenden que el euro es un proyecto político además de monetario. Por otra parte, los defensores del euro subrayan que el euro es un proyecto en fase de construcción, que apenas lleva veinte años de vida. Aunque reconocen los fallos originales (ausencia de unión económica y política), consideran que la moneda única debe mantenerse a toda costa y corregir sus deficiencias paulatinamente en los próximos años.
El análisis de Joseph E. Sitglitz, premio Nobel de Economía en 2001, no encaja precisamente con la corriente mayoritaria de críticas a la moneda única. El catedrático de la Universidad de Columbia es un apasionado del proyecto europeo, que considera superior al de Estados Unidos. "El modelo social europeo", explica a Alternativas Económicas, "era una alternativa al modelo de desigualdad de Estados Unidos". "Pero si el euro lo destruye", añade, "entonces sólo nos quedará Suecia, Noruega, pero estos Estados son demasiado pequeños para considerarlos un modelo europeo".
Stiglitz sostiene que "si no se quiere el modelo neoliberal de Estados Unidos ni un modelo socialista, ¿entonces qué esperanza podemos tener?". Su opción es el proyecto europeo, pero "el problema es que el modelo social europeo no funciona".
Stiglitz profundiza en sus análisis sobre Europa en su reciente libro El euro. Cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa (Taurus). Es desde una posición claramente europeísta que el profesor estadounidense expresa sus preocupaciones sobre el futuro del proyecto de la Unión Europea.
¿Qué es lo que ha fallado? ¿La estructura de la unión monetaria o las políticas que se han aplicado después en la zona euro?
Ahora en Estados Unidos cuando se analiza por qué los países de la zona euro se comportan de una manera tan pobre, casi todo el mundo está de acuerdo en que el euro no funciona bien. La mayoría cree que se ha incurrido en numerosos errores políticos: por ejemplo, la manera en que se trató a los bancos en Irlanda o la forma en que se abordó el déficit en Grecia. En mi libro planteo que los políticos más geniales, aunque vayan con sus mejores intenciones, no pueden lograr que el euro funcione sin romper las reglas que lo crearon, sin constituir nuevas instituciones como un seguro de depósitos europeo o los eurobonos. La idea básica es, pues, que si se quiere que la zona euro funcione hay que cambiar no sólo las políticas, sino también la estructura.
¿Los fallos de construcción del euro se deben a la ideología que dominaba, sobre todo en Alemania, en aquel momento?
El euro fue fundado en un momento determinado, en 1992. En aquel momento la ideología dominante era compartida por Alemania, pero también por otros países. Las ideas dominantes eran que si se controlaba el déficit y se mantenía la inflación baja, el mercado ya arreglaría el resto de problemas. Pero la crisis asiática de 1997 demostró que esto era un error. Y la crisis financiera global de 2008 ratificó aún más que dejar la solución en manos del mercado era una equivocación. Lo que ha ocurrido es que en 2010, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha cambiado de pensamiento y se ha dado cuenta también de que estas ideas de limitarse a controlar el déficit y la inflación eran equivocadas y que se necesitan políticas expansivas, pero Alemania y algunos países no lo ven así.
Usted subraya que el euro no ha generado prosperidad y tampoco ha reducido las diferencias entre los países europeos. Es más, incluso destaca que ha aumentado las diferencias.
Efectivamente. Se puede decir que la crisis financiera global contribuyó a agravar los problemas en Europa, pero todo el mundo reconoce que la prueba del euro se verificó cuando apareció la crisis. Y cuando surgió la crisis, el euro falló. Lo mismo ocurrió en el plano político, cuando aparecieron fuerzas políticas que pusieron a prueba la política de solidaridad. Por ejemplo, cuando Europa se amplió al Este se crearon fuertes presiones migratorias mucho más fuertes que las existentes cuando se creó la Unión Europea. Y estas presiones aumentaron los problemas económicos y políticos y crearon más euroescépticos. En esta situación la economía del euro hizo a los países pobres más pobres y a los ricos más ricos. Aumentó la división y las políticas de la troika aplicadas al Sur la hicieron crecer más. El resultado es que Alemania, que pensaba que estaba ayudando a Grecia, estaba cada día más enfadada con los griegos y éstos a su vez cada vez más irritados con los alemanes. Así que en lugar de lograr más solidaridad, lo que se ha conseguido es más división.
Para muchas personas, el euro es la profundización lógica del mismo proceso de construcción europea. Pero usted distingue entre el proyecto europeo y el euro. Usted está claramente a favor de la Unión Europea, pero ve muchos problemas con el euro. Dice que el proyecto europeo es demasiado importante y no se puede permitir que sea destruido por el euro.
Exactamente. Cuando uno considera la moneda, un pedazo de papel, se ve claramente que es un medio, no un fin en sí misma. El dinero es un medio, no un fin. El acuerdo monetario es un medio, no un fin. Si la moneda se convierte en un fin en sí mismo e impide conseguir el objetivo, entonces tienes que repensar el medio.
De todas formas usted dice en su libro que el euro puede y debe ser salvado.
Lo que digo es que la Unión Europea tiene que ser salvada y que el euro puede y debería ser salvado, pero no a cualquier precio.
Para salvar el proyecto de la moneda única, propone una serie de reformas. Usted compara el triple mandato de la Reserva Federal de Estados Unidos (crecimiento, empleo y estabilidad de los precios) con el único objetivo del Banco Central Europeo (control de la inflación). En su opinión, la reforma más urgente es lograr un compromiso por el pleno empleo en Europa. ¿Cuál es su recomendación concreta?
Después de la Segunda Guerra Mundial, la mayor responsabilidad de un gobierno en una economía moderna es lograr el pleno empleo. Esto no lo hace el mercado. Si no se siente esta responsabilidad, se derrochan los recursos, se crea desigualdad y se crea sufrimiento. Por tanto, la principal responsabilidad del Gobierno es lograr el pleno empleo. Pero si el diseño del euro impide el pleno empleo, entonces hay replantearlo. ¿Qué significa todo esto? Pues que todas las instituciones deben ser coherentes con mantener el pleno empleo. Una de las instituciones más importantes es el Banco Central Europeo y éste no está pensando ahora en el pleno empleo.
En el caso de España, ahora tenemos el 19,5% de desempleo y más del 43% de paro juvenil, que son claramente insoportables. En 2012, en el momento peor de la crisis, superamos el 26% de desempleo. ¿Cree que esta situación es consecuencia de pertenecer a la zona euro y de sus políticas?
Oh, claramente es parte de esto, porque si España no perteneciera a la zona euro podría devaluar su moneda, sus exportaciones se habrían incrementado y su economía podría ser estimulada, y así tendrían más crecimiento, más trabajo y menos paro.
Muchos políticos y académicos dicen que la solución es "más Europa". Pero "más Europa" significa más solidaridad de los países ricos hacia los pobres, y entonces viene Alemania y dice que esto es "la Europa de transferencias" a la que se opone frontalmente. ¿Entonces qué se puede hacer?
Este aspecto es precisamente el más interesante de mis debates durante este viaje a Europa. Hay políticos y economistas que dicen que para "salvar el euro hay que hacer más Europa". Son personas que creen dos cosas contradictorias al mismo tiempo. Porque decir que para salvar el euro necesitamos "más Europa", lo cual supone más transferencias teniendo en cuenta que Alemania no quiere, no es una conclusión lógica.
¿Cree que es posible que el euro pueda funcionar con un presupuesto europeo del 1% del producto interior bruto (PIB) de la Unión?
No, si se quiere mantener el euro. Sí, si sólo se quiere tener un acuerdo comercial. Sí, si sólo se quiere tener un pequeño proyecto europeo, un acuerdo comercial, un Erasmus un poco mayor. Pero si se quiere tener una real integración política y económica, obviamente no.
Durante los últimos años, los comisarios de Competencia, primero Joaquín Almunia, y recientemente Margrethe Vestager, han abierto investigaciones a los acuerdos que facilitan la evasión fiscal entre algunos países (Irlanda, Luxemburgo y Holanda) y algunas multinacionales (Apple, Amazon y Starbucks), que suponen graves perjuicios para el sostenimiento de los servicios públicos de estos países. ¿Qué opina de estos acuerdos?
Cuando un Estado roba los impuestos a otros Estados esto crea muchos perjuicios. Esto es una de las externalidades importantes de la zona euro, como puede ser la medioambiental. Lo que le puedo decir es que cuando hice unas declaraciones contra el acuerdo de Apple y el Gobierno irlandés en una radio irlandesa, mucha gente me escribió para darme las gracias y decirme que lo que hizo el Gobierno fue un mal acuerdo para su país.
¿Qué consejos daría a nuestro Gobierno para afrontar sobre todo el gran problema del desempleo?
Creo que el primer consejo sería que tratara de trabajar con otros países para reformar la zona euro. Y el segundo consejo sería empezar a pensar en un debate abierto sobre las alternativas posibles.
¿En qué alternativas está pensando?
En cómo organizar un euro más flexible. También cómo animar a las universidades a estimular más debates sobre las actuaciones del Gobierno, lo que significa conectar con la sociedad para afrontar los efectos de la crisis financiera.
Uno de los problemas del sistema financiero actual es el papel de los bancos. Usted ha dicho que los bancos deben servir a la sociedad y a la economía. Pero la realidad es que no sólo no sirven a la economía, sino que causan muchos problemas.
Estoy de acuerdo. Por eso mi crítica es que la mayor parte de las reformas y regulaciones deben centrarse en que los bancos corrijan los daños que han causado a nuestra sociedad.
¿Qué piensa del creciente proceso de concentración bancaria que se está produciendo? Cuando se analizaron las causas de la crisis se dijo que los bancos eran excesivamente grandes. Ahora Mario Draghi, presidente del BCE, propone como solución más fusiones, lo que conduce a bancos más grandes. ¿Qué consecuencias va a tener esto?
La verdad es que es difícil tratar con los grandes bancos. Recuerdo que se decía de los bancos "demasiado grandes para caer, demasiado grandes para ser salvados, demasiado grandes para ser encarcelados". Estoy totalmente de acuerdo. La teoría de que si coges dos bancos débiles y los fusionas tienes un banco fuerte es absurda. La realidad es que si tomas dos bancos endebles y los fusionas lo que consigues es un banco más grande que puede causar más problemas a la sociedad. El verdadero problema de los bancos grandes es su poder político.
¿Por su influencia?
Por la influencia de los lobbies. Cuando vemos un gran banco como Deutsche Bank en Alemania o JP Morgan y Citibank en Estados Unidos se observa que son bancos con más poder del que deberían ejercer. Hay bancos, como Wells Fargo, que han falsificado millones de cuentas. Todos los bancos están involucrados en fraudes masivos y su estrategia ha sido litigar y litigar con la idea de que tienen más dinero que el Gobierno.
De todas formas, en Estados Unidos han puesto multas elevadas a los bancos por sus prácticas abusivas, que en ocasiones han superado los 16.000 millones de dólares, mientras que en España las sanciones han sido de cuantías ridículas.
El problema es que la mayoría de estas multas han sido pagadas por las entidades y no por los banqueros. Los banqueros se llevan los beneficios y las multas recaen en la sociedad.
La situación en España ha sido especialmente grave. Porque se ha forzado a preferentistas, que eran pequeños ahorradores, a salvar a los bancos y no se han castigado los abusos de sus directivos.
No conozco la situación española. Pero en general estos casos deben resolverse con un seguro que garantice los depósitos. La idea de que los depositantes deben rescatar a los bancos me parece equivocada. Los accionistas y los bonistas deben pagar. Si ha existido algún tipo de indecencia como en Italia, donde se vendieron bonos deshonestamente a los afectados, hay que protegerlos.
En su libro El euro usted llega a conclusiones muy deprimentes sobre el proyecto europeo, pero al mismo tiempo se proclama optimista. ¿Cómo puede explicar esto?
Bien. La esperanza es la base del optimismo. Hay que distinguir entre las desgracias naturales como un huracán, en las que no podemos hacer nada, y los problemas causados por los hombres. Hay cosas que exceden nuestro control. Pero los problemas causados por los hombres siempre se pueden resolver por los hombres.
Usted ha dedicado muchas de sus investigaciones y varios libros a explicar los estragos que está causando la desigualdad. En relación con este problema ha señalado que "hay que ser radical para afrontar la desigualdad". ¿Qué significa ser radical para usted?
Lo que quiero decir es que los aspectos negativos de la desigualdad no se pueden resolver con pequeñas medidas. Mejorar un poco la educación o un poco el salario mínimo está bien, pero para resolver los efectos negativos de la desigualdad tenemos que adoptar medidas mayores y más valientes.
¿Qué más se debe hacer?
Por ejemplo, cambiar la legislación para dar más voz a los trabajadores en la negociación colectiva. Y por otra parte, regular más el mercado. Hemos visto durante los últimos veinte años que los mercados no funcionan bien y hay que regularlos para que funcionen de una manera socialmente justa.
La desigualdad es una consecuencia de la globalización o quizá de los excesos de la globalización. ¿Es posible una globalización que sea beneficiosa para todo el mundo?
Es posible, pero difícil. Los defensores de la globalización dicen que la sociedad va a ser más rica. Lo que ellos quieren decir es que los beneficios de los ganadores son mayores que las pérdidas de los perdedores. Esto significa que se pueden poner impuestos a los ganadores y dar una parte del dinero a los perdedores y entonces todo el mundo podría ganar. Pero los vencedores de la globalización, una vez han conseguido los beneficios, no quieren ayudar a los perdedores y esta es la razón por la que tenemos más desigualdad.
La separación del Reino Unido de la Unión Europea, el proceso conocido como Brexit, ha abierto la última crisis de la UE. ¿En su opinión, el Brexit es un primer paso que será seguido por otros países o una oportunidad para replantear el proyecto europeo?
Espero que sea un paso para repensar Europa. La reacción de algunas personas como Jean-Claude Juncker no fue positiva. Subrayó en lo que no estaba de acuerdo. Juncker no dijo "tenemos que explicar a nuestros ciudadanos los beneficios del euro y de la Unión Europea". No dijo "tenéis que estar seguros de que la Unión Europea es beneficiosa para los ciudadanos". Su postura no fue una agenda positiva.
Las últimas noticias sobre el Brexit son muy preocupantes. La primera ministra británica, Theresa May, ha manifestado su interés en aumentar el control sobre los trabajadores extranjeros en el Reino Unido.
Lo que hay que tener en cuenta es que el Brexit ha sido en parte consecuencia de que las relaciones que regulaban la emigración se habían roto. Una de las cosas que han quedado claras es que la emigración hay que analizarla atentamente. Cuando se habla de libre emigración hay que tener en cuenta que puede imponer más costes a unos países que a otros. De repartir la carga tendremos una reacción."
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2016.08.14 13:57 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.08.14 13:30 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.07.24 08:57 EDUARDOMOLINA CIUDADANOS el plan B. Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, expresó la necesidad de crear un nuevo partido de derechas con la misma vitalidad que Podemos. Un plan B para el Partido Popular.

Miguel Roig
http://www.eldiario.es/zonacritica/plan_6_540405955.html
" Una escritora amiga formó parte hace unos días de una mesa redonda en la que se discutían las relaciones de realidad y ficción en los textos y me contaba su punto de vista mientras compartíamos un café. Mi amiga sostiene que en aquellos casos en los que bajo el rótulo de «novela» el autor incluye pasajes de su vida personal se está ante un libro que no puede llevar esa definición. ¿Por qué, entonces, el editor insiste en ello? Según ella es por una cuestión de marketing. Al parecer, en España el ensayo y la denominada «no ficción» son libros de poca venta; la novela sería el único vehículo comercial que goza de una relativa salud. Por lo tanto, ya sea el relato del secuestro de un familiar o el trance de una enfermedad terminal que hayan tenido lugar en la experiencia del escritor y que se narren dando claros indicios de veracidad y datos concretos que vinculan a los hechos con el autor y esto se destaque, incluso con alarde, en la solapa, siempre se lanza al mercado como novela, nunca como «no ficción».
Hubo un caso hace unos años con un libro que escribió Javier Cercas, Anatomía de un instante, en el que se busca reconstruir el golpe del 23F que fue cuestionado por Arcadi Espada. El periodista ponía en tela de juicio el valor de lo narrado adjudicando el texto a la imaginación de Cercas y no a la crónica de los hechos. Espada tensó de tal modo la discusión que llegó a publicar una noticia falsa que protagonizaba Cercas y que rozó el escándalo con el único fin de probar su tesis.
Más allá de los límites de esta discusión y partiendo de la base que desde Jenofonte o Herodoto, incluida su versión de la batalla de Salamina, hasta Paul Preston y sus perfiles de Franco y Juan Carlos I, todos los textos esconden una construcción del yo.
Ocurre, sin duda, que en el caso de Cercas, tenga su libro mayor o menor fidelidad sobre los hechos, su valoración es mucho más pertinente desde el campo del arte que desde la veracidad de lo que narra. Y en los casos de Preston o Raymond Carr el juicio sobre su trabajo se realiza desde una ciencia social.
Ahora, siguiendo el mismo análisis, ¿es la política una género que puede abandonar su razón de ser original y volcarse desmedidamente a la construcción de relatos cuya tensión se sostiene desde el marketing? ¿Cuándo es ficción la política?
Ciudadanos nació en Cataluña y Albert Rivera, su líder, no tuvo ningún reparo en desvestirse para publicitar entonces su figura. Un desnudo integral para denunciar que la independencia era privar a los catalanes del abrigo español y exponerlos al frío del aislamiento. Quedó claro, desde un primer momento, que aquello era mucho más que política. O, mejor dicho, era otra cosa.
Así como un telediario expone una noticia y un reality show la crea, Rivera creó una imagen desde el primer día, exhibiendo su desnudez, que tenía mucho más de storydoing que de storytelling (para seguir con el marketing): no se limitaba a narrar, se extendía abiertamente a la performance.
Cuando Ciudadanos se lanza como partido nacional, Rivera se viste con el relato de la regeneración democrática y a la hora de brindar sus coordenadas ideológicas ofrece un cruce de géneros: liberal y socialdemócrata. Así como la «no ficción» se asimila a la ficción para vender, la «no política» se escuda en la supuesta política para compra votos. Aunque Guy Debord murió en los noventa, se sostiene el empeño en mantener sus ideas vigentes.
Después de la europeas de 2014, primer síntoma de la incipiente inestabilidad del bipartidismo, Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, expresó la necesidad de crear un nuevo partido de derechas con la misma vitalidad que Podemos. Un plan B para el Partido Popular. Esa posibilidad se convirtió en un hecho con la construcción e inmediata irradiación política de Ciudadanos. Tal vez sea apresurado afirmar que Ciudadanos es consecuencia del deseo de Oliu pero no es menor el gesto de expresar la necesidad de poner en marcha un artefacto político y en pocos meses tenerlo en acto.
Al perfil liberal de Ciudadanos, tal como deja traslucir el economista Luis Garicano, le falta el prefijo neo. La cara socialdemócrata del constructo se ve empañada con una política de género que, incluso, sería difícil que asumiera el Partido Popular. Y la regeneración democrática ha quedado seriamente dañada estos días con la manipulación que Rivera hizo del rol del Jefe de Estado al declarar que le pediría su intervención ante Pedro Sánchez para que los socialistas se abstengan en una hipotética votación de la investidura de Mariano Rajoy.
Rivera más que un productor de relatos parece un personaje en busca de autor, un ser desnudo que en plena campaña electoral convierte a Venezuela en una circunscripción electoral mientras se llena sin pudor de objetos color naranja –móvil, reloj, pulseras– al igual que Hugo Chávez exteriorizando sus convicciones con camisetas rojas.
Rivera confunde ficción con realidad y esa impericia al escribir su texto muestra el estilo: la ausencia total de política que le llevará a un destino tal vez involuntario pero, una vez más, dentro de la agenda de Josep Oliu: votar sí a la investidura de Mariano Rajoy. Quizás por eso, hasta Arcadi Espada, después de fundar Ciudadanos, se dio de baja."
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2016.06.18 12:01 EDUARDOMOLINA Transversalidad y nueva socialdemocracia. Podemos ha conseguido ser reconocido como su representación política por una gran parte de la ciudadanía indignada. Y en ello ha tenido un papel central su discurso y su liderazgo.

Por Antonio Antón
http://www.nuevatribuna.es/opinion/antonio-anton/transversalidad-y-nueva-socialdemocracia/20160617150627129399.html
"En un artículo anterior hemos explicado la importancia de la experiencia popular en la construcción de un sujeto colectivo (llámese clase, pueblo o nación) y la relación entre intereses e ideas en la articulación de ese proceso. En este texto nos centramos en el alcance de la transversalidad entre izquierda y derecha, señalando la relevancia de la igualdad y la democracia, como valores fundamentales de un nuevo proyecto político, que Pablo Iglesias ha definido como ‘nueva socialdemocracia’. (Un desarrollo más amplio está en el reciente libro Movimiento popular y cambio político. Nuevos discursos -ed. UOC-). No consideramos positiva la existencia de una ideología completa y cerrada, pero sí es necesario cierta doctrina, normativa, estrategia, ideas y valores o propuestas políticas que enlacen con la cultura ciudadana (o conciencia social) y una actividad articuladora de élites o representantes ‘populares’ (en la tradición marxista eran vanguardias). Los grandes valores o ideas clave (igualdad, libertad, solidaridad, democracia, laicismo…) de la historia ilustrada y la mejor izquierda democrática reflejan el esfuerzo colectivo y el proyecto transformador de amplias capas populares, forman parte de su experiencia y su cultura para cambiar las dinámicas de fondo de desigualdad, dominación y subordinación. No son significantes vacíos sino componentes fundamentales de un proyecto emancipador-igualitario, elementos de identificación para construir un ‘pueblo’ liberado de las oligarquías autoritarias. La construcción de un sujeto sociopolítico, su identificación como pueblo (libre e igual), está ligada a su propio comportamiento y su experiencia articuladora del conflicto… por la igualdad y la libertad… frente a las oligarquías y el autoritarismo. En ese sentido, es similar y recoge las mejores tradiciones democráticas, igualitarias y emancipadoras de las izquierdas y otros movimientos de liberación popular. Están justificadas las reservas a la denominación ‘izquierda’ (política) al estar asociada a la última evolución socioliberal de la socialdemocracia (o al autoritarismo de los regímenes del Este). Pero como dice Mouffe, aludiendo a Bobbio, el valor de la igualdad es clave como identificación de la izquierda. Es una seña de identidad diferenciada del populismo de ‘izquierda’ (o progresista) frente al populismo de ‘derecha’. No hay ‘un’ populismo; sus rasgos comunes son lo secundario, y algunos de ellos similares a los de otras corrientes políticas. Hay, como mínimo, dos populismos, diferenciados por lo sustancial, su significado ético-político: democrático-igualitario o autoritario-segregador. Y el llamado populismo de izquierdas (al igual que la izquierda social y los movimientos progresistas) debe basarse en la igualdad, en la defensa de los derechos políticos, civiles, sociales y laborales de las mayorías populares. El problema que tiene la teoría populista es que, precisamente, debe construir un relato, un mito, para profundizar en la trayectoria igualitaria-emancipadora, de las mejores experiencias democráticas y populares. Dicho de otra forma, el eje izquierda/derecha, en cuanto a identificación política, es confuso, ya que incorpora dos realidades contraproducentes para una dinámica democrática y de igualdad: el giro socioliberal o centrista de la socialdemocracia y la tradición autoritaria de los regímenes comunistas del Este. Muchas personas de izquierda han tenido un comportamiento ejemplar en la lucha por la igualdad y la libertad. Mucha gente asocia esa referencia izquierda (social) a una posición progresiva en la política económica y fiscal y defensora de los derechos sociales y laborales y el Estado de bienestar. Y es bueno que por ello se auto-ubique ideológicamente en la izquierda. No obstante, es positiva la ‘transversalidad’ respecto de esa denominación como cuestión determinante en la identificación política y electoral. La principal polarización actual es la apuesta por el continuismo o por el cambio. La cuestión es que no es irrelevante la identificación político-ideológica de la gente en torno al eje de fondo igualdad/desigualdad o, si se quiere, intereses de los de abajo y los de arriba, o bien, de la democracia y la oligarquía. En estos campos no es adecuada la transversalidad, como indefinición o posición intermedia entre los dos polos. La apuesta por un polo debe estar clara: la igualdad, los de abajo, la democracia. Muchas personas pueden estar menos ‘ideologizadas’ en esos aspectos o tener posiciones intermedias. Pero la línea de identificación alternativa pasa por su posicionamiento en esos campos democráticos-igualitarios frente a los grandes poderes regresivos. Es lo que en el actual proceso de indignación se ha conformado, superando, las viejas representaciones de las élites socialistas, liberales o comunistas. Es fundamental la conformación ‘ideológica’ o cultural de la gente en ese eje de contenido sustantivo, hacia los valores y actitudes de un polo del conflicto (igualdad, libertad, democracia, intereses y demandas de la gente) y frente a otro (desigualdad, dominación, autoritarismo, privilegios de las oligarquías). En estos planos es negativa la transversalidad como indefinición ante ellos, eclecticismo o posición intermedia; al contrario, es positiva la educación y la identificación cívica con esos valores y estrategias fundamentales, basadas en los derechos humanos, la justicia social o la emancipación. Eso quiere decir que la construcción de un sujeto emancipador (el pueblo o el sujeto del cambio) no se puede disociar de esa experiencia social y esa cultura igualitaria y democrática. La construcción del ‘pueblo’ no se puede quedar en la afirmación de un mecanismo identificativo (la polarización con el adversario) o el llamamiento a la importancia de los mitos y relatos, desconsiderando los intereses y demandas de la gente en la contienda política y su papel y significado. Por ejemplo, una sobrevaloración del papel del discurso es la afirmación de P. Iglesias en el programa de TV La Tuerka, sobre Podemos y el populismo (noviembre de 2014): La ideología es el principal campo de batalla político. Por supuesto, es importante la batalla de las ideas, la hegemonía cultural y por el ‘sentido común’. Podemos ha conseguido ser reconocido como su representación política por una gran parte de la ciudadanía indignada. Y en ello ha tenido un papel central su discurso y su liderazgo. Sus propuestas han conectado con la experiencia y las aspiraciones de gente descontenta, han sabido presentarse como cauce institucional de esas demandas y se ha modificado el sistema político. No obstante, esa base social, en gran medida, estaba ‘construida’, incluso con sus ideas clave, o sea, con una hegemonía cultural: más democracia, menos recortes y más derechos sociales (igualdad). La conformación de ese nuevo campo político ha sido posible por la masiva pugna sociopolítica de la ciudadanía activa española, democrática en lo político y cultural y progresista en lo social y económico, frente a las graves consecuencias de la crisis económica y las políticas de austeridad de las direcciones del PSOE y luego del PP, que habían quedado desacreditadas. El sentido común básico de justicia social y democratización, junto con el apoyo a dinámicas de cambio de progreso, ya estaba asumido por amplios sectores de la ciudadanía indignada. Su cultura, su relato y su identificación dentro de la polarización política (la gente descontenta frente a los poderosos) ya estaban asumidos por millones de personas y reafirmados por esa experiencia popular. El nuevo paso del fenómeno Podemos (y sus aliados y confluencias) ha consistido en crear una nueva élite política como cauce de ese proceso popular y esas demandas cívicas, con suficiente representatividad y credibilidad. Ello permite promover y visualizar el cambio institucional, ofrecer nuevas oportunidades de cambio social y político y reforzar ese campo o sujeto sociopolítico. Esa tarea específica de representación política desborda el ámbito ideológico y, aun con el componente cultural aludido, es fundamentalmente político-institucional. La formulación por el líder de Podemos de esa frase genérica de carácter teórico podría tener solo un carácter retórico y convivir con una estrategia política más realista, como se puede deducir de su otra fuente de inspiración, la serie Juego de Tronos con su pragmatismo maquiavélico de las relaciones de poder. Pero, la prioridad jerárquica y determinante de esa expresión, precisamente para todo el periodo anterior y posterior, tiende a infravalorar, como si fuera secundario, el campo propiamente de las relaciones sociales y los conflictos políticos: el proceso real de construcción de ese movimiento popular; la articulación del amplio electorado indignado; el cambio del sistema político e institucional y la propia delegación ciudadana en unas élites representativas; así como las pugnas ciudadanas por sus intereses y demandas sociales, económicas y democráticas. Son aspectos políticos, socioeconómicos e institucionales que están pasando a un primer plano, como el propio P. Iglesias reconoció en el debate de investidura, así como en su reciente afirmación sobre la constitución del espacio para una ‘nueva socialdemocracia’. Además, tras el 26-J, la pugna sociopolítica sobre las transformaciones necesarias por la democracia y la igualdad van a adquirir todavía una nueva y mayor dimensión en el campo de batalla político y europeo. Las dinámicas de mejora de la situación de la gente y defensa de los intereses populares, junto con los procesos de legitimación política y hegemonía cultural se imbricarán de una forma diferente. Supondrá el reajuste de la estrategia alternativa, política e institucional, para caminar hacia una democracia social avanzada en una Europa más justa y solidaria."
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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2016.06.04 13:48 ShaunaDorothy El culto a la virgen María (Junio de 2012)

https://archive.is/9MVFQ
Espartaco No. 35 Junio de 2012
De los archivos de Women and Revolution
El culto a la virgen María
(Mujer y Revolución)
El siguiente artículo ha sido traducido de Women and Revolution No. 15, verano de 1977, y es una reseña del libro Alone of All Her Sex: The Myth and the Cult of the Virgin Mary (Apartada de todo su sexo: El mito y el culto a la virgen María) de Marina Warner (Nueva York: Alfred A. Knopf, 1976). En su brevedad, el artículo proporciona una excelente exposición de la actitud de los marxistas revolucionarios ante la religión, así como una explicación materialista del origen y función social de ésta. A pesar de haber sido escrito hace ya 35 años, no es difícil extrapolar de la situación que describe a la actual. En EE.UU., la política burguesa ha estado crecientemente saturada de oscurantismo religioso, y el tema del artículo no podría ser más apropiado para México, donde el culto a la virgen de Guadalupe es el elemento central sobre el cual convergen la ideología nacionalista burguesa y la abrumadora religiosidad católica, apuntalada a un nivel fervoroso por la reciente visita del papa Ratzinger. Confiamos en que nuestros lectores encontrarán en este artículo no sólo una bocanada de aire fresco, sino también un mejor entendimiento de la naturaleza de la trinidad de la opresión capitalista: el estado, la religión organizada y la institución de la familia, principal fuente de opresión de la mujer en la sociedad dividida en clases.
Susan Adrian, fallecida en 2001, fue una dirigente de la LCI y una excelente maestra, entrenadora y propagandista del trotskismo. Para conocer más de ella, referimos a nuestros lectores al obituario publicado en Spartacist (Edición en español) No. 31, agosto de 2001, y especialmente a Prometheus Research Series No. 6, “Selected Speeches and Writings in Honor of Three Women Leaders of the International Communist League (Fourth Internationalist)” (Discursos y escritos escogidos en honor a tres mujeres dirigentes de la Liga Comunista Internacional [Cuartainternacionalista]), marzo de 2007.
Los marxistas vemos en la religión contemporánea —en la que el miedo y la degradación conforman una liturgia que vuelve a los creyentes estúpidos e impotentes ante la divinidad de sus opresores— algo odioso. Entendemos, sin embargo, que lo que sostiene la filiación religiosa en la era científica no es tanto la convicción intelectual como la opresión social. Así pues, si bien el espíritu anticlerical que animaba el vivo deseo de Voltaire de “ahorcar al último rey...con las tripas del último cura” puede ser sincero e incluso justificado, semejante “guerra contra dios” no trasciende el idealismo pequeñoburgués. La religión desaparecerá sólo cuando haya sido destruida la sociedad que la hace necesaria.
Las revoluciones burguesas establecieron el principio de la separación entre la iglesia y el estado, pero, como señaló Marx, esto no produjo la libertad respecto de la religión. Tampoco el declive de la vitalidad de la religión organizada ha eliminado el sentimiento religioso.
Si bien en Estados Unidos nunca ha existido una religión de estado, la vinculación del prejuicio religioso con los movimientos nativistas de derecha es bien conocida, y el patriotismo, la religiosidad y la prosperidad han constituido a través del tiempo la trinidad de la política imperial estadounidense. Hoy entre 30 y 40 millones de estadounidenses se consideran a sí mismos “cristianos renacidos”, para no hablar de las sectas más tradicionales ni mucho menos del miserable misticismo que sirve de basurero para los despojos de la Nueva Izquierda que aún buscan adquirir la liberación personal a bajo costo.
El tono mojigato de la última campaña presidencial, y el hecho de que el santísimo Jimmy Carter (quien dice consultar las decisiones importantes con su hermana curandera) se alzara con la victoria, apuntan no tanto a un resurgimiento religioso serio como a la pasividad desesperante que se cierne sobre la clase obrera estadounidense. Una muestra de la relación que guarda la conversión religiosa con la derrota política es el crecimiento de la secta de los Musulmanes Negros, que lucra con la desesperanza y el cinismo que se apoderaron de los negros tras los fracasos políticos y la destrucción física del movimiento negro de los años sesenta.
No es sorprendente que las mujeres sean con frecuencia las devotas más fervientes de la religión. Aisladas de la producción y lucha sociales dentro de los sofocantes confines de la familia, las mujeres han sido en general las principales víctimas de los “gendarmes en sotana” y también sus más confiables instrumentos.
El mito de la virgen madre de dios
El libro de Marina Warner, Alone of All Her Sex, intenta explorar el mito religioso que más explícitamente se ha dirigido a moldear y deformar la conciencia femenina: el mito de la madre virgen de dios. Los rituales y complejidades de la teología católica son más comunes y mejor conocidos en Europa y los países latinos que en EE.UU., pero esa imagen en particular ciertamente está relacionada con estereotipos y modelos más generales de “la mujer ideal”.
¡Y vaya que ha sido un mito poderoso! Dante y Botticelli encontraron inspiración en él; las agujas y campanarios de Notre Dame y Chartres se edificaron supuestamente para celebrarlo; e incluso Isabel I de Inglaterra —que no era de las que dejan que los escrúpulos religiosos interfieran con los asuntos de estado— se permitió envolverse en la imaginería de la “Reina Virgen”.
Desde luego, el mito del dios/redentor nacido de una virgen no es exclusivo del cristianismo, sino que tiene raíces en las leyendas antiguas. El poema de William Butler Yeats, “Leda y el cisne” (1923) revive el encuentro mítico entre el dios Zeus y la mortal Leda:
“Un golpe súbito: bate las alas sobre la chica hasta sentir sus muslos bajo las patas, y le muerde el cuello hasta que el seno inerme es ya su seno.
¿Cómo zafarse en su terror la mano de la emplumada gloria entre los muslos? ¿Y cómo el cuerpo asido en blanco júbilo puede ignorar el corazón ajeno?
Temblor del espinazo que concibe el muro profanado y el saqueo, la muerte del Atrida. Bajo el trance, y sometida por la sangre etérea, ¿sumó la chica ciencia a ese poder que abría ya su pico indiferente?”
Al describir el modo en que el culto a la madre virgen se extendió por Europa Occidental, Warner intenta explorar lo que plantea como una paradoja: “el que, en la celebración misma de la mujer humana perfecta, tanto lo humano como lo femenino sean sutilmente denigrados”. Unas 300 páginas después, presenta la siguiente hipótesis concluyente:
“La virgen María no es el arquetipo innato de la naturaleza femenina, el sueño encarnado; es un instrumento de la discusión dinámica de parte de la Iglesia Católica respecto a la estructura de la sociedad, presentado como un código de inspiración divina. Esta discusión cambia, según las contingencias...
“Gracias a su flexibilidad y su maña, la Iglesia Católica puede lograr adaptarla a las nuevas circunstancias de igualdad sexual, pero lo más probable es que la Virgen se convierta en leyenda… La leyenda de la virgen perdurará en todo su esplendor y lirismo, pero se habrá vaciado de contenido moral y por lo tanto habrá perdido los poderes reales que actualmente tiene para curar y para dañar”.
Sin embargo, lo que daña no es el mito, sino la realidad que éste mistifica, y no es mediante la renovación del mito como se va a “curar” a la mujer de su opresión. Marx y Engels citaron favorablemente el lema que encabezaba el semanario del republicano francés Loustalot:
“Los grandes nos parecen grandes sólo porque estamos de rodillas. ¡Pongámonos de pie!”
Sin embargo, añadieron: “Pero para ponerse de pie no basta con levantarse mentalmente, y dejar que sobre la cabeza real y sensible penda el yugo real y sensible, que no podemos destruir por arte de magia a fuerza de ideas”.
Fundamentos del cristianismo
El cristianismo comenzó como la ideología de las masas judías pobres bajo el Imperio Romano. Dado que las relaciones económicas no permitían que la riqueza se multiplicara mediante el desarrollo de las fuerzas productivas, la única manera en que las clases poseedoras de Roma podían sostener su riqueza era mediante el continuo y siempre expansivo saqueo de las áreas conquistadas. El costo extremadamente bajo del trabajo esclavo que se obtenía de ese modo era lo único que hacía que las empresas a gran escala (generalmente agrarias y a veces mineras) fueran relativamente rentables en comparación con las de los pequeños campesinos. La riqueza acumulada a través del saqueo se destinaba básicamente al consumo, a la búsqueda de diversiones.
La causa fundamental de la decadencia del Imperio Romano fue la contradicción, inherente al creciente dispendio de las clases poseedoras, entre el aumento del valor excedente, por un lado, y el carácter estático del modo de producción, por el otro. Y es también en esta contradicción donde deben buscarse las raíces del cristianismo primitivo. Abraham Leon escribió:
“Pero aunque sea evidente que la mayoría de los judíos desempeña un papel comercial en el imperio romano, no debe creerse por ello que todos sean ricos comerciantes o empresarios; por el contrario, la mayoría de los judíos se compone realmente de personas de humilde condición, de las que una parte obtiene sus medios de vida, directa o indirectamente, del comercio: buhoneros, descargadores, artesanos, etc.... Esta multitud humilde es la primera a quien golpea la decadencia del imperio romano y la que más sufre por las exacciones. Concentrada en grandes masas en las ciudades, posee mayor capacidad de resistencia que los campesinos dispersos por la campiña; también es mucho más consciente de sus intereses.
“En las capas pobres de las grandes ciudades de la Diáspora es donde se expande el cristianismo... En la medida en que a las insurrecciones judías siguen insurrecciones de capas populares no judaicas, la religión comunista judía se extiende rápidamente entre las multitudes paganas”.
Como ideología de protesta por parte de los desposeídos y los indefensos, el cristianismo encarnó un vehemente sentimiento antiplutocrático. En el evangelio según Lucas, por ejemplo, se lee:
“Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados… Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre”.
La epístola de Santiago es igualmente explícita:
“¡Vamos ahora, oh ricos! Llorad y aullad por las miserias que os esperan... Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego”.
El “comunismo” del cristianismo primitivo no se basaba, ni podía basarse, en la comunalización de la capacidad productiva de la sociedad, sino en la comunalización del consumo: “comunismo por medio del saqueo al opulento”, como decía Karl Kautsky. Pero, conforme el cristianismo se extendió, sus líderes se esforzaron por mellar su filo antiplutocrático.
El proceso por el cual pasó la iglesia no se debió fundamentalmente a la codicia y la ambición personal de sus funcionarios; no fue simplemente una herramienta para engañar y despojar a las masas. El cristianismo se volvió la religión oficial del Imperio Romano bajo Constantino, al mismo tiempo en que la decadencia del imperio, basada en el parasitismo y el bandolerismo, llevaba a las reformas de Diocleciano y Constantino, las cuales intentaron apoyarlo en una economía natural. Como religión de la clase de los grandes propietarios en el origen de la economía feudal europea, el fuego antiplutocrático que el cristianismo tenía originalmente quedó reservado a los mercaderes y usureros.
Secularización y celibato
Warner plantea un vínculo interesante entre la creciente riqueza de la iglesia y su santificación del celibato (las escrituras mismas no mencionan jamás la “inmaculada concepción” y plantean muchas dudas sobre la virginidad de María). Bajo la ley romana, una mujer tenía derecho a heredar riqueza y disponer de ella de manera independiente a partir de cierta edad. Entre las familias romanas, era común criar a los hijos varones en la vieja religión y a las hijas en la nueva; además, en la época de la decadencia romana solía ocurrir que las familias se extinguieran por la línea masculina. Así, la vocación del celibato (que implicaba no tener herederos) para las cristianas vírgenes y viudas sin hijos resultaba de lo más rentable para la iglesia. Fue pues, según Warner, como parte del creciente poder secular de la iglesia que el culto a la virgen alcanzó prominencia por primera vez.
Agustín, que vivió en el siglo V, trazó una conexión explícita y literal entre el acto sexual y el pecado original: Cristo nació de una virgen porque sólo así pudo evitar contaminarse del pecado original. La percepción de la virginidad como un estado inherentemente santo y la identificación de la pureza espiritual con la abstinencia sexual siguen dominando la doctrina de la iglesia hasta la fecha.
La imagen de la madre de dios —prácticamente ignorada durante los primeros cuatro siglos del cristianismo— no era la humilde y sumisa chica de la anunciación, sino la triunfante reina del cielo, una imagen que también servía para simbolizar la ventaja de la iglesia sobre otros gobernantes temporales a lo largo de Europa y el imperio Bizantino. Esta imagen de María como reina del cielo se mantuvo esencialmente inalterada, excepto quizá por la creciente opulencia de su indumentaria, por muchos siglos, prestándole la autoridad de la sanción divina al concepto de monarquía.
Parte del tributo económico considerado digno de una reina —y la separación entre lo temporal y lo divino fue convenientemente oscurecida— puede verse en la extraordinaria ola de adulación que fue el pretexto para la construcción de 80 catedrales en Francia en un solo siglo.
La ley feudal francesa de los siglos XII y XIII permitía que las mujeres poseyeran rangos y propiedades por derecho propio; y en una sociedad donde la adquisición de tierra era una necesidad constante y urgente, las herederas podían llegar a tener un inmenso poder: Leonor de Aquitania (1122-1204) es la más célebre de ellas. Pero la consolidación de Francia y otros territorios como estados-nación entró en conflicto con las tendencias centrífugas de los patrones feudales de herencia. Con el tiempo, las mujeres perdieron muchos de los derechos económicos de los que habían gozado.
Parte de la batalla por la consolidación nacional de Francia se libró como una guerra santa por parte del papa y los señores feudales del norte de Francia por subyugar el sur, campo de cultivo de la popular herejía cátara. Ésta, una forma ascética del maniqueísmo, permitía la entrada de la mujer al clero y sostenía que el sexo casual y la sodomía eran menos reprensibles que el matrimonio, el cual había poblado el pestilente universo. El sur de Francia también era la patria de la poesía provenzal de los trovadores, que exaltaba el amor adúltero. Por ende, desde muchos puntos de vista, tanto los herejes como los trovadores eran anatema para la iglesia y para la dinastía de los Capeto en el norte. Las batallas que se libraron en el sur a partir del siglo XIII acabaron con medio millón de personas.
Fue la generación de la nieta de Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, la que, alentada por la iglesia y el estado, empezó a enfocar su ardor en María como virgen. Esta “nueva” María asumió gran parte del carácter y la función del personaje original de la poesía provenzal, pero sin la celebración del hedonismo y la permisibilidad. Todavía se le reconocía como una reina poderosa, pero solamente, según se enfatizaba, por gracia de su hijo, y no por derecho propio. Se le retrataba como la encarnación de la hermosura y el ardor divino, pero sobre todo, de la castidad.
Como señala Warner, el estatus especial que obtuvo la madre virgen de dios tenía como reverso el igualmente especial desprecio a la mujer ordinaria, no virginal, que se consideraba, como Eva, la “oportunidad del pecado”, una tentadora que distraía al hombre de dios para conducirlo a una perdición eterna.
Recoger las flores de la vida
El libro de Warner es una mezcla frecuentemente desenfocada de investigación histórica y sociológica con nostalgia y autoanálisis. Y es franca respecto a su ambivalencia:
“No puedo entrar en una iglesia sin que me duela toda la seguridad y belleza de la salvación a la que renuncié. Recuerdo cuando visité Notre Dame en París y, de pie en medio de la nave, comencé a llorar de rabia por ese viejo amor y su perdurable capacidad de conmoverme”.
No habiendo saldado satisfactoriamente las cuentas de su propia experiencia con el oscurantismo religioso, Warner explica el dominio de la iglesia sobre los creyentes en términos meramente sicológicos e ideológicos.
Ciertamente hay que reconocerle a la iglesia el “genio...con que se adueña de la psique de sus fieles”, como dice la reseña del Village Voice. De hecho, en los países donde la iglesia católica ha sido una influencia cultural y política dominante, ha lesionado y distorsionado hasta tal punto la psique de las masas, que incluso los manifestantes políticamente motivados han caído en orgías de anticlericalismo torcido. Por ejemplo, en 1909, cuando el gobierno español intentó movilizar a los reservistas para defender sus colonias marroquíes, la población respondió con una huelga general y una frenética protesta de cinco días que incluyó el desenterrar cadáveres de monjas y el bailar con ellos por las calles.
Al mismo tiempo, históricamente la iglesia ha impuesto la manipulación sicológica mediante una coerción altamente efectiva, tanto física como social. Cuando, en los primeros seis meses de la Guerra Civil Española, los obreros y campesinos quemaron 160 iglesias hasta los cimientos, no sólo estaban protestando contra la opresión sicológica, sino también contra una poderosa institución estatal fanáticamente comprometida con la preservación de la monarquía y con la reacción.
Al final, Warner rechaza al eunuco femenino de la iglesia católica, si bien con una extraña ambivalencia feminista:
“Si bien la Virgen María no puede ser un modelo para la Mujer Nueva, es mejor tener una diosa que no tenerla, pues el encorbatado mundo masculino de la religión protestante se parece demasiado a un club de caballeros en el que no se admiten damas salvo los días especiales”.
Y así, al final, la cuestión de la mitología religiosa sigue consistiendo en la deprimente elección entre una fantasía perniciosa y una realidad yerma y estéril.
Los marxistas insistimos en que éstas no son las únicas alternativas. La crítica marxista de la religión desmitifica la fantasía religiosa y demuestra que fue el hombre quien creó a los dioses y diosas, y no al revés, pero no para que las masas trabajadoras se vean privadas del consuelo, por pequeño que sea, que esas fantasías puedan aportar en un mundo cruel, sino para remplazar esas pobres ilusiones con una realidad mucho más rica y satisfactoria. Marx lo expresó con la mayor elocuencia:
“La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real, y por otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada por la desgracia, el alma de un mundo sin corazón, el espíritu de una época sin espíritu. Es el opio del pueblo.
“...Exigir que se renuncie a las ilusiones concernientes a nuestra propia situación, es exigir que se renuncie a una situación que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es pues, en germen, la crítica de este valle de lágrimas, en el que la religión es una simple aureola.
“La crítica ha deshojado las flores imaginarias que cubrían la cadena de la religión, no para hacerla prosaica y desoladora, sino para que el hombre las sacuda y recoja las flores de la vida”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/virginmary.html
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2016.06.02 12:32 ShaunaDorothy Trotskismo vs. castrismo - A 50 años de la Revolución Cubana: ¡Defender a Cuba! ( 1 - 2 ) (Invierno de 2008-2009)

https://archive.is/rhukp
Espartaco No. 30 Invierno de 2008-2009
Trotskismo vs. castrismo
A 50 años de la Revolución Cubana:
¡Defender a Cuba!
¡Por la revolución política obrera!
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 915, publicado originalmente bajo el encabezado “¡Defender la Revolución Cubana!”
Desde el momento en que el gobierno de Fidel Castro expropió a la clase capitalista de Cuba en 1960, estableciendo un estado obrero burocráticamente deformado, la clase gobernante estadounidense ha trabajado sin descanso para echar abajo la Revolución Cubana y restituir la dictadura de la burguesía: desde la invasión a Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta las repetidas intentonas de asesinar a Castro, desde el apoyo financiero a terroristas contrarrevolucionarios en Miami hasta el actual embargo económico. La destrucción del dominio de la clase capitalista en Cuba condujo a enormes avances para sus trabajadores. La economía planificada y centralizada garantizó trabajo, vivienda decente, comida y educación para todos. Los cubanos disfrutan hoy de una de las tasas más altas de alfabetismo en el mundo. La revolución benefició especialmente a las mujeres: se rompió la dominación de la iglesia católica, y el aborto es un servicio de salud gratuito. A pesar de los efectos devastadores del bloqueo estadounidense, el sistema de salud gratuito es aún, por mucho, el mejor de un país subdesarrollado. La mortalidad infantil es más baja que en algunas partes del “Primer Mundo”, y Cuba cuenta con más doctores y profesores per cápita que casi cualquier otro lugar del mundo.
Como trotskistas (es decir, genuinos marxistas), estamos por la defensa militar incondicional del estado obrero deformado cubano —y de la misma manera con los otros estados obreros deformados restantes: China, Corea del Norte y Vietnam— en contra del ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista. Nos oponemos al embargo económico estadounidense, un descarado acto de guerra, y exigimos el retiro inmediato de las tropas estadounidenses de la Bahía de Guantánamo. Apoyamos plenamente el derecho de Cuba a comerciar y tener relaciones diplomáticas con estados capitalistas. Sin embargo, reconocemos que un ala de los imperialistas estadounidenses, representada por aquellos como el político demócrata Barack Obama, procura mitigar el embargo comercial y el aislamiento diplomático de Cuba como una manera más efectiva de derrocar al estado obrero deformado cubano. Ésta ha sido por mucho tiempo la política de los gobernantes de Europa Occidental y Canadá. Nuestra defensa de la Revolución Cubana está basada en nuestro internacionalismo proletario, que incluye de manera central la lucha por una revolución socialista en EE.UU. y en otros países capitalistas avanzados.
El régimen cubano encabezado por Fidel Castro y ahora administrado por su hermano Raúl es fundamentalmente nacionalista, impulsa el dogma estalinista de construir el “socialismo en un solo país” y, por lo tanto, niega la necesidad de la revolución proletaria a nivel internacional, no sólo en el resto de Latinoamérica sino particularmente en el mundo capitalista avanzado, incluyendo EE.UU. Como explicaremos más adelante, el régimen cubano se opuso repetidamente a la necesidad de derrocar las relaciones de propiedad capitalistas, por ejemplo en los casos de Chile y Nicaragua.
El régimen cubano es cualitativamente semejante al que surgió en la Unión Soviética después de que la burocracia estalinista usurpara el poder político en una contrarrevolución política que se inició en 1924 y se consolidó en los años siguientes. Después de la Revolución Cubana, la Revolutionary Tendency (Tendencia Revolucionaria, RT) dentro del Socialist Workers Party (Partido Obrero Socialista, SWP) de EE.UU., luchó por este entendimiento programático en contra de la mayoría del SWP que, sin crítica alguna, apoyó fuerzas de clase ajenas en la forma de guerrillas pequeñoburguesas dirigidas por Castro y el Ché Guevara. La RT y su sucesora, la Spartacist League, fueron únicas en sostener que Cuba se había convertido en un estado obrero burocráticamente deformado en el verano-otoño de 1960. Un mayor avance hacia el socialismo requeriría una revolución adicional, una revolución política proletaria para barrer con la burocracia de Castro, establecer órganos de democracia obrera e instalar un régimen revolucionario internacionalista. Como afirmaba un documento presentado por la RT a la Convención del SWP de 1963:
“La Revolución Cubana ha expuesto las amplias infiltraciones que el revisionismo ha hecho dentro de nuestro movimiento. Con el pretexto de defender la Revolución Cubana, en sí mismo una obligación para nuestro movimiento, se le ha dado un apoyo pleno, incondicional y sin críticas al gobierno y dirección de Castro, a pesar de su naturaleza pequeñoburguesa y su conducta burocrática. Sin embargo, el historial del régimen de oposición a los derechos democráticos de los obreros y los campesinos cubanos está claro: la destitución burocrática de los líderes del movimiento obrero elegidos democráticamente y su remplazo por lacayos estalinistas; la supresión de la prensa trotskista; la proclamación del sistema de partido único; y mucho más. Este historial es paralelo a los enormes logros iniciales, sociales y económicos, de la Revolución Cubana. Por lo tanto, los trotskistas somos al mismo tiempo los defensores más combativos e incondicionales de la Revolución Cubana, así como del estado obrero deformado que nació de ella, contra el imperialismo. Pero los trotskistas no pueden poner su confianza, ni dar su apoyo político, por muy crítico que sea, a un régimen gubernamental hostil a los más elementales principios y prácticas de la democracia obrera aunque nuestra orientación táctica no es la que sería hacia una casta burocrática endurecida.”
—“Hacia el renacimiento de la IV Internacional”, reimpreso en Spartacist No. 33 (Edición en español), enero de 2005
Cuarenta y cinco años después, este análisis y programa trotskistas han superado las pruebas del tiempo. La mayor parte de los seudotrotskistas se entusiasmaron con Castro; unos pocos, como la Socialist Labour League [Liga Socialista Obrera] de Gran Bretaña en los años 60, grupo del fallecido Gerry Healy, negaban que el capitalismo había sido derrocado en Cuba. Pero quienes en el pasado eran porristas de diversos burócratas estalinistas se han unido a las cruzadas anticomunistas de los imperialistas por la “democracia”. Así, el SWP, que desde hace mucho repudió explícitamente el trotskismo, junto con sus vástagos como Socialist Action (Acción Socialista, SA) y sus antiguos aliados internacionales en el Secretariado Unificado (S.U.), se sumó a la embestida del imperialismo estadounidense para destruir a la Unión Soviética, apoyando abiertamente las fuerzas de la reacción anticomunista. Eso también hicieron los de la tendencia Militante de Ted Grant, precursora de la Corriente Marxista Internacional (CMI) dirigida por Alan Woods, que hoy se presenta como los “trotskistas” en Cuba. Con respecto a Cuba hoy, todas estas fuerzas o bien continúan dando apoyo político al régimen de Castro o, peor aun, lo atacan desde la derecha.
La cuestión del trotskismo y el papel del mismo León Trotsky —codirigente junto con Lenin de la Revolución de Octubre de 1917— han sido en años recientes materia de algunas discusiones en círculos académicos y de otros tipos en Cuba. Por ejemplo, hace cuatro años la publicación cubana Temas (No. 39-40, octubre-diciembre de 2004) incluyó un debate sobre el tema “¿Por qué cayó el socialismo en Europa Oriental?” en donde muchos participantes señalaron positivamente las críticas de Trotsky sobre el ascenso de la burocracia estalinista. A principios de 2008, la obra seminal de Trotsky que analiza el ascenso del estalinismo, La revolución traicionada, fue presentada ante una multitud desbordante en la Feria del Libro de La Habana. [La recientemente fallecida] Celia Hart —hija de Haydée Santamaría y Armando Hart, dos líderes históricos de la Revolución Cubana— ha publicado y hablado en la isla como profesa partidaria tanto del trotskismo como del régimen cubano [ver “Celia Hart, 1963-2008”, p. 19].
Es crucial que los jóvenes y quienes buscan un camino genuinamente revolucionario estudien y asimilen el programa revolucionario internacionalista del trotskismo, que se contrapone agudamente al revisionismo del SWP, SA, el S.U., la CMI y otros. Esto requiere un análisis de la teoría de la revolución permanente de Trotsky y de la verdadera historia de la Revolución Cubana y el régimen de Castro.
La lucha por el trotskismo en el SWP
Después de la victoria de las fuerzas de Castro en 1959, la mayoría del SWP aclamó a éste y Guevara como “trotskistas inconscientes”. Semana tras semana, el periódico del SWP, el Militant, reproducía sus discursos sin crítica alguna. Según el SWP, Cuba había evolucionado de un “gobierno obrero y campesino” a un estado obrero sano, cualitativamente del mismo tipo que el estado obrero soviético bajo la dirección de Lenin y Trotsky. Tal y como la RT señaló en un documento de 1960, éste era “¡un gobierno obrero y campesino en el cual no hay obreros ni campesinos, ni representantes de partidos independientes de obreros y campesinos!” (“La Revolución Cubana y la teoría marxista”, reimpreso en Cuadernos Marxistas No. 2, 1974).
La línea política del SWP con respecto a la Revolución Cubana reflejaba una oleada de revisionismo en la IV Internacional una década atrás. La IV Internacional, que fue fundada bajo la dirección de Trotsky en 1938, se había desorientado profundamente por los derrocamientos del capitalismo bajo direcciones estalinistas después de la Segunda Guerra Mundial. En 1949, el Ejército de Liberación Popular de Mao Zedong, basado en el campesinado, le arrancó el poder de las manos al colapsante Guomindang burgués dirigido por Chiang Kai-shek, lo que condujo a la formación de un estado obrero deformado. Derrocamientos sociales similares, basados en el campesinado y dirigidos por fuerzas estalinistas, triunfaron en Yugoslavia, Corea del Norte y Vietnam del Norte (extendido al sur en 1975, luego de la derrota del imperialismo estadounidense por los obreros y campesinos vietnamitas). El capitalismo fue derrocado en varios países de Europa Central y Oriental bajo la ocupación soviética después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque los procesos fueron distintos en cada uno de estos países, lo que todos tuvieron en común era la ausencia de la clase obrera en contienda por el poder estatal. El resultado fue la creación de estados obreros deformados burocráticamente.
Sin embargo, Michel Pablo, entonces dirigente de la IV Internacional, respondió a los derrocamientos sociales de la posguerra repudiando la importancia central de una dirección revolucionaria consciente. Pablo afirmaba que “el proceso objetivo es, en el análisis final, el único factor determinante”. Supuestamente, la “dinámica objetiva” aseguraba una relación de fuerzas cada vez más favorable, y en este contexto los partidos comunistas estalinizados “conservan la posibilidad en ciertas circunstancias de delinear burdamente una orientación revolucionaria”. Pablo pronosticó “siglos” de estados obreros deformados. Los trotskistas fueron relegados a liquidarse dentro de partidos socialdemócratas o estalinistas, o, en el mejor de los casos, a ser grupos de presión sobre éstos. Este revisionismo condujo a la destrucción de la IV Internacional entre 1951 y 1953. Los revisionistas pablistas fueron combatidos por el SWP y su dirigente, James Cannon, aunque tardíamente, de manera parcial y principalmente en el terreno nacional del SWP. En 1953, el SWP y otras fuerzas antipablistas a nivel internacional se escindieron de Pablo (ver “Génesis del pablismo”, Cuadernos Marxistas No. 1, 1975).
Pero con el desarrollo de la Revolución Cubana, el SWP adoptó el revisionismo pablista y procedió a una “reunificación” con los pupilos de Pablo agrupados en el “Secretariado Internacional”. El documento de fundación del “Secretariado Unificado de la IV Internacional” proclamaba:
“Como lo observó I.F. Stone, el perspicaz periodista radical norteamericano, después de un viaje a Cuba, allí los revolucionarios son trotskistas ‘inconscientes’. Cuando estas corrientes y otras relacionadas con ellas adquieran plena conciencia, el trotskismo será una corriente poderosa.”
—“La dialéctica actual de la revolución mundial” (1963, publicado en español por Pathfinder Press en antología homónima de 1975)
El SWP afirmaba que la guerra de guerrillas basada en el campesinado sería la oleada del futuro y la forma decisiva de derrocar al capitalismo y esperaba que fuera así. Escribió:
“En el camino de una revolución que comienza por simples reivindicaciones democráticas y que termina en la destrucción de las relaciones de propiedad capitalista, la guerra de guerrillas realizada por los campesinos sin tierra y fuerzas semiproletarias, bajo una dirección que se encuentra empeñada en proseguir la revolución hasta su término, puede jugar un papel decisivo para minar el poder colonial y semicolonial, y precipitar su caída. Ésta es una de las principales lecciones de la experiencia de posguerra. Debe ser conscientemente incorporada a la estrategia de construcción de partidos marxistas revolucionarios en los países coloniales.”
—Comité Político del SWP, “Por la pronta reunificación del movimiento trotskista mundial”, en Ibíd.
En contraposición a la mayoría del SWP, la Revolutionary Tendency afirmaba en su documento programático “Hacia el renacimiento de la IV Internacional, proyecto de resolución sobre el movimiento mundial”, presentado a la Convención del SWP de 1963:
“La experiencia desde la Segunda Guerra Mundial ha demostrado que la guerra de guerrillas basada en los campesinos bajo una dirección pequeñoburguesa no puede por sí sola llegar más allá de un régimen burocrático antiobrero. La creación de estos regímenes ha ocurrido bajo las condiciones de la decadencia del imperialismo, la desmoralización y desorientación causadas por la traición estalinista, y la ausencia de una dirección revolucionaria marxista de la clase obrera. La revolución colonial puede tener un signo inequívocamente progresista sólo bajo tal dirección del proletariado revolucionario. Para los trotskistas el incorporar a su estrategia el revisionismo sobre la cuestión de la dirección proletaria de la revolución es una profunda negación del marxismo-leninismo, cualquiera que sea el beato deseo expresado al mismo tiempo de ‘construir partidos marxistas revolucionarios en los países coloniales’. Los marxistas deben oponerse resueltamente a cualquier aceptación aventurera de la vía al socialismo a través de la guerra de guerrillas campesina, análoga históricamente al programa táctico socialrevolucionario contra el que luchó Lenin. Esta alternativa sería un curso suicida para los fines socialistas del movimiento, y quizá físicamente para los mismos aventureros.”
El SWP estaba destrozando conscientemente la teoría de la revolución permanente de Trotsky, la cual traza el camino hacia la emancipación social y nacional en países de desarrollo desigual y combinado. En tales países, la burguesía nacional está atada por un millón de lazos a los imperialistas y teme al proletariado. Por lo tanto es incapaz de realizar las tareas históricamente asociadas a las revoluciones burguesas clásicas de Inglaterra y Francia en los siglos XVII y XVIII. El único camino hacia delante es, como declaró Trotsky en La revolución permanente (1930), la lucha por “la dictadura del proletariado empuñando éste el Poder, como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas”. La dictadura del proletariado pondrá en el orden del día no sólo las tareas democráticas sino también las socialistas, como la colectivización de la economía, dando así un gran impulso a la revolución socialista internacional. Sólo la victoria del proletariado en los países de capitalismo avanzado impediría la restauración burguesa y aseguraría la posibilidad de culminar la construcción del socialismo.
La teoría de Trotsky fue confirmada por la Revolución Rusa de Octubre de 1917. Bajo la dirección del Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky, los trabajadores revolucionarios, apoyados por el campesinado, derrocaron el gobierno de los capitalistas y terratenientes. La fuerza insurgente decisiva fue la Guardia Roja, la milicia obrera, así como las unidades militares bajo el mando de consejos de soldados y marineros dirigidos por los bolcheviques. El estado burgués fue hecho pedazos y remplazado por un estado obrero basado en órganos de democracia obrera masivos, los soviets (consejos) electos de obreros, soldados y campesinos. La formación de la Internacional Comunista en 1919 expresaba el entendimiento de los bolcheviques de que la Revolución Rusa era sólo el primer episodio, reversible, de la revolución socialista mundial. (Ver “El desarrollo y la extensión de la teoría de la revolución permanente de León Trotsky”, Espartaco No. 29, primavera de 2008.)
La Revolución Cubana
Bajo el dictador Fulgencio Batista, Cuba era esencialmente una subsidiaria de la mafia estadounidense y de la United Fruit Company (ver, por ejemplo, la película El Padrino, II parte). Cuando el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro entró a La Habana el día de Año Nuevo de 1959, derrotó a los remanentes del ejército de Batista, quien era profundamente despreciado por las masas, estaba aislado de las altas capas de la sociedad cubana y finalmente fue abandonado por los imperialistas estadounidenses. Los comandantes del ejército rebelde eran intelectuales pequeñoburgueses que, en el curso de la guerra de guerrillas, atestiguaron la ruptura de sus conexiones directas previas con elementos de la oposición liberal burguesa y adquirieron episódicamente autonomía respecto de la burguesía.
La primera coalición gubernamental con políticos liberales burgueses se formó en el contexto de un viejo aparato estatal burgués destruido. El mismo Castro había sido un candidato parlamentario del burgués Partido Ortodoxo en 1952. El Manifiesto de la Sierra Maestra, firmado por el Movimiento 26 de Julio en 1957, proponía “elecciones imparciales y democráticas” organizadas por un “gobierno provisional neutral” y llamaba por la “separación del ejército de la política”, libertad de prensa, industrialización y una reforma agraria basada en el principio de la tierra para el que la trabaja (en vez de granjas colectivizadas); ninguna de estas demandas desafiaba al régimen capitalista.
Las primeras medidas del gobierno pequeñoburgués de Castro fueron prohibir los juegos de azar, reprimir la prostitución y decomisar las propiedades de Batista y sus secuaces. Luego siguió una modesta reforma agraria de acuerdo con la constitución burguesa de 1940. En este periodo, Castro no sólo negó tener intención revolucionaria alguna, sino que denunció al comunismo explícitamente. En mayo de 1959, Castro se refirió al comunismo como un sistema “que resuelve los problemas económicos pero que suprime las libertades, las libertades que son tan caras al hombre y que yo sé los cubanos y los latinoamericanos ansían y quieren” (citado en Castroism: Theory and Practice [El castrismo: Teoría y práctica], Theodore Draper, 1965). Sin embargo, esto no satisfacía al ala anticomunista de su propio movimiento. En junio de 1959, Castro expulsó a patadas a los opositores de la reforma agraria dentro del Movimiento 26 de Julio.
El nuevo gobierno cubano también tuvo que enfrentar los crecientes intentos del imperialismo estadounidense por poner bajo su control a la isla mediante presión económica sin los correspondientes intentos del arrogante gobierno estadounidense de Eisenhower para cooptar al nuevo gobierno. Luego hubo un proceso de golpe y contragolpe en el que los líderes cubanos respondían con medidas cada vez más radicales a cada ataque imperialista. Cuando Eisenhower trató de reducir la cuota azucarera cubana en enero de 1960, Castro firmó un acuerdo con Mikoyan, viceprimer ministro soviético, estableciendo la compra anual de un millón de toneladas de azúcar cubana por parte de la URSS. El rechazo de las refinerías de petróleo, propiedad de los imperialistas, a procesar el crudo ruso, así como la eliminación de la cuota de azúcar por parte de Eisenhower, condujeron en agosto de 1960 a la nacionalización por parte de Castro de las propiedades estadounidenses en Cuba, incluidos los ingenios azucareros, las compañías petroleras, la empresa de electricidad y la compañía telefónica. En octubre, el gobierno nacionalizó todos los bancos y 382 empresas, lo que ascendía al 80 por ciento de la industria del país. Cuba se convirtió en un estado obrero deformado con estas nacionalizaciones generalizadas que liquidaron a la burguesía como clase.
La cristalización de un estado obrero deformado no fue en modo alguno el resultado ineludible de la victoria militar del ejército rebelde en enero de 1959. La existencia del estado obrero degenerado soviético proporcionaba un modelo y, de manera aun más importante, su apoyo material hizo que ese resultado fuera factible. Sin embargo, la formación del estado obrero deformado cubano no fue el producto de la alianza con la Unión Soviética, sino consecuencia de un proceso dentro de la misma Cuba. Otro factor decisivo en la creación del estado obrero deformado fue el hecho de que el proletariado no contendió por el poder.
De haber habido una clase obrera combativa y con conciencia de clase, ello habría polarizado a las tropas guerrilleras pequeñoburguesas, atrayendo a algunos al lado de los trabajadores y repeliendo a otros de vuelta a los brazos del orden burgués. Esto sucedió en Rusia en 1917, cuando los bolcheviques ganaron el apoyo de las masas campesinas, mientras que la dirección del ala derecha del partido campesino socialrevolucionario tomó el lado del gobierno capitalista de Kerensky. Pero en Cuba, el principal partido obrero, el estalinista Partido Socialista Popular (PSP), estaba comprometido con el orden capitalista y la legalidad burguesa. El PSP repudió el asalto castrista al cuartel Moncada en 1953 como “métodos golpistas”. Tan tarde como en junio de 1958, el Comité Nacional del PSP llamó por un fin a la violencia y por resolver el conflicto en Cuba “por medio de elecciones democráticas y limpias, respetadas por todos, por las que las personas puedan decidir efectivamente por medio del voto y cuyos resultados sean honorablemente respetados”.
La situación cubana fue excepcional: en la mayoría de los casos la victoria militar de los nacionalistas pequeñoburgueses termina en última instancia con el restablecimiento de sus vínculos con el orden burgués. Tomemos, por ejemplo, el caso de Argelia después de la prolongada guerra de independencia contra el imperialismo francés y la victoria del FLN pequeñoburgués, que usaba retórica radical. Un factor clave para mantener a Argelia como neocolonia francesa fue la búsqueda, por parte del gobierno de de Gaulle, de una política más amoldada a los rebeldes victoriosos de Argelia con los Acuerdos de Evian de 1962. Ver los resultados de la Revolución Cubana como producto de previsión e intenciones marxistas por parte de los castristas es absurdo. Refiriéndose a la “teoría” de la guerra campesina de Castro/Guevara, el historiador burgués Theodore Draper comentó: “La teoría cubana fue una racionalización ex post facto de una respuesta improvisada a los acontecimientos más allá del control de Castro.”
La Revolución Cubana demostró, una vez más, que no hay una “tercera vía” entre la dictadura del capital y la dictadura del proletariado. En ese sentido, confirmó la teoría de la revolución permanente. Sin embargo, el núcleo de la teoría de Trotsky es la necesidad de un proletariado consciente, dirigido por su vanguardia, a la cabeza de todos los oprimidos en la lucha por el poder y la extensión internacional de la revolución. El estrato gobernante del estado obrero deformado cubano es una burocracia parasitaria, que fue creada a través de una fusión de elementos del antiguo Movimiento 26 de Julio y el PSP (que pronto sería convenientemente purgado de individuos pro-Moscú como Aníbal Escalante, quien era considerado leal a un “socialismo en un solo país” diferente). La Revolución Cubana verificó en una nueva forma la aseveración de Trotsky de que la burocracia estalinista —correa de transmisión de la presión del orden burgués mundial sobre un estado obrero— es una formación pequeñoburguesa contradictoria. Como escribimos en el prefacio a Cuadernos Marxistas No. 2, 1974:
“La parte decisiva de los castristas pudo hacer la transición hacia la dirección de un estado obrero deformado porque, en ausencia del igualitarismo y la democracia proletaria de un estado ganado directamente por la clase obrera, nunca tuvieron que trascender o alterar fundamentalmente sus propios apetitos sociales pequeñoburgueses radicales, sino sólo transformarlos y redirigirlos.”
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/30/cuba.html
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2016.05.28 17:11 ShaunaDorothy El desarrollo y la extensión de la teoría de la revolución permanente de León Trotsky (2-2)(Primavera de 2008)

https://archive.is/1o1yF
La escisión bolchevique-menchevique de 1903
En 1900, la segunda generación de marxistas rusos (representada por Lenin y Mártov) se unió con los padres fundadores (Plejánov, Pável Axelrod, Zasúlich) para regresar a la socialdemocracia rusa de vuelta a las tradiciones revolucionarias encarnadas en el programa original de Emancipación del Trabajo. La tendencia marxista revolucionaria se organizó en torno al periódico Iskra (chispa), y Lenin se convirtió en su organizador. Por primera vez, el partido socialdemócrata ruso tenía en Iskra un centro organizador, desde donde Lenin dirigía el trabajo que se llevaba a cabo en Rusia para ganar a los comités socialdemócratas del economicismo o, cuando era preciso, escindirlos.
El ¿Qué hacer? de Lenin (1902) fue una tajante polémica contra el intento de los economicistas de “rebajar la política socialdemócrata al nivel de la política trade-unionista”. Contra esto, Lenin argumentaba que el partido obrero no debe actuar como un auxiliar obrero del liberalismo burgués, sino como un “tribuno del pueblo”. Tal partido debe agitar contra la injusticia entre todas las capas de la población y hacer consciente al proletariado de la necesidad de convertirse en la clase dominante y reconstruir la sociedad sobre cimientos socialistas. Para cuando se celebró el II Congreso del POSDR en julio-agosto de 1903, la tendencia economicista era una pequeña minoría.
Aunque los iskristas llegaron al congreso con una mayoría sólida, bajo la unidad aparente había considerables diferencias entre el “blando” Mártov, que favorecía que los no iskristas desempeñaran un papel mayor en el partido unitario, y el “duro” Lenin. Estas diferencias explotaron en torno al primer párrafo de los estatutos del POSDR, que definían la membresía. El borrador de Mártov definía a un miembro del partido como quien “le presta su asistencia personal regular bajo la dirección de una de sus organizaciones.” Para Lenin, la membresía se definía por “la participación personal en alguna de las organizaciones del Partido”. Esta definición más estrecha estaba motivada por el deseo de excluir a los oportunistas y extirpar a los diletantes que se sintieran atraídos al partido precisamente por su naturaleza laxa de círculo. Con el apoyo de los economicistas y la Bund judía, la fórmula de Mártov fue aprobada. Pero cuando los economicistas y la Bund abandonaron el Congreso, los “duros” de Lenin obtuvieron una ligera mayoría (“bolchevique” deriva de la palabra rusa para “mayoría”, y “menchevique” viene de “minoría”).
La escisión decisiva ocurrió respecto a la elección de un nuevo consejo de redacción de Iskra. Cuando la propuesta de Lenin fue aprobada, Mártov y sus seguidores se negaron a formar parte del consejo de redacción y del Comité Central. Plejánov apoyó a la fracción bolchevique, pero al poco tiempo rompió con Lenin y se pasó al lado de los mencheviques, que con esto recobraron el control de Iskra.
Lenin pasaría los años entre la escisión de 1903 y la Revolución de 1905 (y más allá) dando una fiera lucha dentro de la propia fracción bolchevique —así como contra algunos elementos externos, como Trotsky, que se había opuesto a Lenin en la escisión— contra quienes querían reconciliar a las dos fracciones. Si bien a la mayoría le resultaban poco claras las diferencias políticas entre Lenin y Mártov en 1903, su significación creció rápidamente. La lógica de la lucha de fracciones impulsó a los mencheviques más a la derecha, lo que llevó a su reconciliación con los economicistas derrotados. Aleksandr Martínov, que había sido el principal exponente del economicismo, se convirtió en el principal teórico de los mencheviques.
Como elaboramos en el folleto espartaquista de 1978 Lenin and the Vanguard Party (Lenin y el partido de vanguardia), la escisión de 1903 no representó la ruptura final de Lenin con la concepción socialdemócrata del “partido de toda la clase”, en el que coexisten todas las tendencias políticas que reclamen la bandera del socialismo, desde los reformistas abiertos hasta los revolucionarios. Sin embargo, 1903 marcó el comienzo de esta ruptura, el primer paso en la construcción de un partido de vanguardia dirigido por cuadros revolucionarios profesionales.
Pese a terminar en derrota, la Revolución de 1905 se convirtió en “el laboratorio del cual salieron todos los agrupamientos fundamentales del pensamiento político ruso, donde se conformaron o delinearon todas las tendencias y matices del marxismo ruso”, como lo puso Trotsky en su artículo “Tres concepciones de la Revolución Rusa”. Trotsky observó:
“Precisamente a causa de su retraso histórico, Rusia fue el único país europeo en el que el marxismo como doctrina y la socialdemocracia como partido alcanzaron antes de la revolución burguesa un poderoso desarrollo. Es entonces natural que precisamente en Rusia se haya sometido al más profundo análisis teórico el problema de la relación entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo.”
Tres concepciones de la Revolución Rusa
Los mencheviques, los bolcheviques y León Trotsky plantearon tres distintas concepciones de la venidera Revolución Rusa. Señalando el atraso del país, los mencheviques insistían en que la clase obrera no podría ser sino un apéndice de la burguesía liberal, que supuestamente procuraba establecer una república democrática. A principios de 1905, Martínov codificó esta orientación a la burguesía liberal en su folleto Dos dictaduras. El líder táctico de los mencheviques, Pável Axelrod, la expresó en el “Congreso de la Unidad” del POSDR de 1906:
“Las relaciones sociales de Rusia han madurado sólo para la revolución burguesa… Ante la falta universal de derechos políticos en nuestro país, no puede hablarse siquiera de una batalla directa entre el proletariado y las otras clases por el poder político… El proletariado está luchando por las condiciones del desarrollo burgués. Las condiciones históricas objetivas destinan inexorablemente a nuestro proletariado a colaborar con la burguesía en la lucha contra el enemigo común.”
Todos los líderes mencheviques, incluyendo a Plejánov, sostenían esta línea básica. “No se debió empuñar las armas” fue su epitafio a la insurrección de Moscú (citado en Lenin, “Las enseñanzas de la insurrección de Moscú”, 26 de agosto de 1906). “Debemos alegrarnos por el apoyo de los partidos no proletarios… y no alejarlos de nosotros con acciones de poco tacto”, declaró Plejánov, a lo que Lenin respondió tajantemente que “los liberales y los terratenientes le perdonarán millones de ‘acciones de poco tacto’ pero ni un solo llamado a tomar las tierras”. Citando este intercambio, en “Tres concepciones de la Revolución Rusa” Trotsky explicó:
“Plejánov, de manera evidente y cobarde, cerraba los ojos a la conclusión básica que se extrae de la historia política del siglo XIX: cada vez que el proletariado avanza como fuerza política independiente la burguesía se vuelca al campo de la contrarrevolución. Cuanto más audaz es la lucha de las masas, más rápida es la degeneración reaccionaria del liberalismo. Nadie inventó todavía una manera de paralizar las consecuencias de la ley de la lucha de clases.”
Por su parte, Lenin aceptaba que la lucha por la libertad política y la república democrática en Rusia era una etapa necesaria que no minaría “la dominación de la burguesía” (Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, 1905). Pero, crucialmente, Lenin no tenía ilusiones sobre el supuesto carácter “progresista” de la burguesía rusa, y descartaba categóricamente que ésta pudiera consumar su propia revolución:
“Sabemos que son incapaces, por su posición de clase, de desarrollar una lucha decisiva contra el zarismo: para ir a la lucha decisiva, la propiedad privada, el capital, la tierra, son un lastre demasiado pesado. Tienen demasiada necesidad del zarismo, con sus fuerzas policiales, burocráticas y militares, que emplean contra el proletariado y los campesinos, para que puedan desear su destrucción… ‘La victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo’ es la dictadura revolucionaria democrática del proletariado y del campesinado.”
Lenin escribió que esta dictadura “en el mejor de los casos, podrá llevar a cabo una redistribución radical de la propiedad de la tierra a favor de los campesinos, implantar una democracia consecuente y completa hasta llegar a la república, desarraigar, no sólo de la vida del campo sino también del régimen de la fábrica, todas las características de la bárbara opresión feudal, iniciar un auténtico mejoramiento en la situación de los obreros y elevar su nivel de vida y, finalmente, last but not least, extender la hoguera revolucionaria a Europa.”
En su artículo de 1906, “El proletariado y su aliado en la revolución rusa”, Lenin argumentó que “lo esencial de la revolución rusa es el problema agrario”. Sabía, como observó Trotsky en “Tres concepciones”, que “para derrocar al zarismo es necesario levantar a decenas y decenas de millones de oprimidos al asalto heroico, abnegado, sin trabas, que no se detendría ante nada. Las masas pueden elevarse hasta la insurrección sólo bajo el estandarte de sus propios intereses, y en consecuencia de la hostilidad irreconciliable hacia las clases explotadoras, comenzando con los terratenientes.”
Para Lenin, la fórmula de la dictadura revolucionaria democrática retuvo un carácter algebraico. Sus lineamientos para una dictadura revolucionaria conjunta no eran los términos para una época de la paz de clases, sino los planes de batalla para un episodio de la guerra de clases que se extendía a la arena internacional. La destrucción del gendarme Romanov inspiraría a los obreros de Europa a tomar el poder estatal. Entonces apoyarían al proletariado ruso a hacer lo mismo.
La fórmula de Lenin estaba irreconciliablemente opuesta al seguidismo de los mencheviques tras la burguesía. Pero era inherentemente contradictoria, pues proyectaba una dictadura de dos clases con intereses en conflicto. La historia habría de demostrar que las tareas que Lenin atribuía a la dictadura democrática sólo podría cumplirlas la dictadura del proletariado apoyada en el campesinado, mientras que la fórmula de la dictadura democrática sería usada por otros para justificar su apoyo al Gobierno Provisional burgués en 1917.
La teoría de Trotsky de la revolución permanente, formulada inicialmente en colaboración con el socialdemócrata Alexander Parvus justo antes de la Revolución de 1905, se distinguía tanto de la de los mencheviques como de la de Lenin, pero estaba mucho más cerca de éste último. Igual que Lenin, Trotsky veía que la burguesía liberal rusa no tenía capacidades revolucionarias, y declaró en Resultados y perspectivas:
“Una revolución burguesa nacional en Rusia es imposible porque no existe aquí ninguna democracia burguesa verdaderamente revolucionaria. Se acabó la época de las revoluciones nacionales —por lo menos en Europa—… Vivimos la época del imperialismo, que está marcado no sólo por un sistema de conquistas coloniales sino también por un régimen interno determinado. El imperialismo no contrapone la nación burguesa al viejo orden, sino el proletariado a la nación burguesa.”
En contraste con Lenin, Trotsky argumentaba que los campesinos no podrían desempeñar el papel de un socio independiente, ni mucho menos de dirigente, en la revolución. Trotsky observó que los levantamientos campesinos de Europa habían derribado regímenes, pero nunca habían resultado en gobiernos de partidos campesinos. En Resultados y perspectivas, señaló que siempre fue en las aldeas donde se alzaron las primeras clases revolucionarias que luego derrocarían el feudalismo. “Si no es el proletariado el que arrebata el poder a la monarquía, nadie lo hará”, declaró. También enfatizó que “El proletariado, hallándose en el poder, se mostrará ante el campesinado como la clase liberadora”. Posteriormente Trotsky desarrolló su punto en “Tres concepciones”:
“Finalmente, el campesinado es heterogéneo en sus relaciones sociales: el sector de los kulaks [campesinos ricos] tiende naturalmente a la alianza con la burguesía urbana, mientras que los sectores más pobres de la aldea se inclinan hacia el proletariado urbano. En estas condiciones el campesinado como tal es totalmente incapaz de tomar el poder.”
Contra lo que decían las falsificaciones estalinistas posteriores, la diferencia entre Lenin y Trotsky no era si las tareas democrático-burguesas de la revolución podían saltarse, ni si era o no necesaria la alianza entre los obreros y los campesinos, sino sobre la forma política específica de esa alianza. Trotsky afirmó: “Si los representantes del proletariado entran en el gobierno, no como rehenes sin poder sino como fuerza dirigente, entonces liquidarán el límite entre el programa mínimo y el máximo, es decir, incluirán el colectivismo en el orden del día” (Resultados y perspectivas). Y continuó:
“Es posible que el proletariado de un país económicamente atrasado llegue antes al poder que en un país capitalista evolucionado…
“En nuestra opinión la revolución rusa creará las condiciones bajo las cuales el poder puede pasar a manos del proletariado (y, en el caso de una victoria de la revolución, así tiene que ser) antes de que los políticos del liberalismo burgués tengan la oportunidad de hacer un despliegue completo de su genio político.”
Al mismo tiempo, Trotsky enfatizó: “La clase obrera rusa no podría mantenerse en el poder ni convertir su dominio temporal en una dictadura socialista permanente sin el apoyo estatal directo que le prestase el proletariado europeo. De esto no puede dudarse ni por un momento. Y por otro lado, tampoco puede dudarse de que una revolución socialista en occidente nos permitiría convertir directamente el dominio temporal de la clase obrera en una dictadura socialista.”
La “revolución en permanencia” de Karl Marx
Al desarrollar su teoría de la revolución permanente, León Trotsky se apoyó en las conclusiones a las que llegó Karl Marx tras la derrota de las revoluciones democráticas de Europa de 1848-49, cuando planteó la formulación de la “revolución en permanencia”.
En su “Circular del Comité Central” a la Liga Comunista de marzo de 1850, Marx y su copensador Friedrich Engels predijeron que, en un resurgimiento futuro de la lucha revolucionaria, los demócratas pequeñoburgueses desempeñarían el mismo papel traicionero que la burguesía liberal alemana había desempeñado en 1848. Las revoluciones de 1848-49 fueron levantamientos democráticos que buscaban la democracia política y la destrucción de los remanentes feudales. En Alemania, esto incluía la necesidad de demoler las barreras que tenían al país desgajado en varios pequeños principados y el Reino de Prusia, y que por ende estorbaban el desarrollo de una economía capitalista nacional.
Pero, conforme el levantamiento revolucionario se apoderaba de Europa, lo que quedó de manifiesto fue que las burguesías temían más la idea de una movilización armada del proletariado de lo que resentían las barreras remanentes que la nobleza terrateniente le presentaba a su dominio. Las masas revolucionarias fueron traicionadas cuando las fuerzas de la burguesía liberal hicieron las paces con la aristocracia.
El punto principal de Marx era que el proletariado debe luchar independientemente por sus propios fines contra los demócratas pequeñoburgueses:
“Mientras que los pequeños burgueses desean que la revolución termine lo antes posible y alcanzando a lo sumo las metas señaladas, nosotros estamos interesados, y ésa es nuestra tarea, en que la revolución se haga permanente, en que dure el tiempo necesario para que sean desplazadas del poder todas las clases más o menos poseedoras, el proletariado conquiste el poder y la asociación de los proletarios, no sólo en un país, sino en todos los países prominentes del mundo entero, se desarrolle hasta acabar con la competencia entre los proletarios de estos países, concentrando en manos del proletariado, por lo menos, las fuerzas decisivas de la producción.”
Marx y Engels también reconocían que, sin una revolución en Gran Bretaña, el país más industrialmente avanzado de la Europa de su tiempo, un régimen revolucionario aislado en Francia o Alemania no tardaría en ser aplastado por una alianza entre el capital financiero británico y el ejército zarista ruso.
No obstante la traición de la burguesía, en 1848-49 el proletariado alemán seguía siendo demasiado débil para tomar el poder. Como lo puso Trotsky en su libro 1905, “el desarrollo capitalista había ido lo bastante lejos como para hacer necesaria la abolición de las antiguas condiciones feudales, pero no lo suficiente para proyectar a la clase obrera, producto de las nuevas condiciones de producción, como fuerza política decisiva. El antagonismo entre el proletariado y la burguesía se hallaba demasiado afirmado para que ésta pudiese asumir sin temor la función de dirigente nacional; pero este antagonismo no era aún tan fuerte como para permitir al proletariado hacerse cargo de ese papel.”
En su Circular de marzo de 1850, Marx comentaba: “No puede ofrecer la menor duda que, mientras sigue desarrollándose la revolución, la democracia pequeñoburguesa conservará por el momento la influencia predominante en Alemania.” Pero la democracia pequeñoburguesa se mostró incapaz de tomar el poder. En 1852, Marx escribió en su obra clásica El dieciocho brumario de Luis Bonaparte: “los campesinos encuentran su aliado y jefe natural en el proletariado urbano, que tiene por misión derrocar el orden burgués.” En una carta a Engels fechada el 16 de abril de 1856, Marx afirmó enfáticamente: “Todo el asunto dependerá en Alemania de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una segunda edición de la guerra campesina [del siglo XVI]. De esta manera la cosa será espléndida...” En 1918, Lenin señaló esta carta como una notable anticipación de la Revolución Bolchevique y como una refutación del esquema seudomarxista de los mencheviques de una “primera etapa” dirigida por la burguesía y supuestamente inevitable de la Revolución Rusa.
La burguesía alemana fue, en efecto, incapaz de llevar a cabo una revolución democrática. Con el rápido desarrollo posterior del capitalismo industrial, el núcleo central de la burguesía alemana formó una alianza con la nobleza terrateniente prusiana (los junkers), que sentó las bases para una “revolución desde arriba” guiada por la mano del canciller Otto von Bismarck. Frente al poder de los estados burgueses más avanzados de Francia y Gran Bretaña, el reaccionario Bismarck alcanzó a comprender que sólo la burguesía industrial/financiera podría transformar Alemania en un estado comparablemente avanzado y así asegurar también la supervivencia y prosperidad de las viejas clases terratenientes. Así, la monarquía prusiana presidió la modernización y la unificación nacional de Alemania mediante una revolución burguesa no democrática. Como escribió Engels a finales de la década de 1880:
“Un hombre en la situación de Bismarck y con el pasado de Bismarck debiera haberse dicho, al comprender en alguna medida el estado de las cosas, que los junkers, tal y como eran, no formaban una clase viable, que, de todas las clases poseedoras, sólo la burguesía podía pretender a un porvenir, y que, por consecuencia (hacemos abstracción de la clase obrera, pues no pensamos pedir a Bismarck que comprenda su misión histórica), su nuevo Imperio prometía tener una existencia tanto más segura cuanto más preparase su transformación paulatina en un Estado burgués moderno.”
—El papel de la violencia en la historia (1887-88)
Algo similar ocurrió alrededor de ese periodo en Japón, donde un sector de la vieja casta guerrera derrocó al régimen feudal en 1867-68 para construir un ejército japonés capaz de enfrentar la intromisión de las potencias occidentales. En las décadas que siguieron, una burguesía industrial y un poder imperialista moderno se crearon en Japón. Para el cambio de siglo, la entrada al pequeño club de las potencias imperialistas que sigue dominando al mundo hoy día se había cerrado a otras burguesías en ascenso. (Para más sobre esto, ver: “La Restauración Meiji: Una revolución proburguesa no democrática”, Spartacist [edición en español] No. 33, enero de 2005.)
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/29/permrev.html
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